viernes, 21 de noviembre de 2014

World Energy Outlook 2014: ¿Peak everything?



Queridos lectores,

Durante los últimos días, aparte de dedicar mi tiempo a múltiples obligaciones profesionales y de divulgación, he estado ocupado preparando el tema del post de hoy: mi análisis sobre el informe por excelencia del panorama energético mundial, el World Energy Outlook, que en su edición de 2014 fue presentado por la Agencia Internacional de la Energía (AIE) el pasado 12 de Noviembre. Un informe como de costumbre muy extenso (748 páginas), con muchísima información sobre lo que las mentes pensantes de esta agencia de la OCDE creen que va a ser el futuro del suministro energético del planeta. Dada lo largo de este post, en el que desmenuzo muchos aspectos de este informe, lo estructuraré en diversas partes para facilitar su lectura, a saber: Perspectiva histórica, estructura del WEO 2014, petróleo, carbón, nuclear, gas, lo que queda en el tintero y conclusiones.


Perspectiva histórica

Como hemos discutido en numerosas ocasiones, la AIE es siempre reacia a aceptar la cruda realidad de un mundo finito con recursos finitos; pero lentamente los problemas asociados al suministro del petróleo han ido trascendiendo a sus informes, delante de los cuales la AIE siempre ha intentado presentar la cara más favorable de los eventos que sus modelos de previsión de oferta y demanda les ofrecían. Así, en el año 2010 la AIE reconocía por ver primera que el petróleo crudo había llegado a su máximo productivo, que se tendría que mantener constante hasta 2035, pero se consolaba pensando en que otros hidrocarburos líquidos tomarían en buena medida el relevo. En 2012 aquellos que tuvieron la paciencia de bucear en el informe se encontraron con la sorpresa del reconocimiento del declive de la producción de petróleo crudo, aunque la prensa se quedó sólo con la falacia (mil veces repetida desde entonces) de que los EE.UU. iban a ser energéticamente autosuficientes en un futuro próximo, aunque simplemente examinando la gráfica original de aquel informe en la que se apoyaba tan osada afirmación ya se veía que tal autosuficiencia sólo podía conseguirse, aparte de haciendo muchas hipótesis muy optimistas, si además los EE.UU. renunciaban a más del 30% de su consumo actual.

Evolución prevista para las importaciones de petróleo de los EE.UU. según el WEO 2012; como se ve, en ningún momento los EE.UU. llegan a ser autosuficientes, habiendo de importar aún más de 3 Mb/d en 2035; encima, se asume que otros 3 Mb/d vendrán de una mayor "eficiencia del lado de la demanda", lo que acaba siendo un eufemismo para decir que se destruirá demanda como consecuencia de un importante retroceso económico. Más detalles en el post "World Energy Outlook 2012: Haciendo de la necesidad virtud"


Aquel año 2012 yo elaboré un análisis bastante detallado, cruzando datos de diversas fuentes con las previsiones de la AIE, para intentar ofrecer una perspectiva sobre la evolución de la energía neta del petróleo, el cual nos enseñó un panorama bastante preocupante.
 
Evolución de la energía neta del petróleo en un escenario realista, derivado del escenario de Nuevas Políticas del WEO 2012. Más detalles en el post "El ocaso del petróleo"


El año pasado, el WEO 2013 nos mostraba una gráfica aún más inquietante. En esta ocasión ni siquiera tuve que trabajar sobre los datos; la gráfica 14.6 nos mostraba una rápida reducción de la producción de petróleo en los próximos años si no se mantenía una inversión suficiente.

Y como hemos explicado repetidas veces en este blog, a pesar de ese "aviso a navegantes" de la AIE la política de las grandes compañías ha sido más bien la de anunciar recortes en la inversión. La razón de tal estrategia de desinversión es que el negocio petrolero ya no es muy rentable, ya que las inversiones en producción no convencional son ruinosas. No sólo eso, sino que todas las tensiones acumuladas en el sistema incrementan el riesgo de un desenlace brusco en el que algunos países y productores podrían colapsar, especialmente si se prolonga la actual situación de precios de petróleo a la baja.

En este contexto, he analizado con cuidado los parámetros del WEO 2014, intentando averiguar cuáles de las tendencias arriba enunciadas recoge y cuáles se permite obviar o dulcificar, y en su caso con qué motivos. Y mis resultados son bastante sorprendentes, como verán.


Estructura del WEO 2014

El WEO 2014 está estructurado en tres partes:

- La parte A habla de las tendencias energéticas globales, de acuerdo con sus tres escenarios de referencia: Políticas Actuales, en el que se supone que no hay cambios sobre las tendencias actuales; Nuevas Políticas, en el que se asume que las políticas que se están anunciando entran en vigor; y Escenario 450, en el que el mundo se embarca en un ambicioso programa de lucha contra el cambio climático con el objetivo de mantener la concentración de gases de efecto invernadero por debajo de las 450 partes por millón equivalente a CO2. El escenario de base para la AIE, como siempre, es el de Nuevas Políticas, y así salvo cuando se diga explícitamente lo contrario todas las gráficas están referidas a él.

- La parte B está dedicada a hablar en detalle de la energía nuclear.

- La parte C versa sobre las perspectivas energéticas para África; yo no me ocuparé de esta parte en este post.

El inicio de la parte A está dedicado a explicar algunos detalles de los modelos económicos usados para hacer los escenarios. Llama la atención, por ejemplo, los cambios introducidos en el escenario 450, ya que se reconoce que es poco probable que haya una acción concertada antes de 2020. En la parte de hipótesis económicas, la AIE nos ofrece una gráfica puesta al día sobre la relación entre energía y PIB para diversas regiones de la Tierra:




De esta gráfica es interesante destacar que aunque la relación entre crecimiento del consumo de energía y crecimiento del PIB no es constante (no son líneas rectas) en general las pendientes son positivas, es decir, que siempre que el PIB crece el consume de energía crece y siempre que el PIB decrece el consumo de energía decrece; por tanto, la relación entre energía y PIB es casi siempre del mismo tipo, tanto en las épocas de crecimiento económico como en las épocas de recesión. Las escasa zonas con pendiente negativa (en las que típicamente el PIB crece a pesar de la disminución del consumo de energía) son raras y corresponden a períodos transitorios después de una gran recesión, en los que la economía no ha encontrado su punto de equilibro. De hecho, el período más prolongado con pendiente negativa parece corresponder a los últimos años después del 2008 y solamente en el caso de los EE.UU. Dado que en los EE.UU. durante este período se han producido dos efectos de distorsión de la relación económica (la importación de energía exportando inflación, por un lado; y el sobreendeudamiento de las empresas energéticas explotando hidrocarburos de baja calidad, por el otro), ambos transitorios y difícilmente repetibles, es difícil creer que se puede convertir este corto período en un paradigma, se dirán quizá Vds. Pues no es lo que se dice la AIE, que ha convertido tal anomalía en la pieza central de su escenario de Nuevas Políticas: por un lado, la AIE asume que el crecimiento medio anual del PIB en términos reales en la OCDE será del 1,9%, pero al mismo tiempo asume una situación de estancamiento energético para el mundo actualmente más industrializado: EE.UU. pasaría de un consumo total de energía primaria de 2135 millones de toneladas equivalentes a petróleo (Mtoe, por sus siglas en inglés) en 2012 a 2190 Mtoe en 2040, Europa pasaría de 1769 a 1697, Japón de 452 a 422, y Rusia de 749 a 819 (pero teniendo en cuenta que en 1990 consumía 880 Mtoe). Es decir: un crecimiento exiguo, del 0,3% anual para los EE.UU. y ligeramente negativo para Europa y Japón. El resto del mundo, eso sí, seguiría viendo crecer su consumo de energía, a ritmos de entre el 1 y el 2% anual, bastante considerables pero inferiores a las medias históricas de crecimiento del consumo energético; con ese crecimiento, el resto del mundo garantizaría un crecimiento del PIB real a un ritmo del 4,6% anual, ahí es nada.



¿Cómo se va a obrar semejante prodigio, que contradice la intuición y también los datos experimentales que nos ofrece la propia AIE sobre evolución del PIB respecto al consumo energético? La respuesta la tenemos en la página 53:"En el escenario de Nuevas Políticas la demanda de energía primaria mundial se incrementa un 37% entre 2012 y 2040. La demanda crecía más rápidamente en las décadas pasadas; esta ralentización en el crecimiento de la demanda se deberá a ganancias en eficiencia energética y cambios estructurales en la economía global en favor de actividades menos intensivas en energía" (énfasis mío).

Es decir: la AIE identifica que la energía no va a fluir con la misma intensidad que antes (aún no admite abiertamente que va a haber problemas con diversos combustibles, aunque sus gráficos muestran ciertos nubarrones en el horizonte, como luego explicaremos) pero nos indica que no debemos alarmarnos, porque el PIB seguirá creciendo a pesar de que el consumo energético no le vaya a la par (e incluso que se estanque en la OCDE), gracias a que nuestros procesos energéticos sean más eficientes (siguen sin oír hablar de la paradoja de Jevons) y porque además nos vamos a centrar en actividades con menor consumo de energía por dólar de PIB producido, es decir, en actividades de mayor valor añadido. Esta reflexión debería de alarmar a países como España, donde nunca se ha apostado por tales sectores y donde no se están dando las condiciones para hacer esta fortísima y rapidísima transición, sino que más bien se da lo contrario, con una expulsión masiva de jóvenes vía la emigración.


Un punto clave para el milagro que la AIE está pidiendo es la evolución del desarrollo tecnológico; en la página 46 detalla cuáles son los principales logros que espera: más renovables (aunque reconoce una caída en la inversión en éstas), más nuclear (donde parece apostar más fuerte en este informe), sistemas de captura y secuestro de carbono (CCS; es interesante destacar que, de acuerdo con las regulaciones de la EPA americana, las nuevas centrales térmicas de carbón tendrán que estar equipadas con CCS en 10 años - ya veremos en qué queda eso), más biocombustibles (se reconoce que hubo una fuerte caída en 2012 - coincidiendo con el fin de los subsidios en EE.UU. - pero que ha habido una gran recuperación en 2013), más vehículos híbridos y eléctricos, y la consabida eficiencia energética (Lord Jevons, ese gran ignorado). Todo ideas viejas, todas ellas ya probadas en algunos casos durante décadas, y todas ellas han demostrado tener límites prácticos que niegan cualquier posibilidad de que tengan ya un impacto significativo a gran escala. Por ejemplo, a pesar de estas expresiones de buena voluntad, podemos leer más adelante dentro del informe (caja 2.2, página 61) que la fotovoltaica proporcionará en 2040 el 4% de la electricidad mundial, mientras que la eólica dará el 8% de esa electricidad; resulta que el incremento de electrificación durante ese período será, de acuerdo con este escenario, moderado, con lo que la contribución de las renovables a la energía primaria del mundo pasaría del 12% en 2012 al 19% en 2040 (y no olviden que la mayoría de la renovable es la biomasa - principalmente, la leña que usan los campesinos del mundo - y la hidráulica). En ningún momento de discute con qué cobre se va a producir este incremento de electrificación, sobre todo teniendo en cuenta que el pico de producción del cobre parece estar en un horizonte cercano; tampoco hay alusiones a los posibles problemas de abastecimiento de tierras raras, que son necesarias para las tecnologías más eficientes. Como ven, nada realmente excitante se identifica en el horizonte energético, no es en absoluto evidente que se pueda conseguir incrementar nuestro suministro de energía por nuevas fuentes y mejor eficiencia; y sin embargo, hé ahí la apuesta de la AIE para el futuro.
 

Petróleo

Para la AIE está claro que el consumo de energía seguirá creciendo durante los próximos años, con tal de atender la demanda creciente de una población que ellos ven siempre en aumento; recordemos que, a igualdad de otros factores, el crecimiento de la población es el factor que más contribuye a la subida del PIB, y con el pensamiento económico clásico - la doctrina religiosa imperante - el PIB tiene siempre que subir ergo la vía más fácil es mediante el aumento de la población. En el caso particular del petróleo, se prevé una subida durante los próximos 26 años de unos 14 Mb/d, hasta llegar al nivel de los 104 Mb/d; qué lejos queda aquel WEO del 2007 en el que se esperaba alcanzar una producción de 120 Mb/d en 2025 (según el WEO 2014, hacia 2025 la producción de todos los hidrocarburos líquidos - lo cual no es exactamente petróleo - será aproximadamente de unos 96 Mb/d).

El panorama puede parecernos un tanto menos prometedor de lo que era antaño, y la AIE se esfuerza en proyectar un mensaje positivo, aunque no puede evitar lanzar advertencias de que el camino hacia el futuro puede tener graves complicaciones. Así, en la página 74 podemos leer: "Los recursos restantes económicamente explotables de los combustibles fósiles y uranio a escala global son más que suficientes para cubrir el crecimiento proyectado en la demanda hasta 2040 en el escenario de Nuevas Políticas (...). Pero si estos recursos serán finalmente desarrollados es bastante menos claro, dadas las incertidumbres resultantes de la confluencia de factores geopolíticos, económicos y políticos, y el impacto del cambio tecnológico."

Para alimentar más la confusión, la AIE muestra en la página 75 la típica gráfica de años restantes de cada combustible: es la típica falacia Q/P, de la que ya hemos hablado algunas veces, que suele servir para ilustrar algunos artículos de opinión que aparecen en la prensa; para que no tengan que molestarse en buscar la gráfica en cuestión, ya se lo copio yo aquí. Por supuesto, no hay ni una sola mención a la TRE en todo el informe.


En la página 76 se reconoce, de palabra, que la producción de petróleo crudo convencional va a caer ligeramente: de los 70 Mb/d en 2005 (este dato no se menciona en este WEO, pero sí que se ha dado en ediciones anteriores) se mantendría en los 68 Mb/d hasta 2030, y después caería hasta los 66 Mb/d en 2040. Y es que este WEO es muy textual y menos gráfico y menos basado en datos que los anteriores, en lo que se refiere al petróleo. No hay ninguna gráfica como la del 2012 con la que hice el análisis del post "El Ocaso del Petróleo", pero hay algo mejor: una tabla en la página 117 con los valores numéricos de producción por tipo y año (según la cual, por cierto, la producción de petróleo crudo en 2013 fue de 68,6 Mb/d: saquen sus conclusiones); el análisis de esta tabla será la materia del próximo post. En general la AIE saca en este WEO su información sobre el petróleo con cuentagotas, y las pocas cosas que muestra las presenta de una manera inusual, intentando disimular los hechos: fíjense si no en esta gráfica que ocupa la página 79:


En realidad son gráficas de las producciones estimadas de los países reseñados, pero a todos ellos se les ha restado su nivel de producción en 2013. Si nos fijamos bien, estás gráficas nos están diciendo que la producción de petróleo (no se dice "convencional", así que tenemos que entender que se refieren a todos los hidrocarburos líquidos) va a disminuir en Rusia y en el Mar del Norte (muy ligeramente, si se compara con otras estimaciones), va a aumentar muy poquito y sólo a partir de 2025 en Arabia Saudita, tocará su techo productivo en los EE.UU. hacia el 2017 ó 2018 (¿dónde quedaron esos sueños de independencia energética?) y realmente dependerá principalmente de Canadá y en mayor medida de Brasil e Irak para no empezar un declive irreversible. Teniendo en cuenta que en Brasil las perspectivas en la práctica no están siendo tan buenas, y que en vista de lo visto es posible que en 2040 no exista un estado llamado Irak, todo parece un ejercicio de voluntarismo más que otra cosa.

Una de las secciones más interesantes del WEO 2014 es la que habla de las inversiones en la producción de energía. Extraigo algunas frases que creo que son bastante significativas:

Página 85: "La decisión de comprometer capital en el sector energético está siendo cada vez más modelada por medidas políticas e incentivos de los gobiernos, más que por las señales de un mercado competitivo [referencia al informe sobre inversión que sacó la AIE hace unos meses]. En el sector del petróleo, se espera que la dependencia en países con un acceso más restrictivo a sus recursos crezca, a medida que la producción de petróleo de Norteamérica [NOTA: es decir, Canadá, EE.UU. y México] se vuelva plana de 2030 en adelante. Las turbulencias geopolíticas como las que hay en Irak, Libia y otras partes de Oriente Medio y el Norte de África, son la base de los riesgos negativos sobre la producción de petróleo a largo plazo, lo que indica que hay un riesgo significativo de que la inversión no llegue a tiempo, durante la década actual, para evitar un déficit de suministro a partir de 2020." Como ven, los posibles problemas "sobre el terreno", como le gusta decir a la AIE, serían la causa de que no se produzca la inversión a tiempo, si al final es eso lo que pasa. Y como ven, nadie va a entrar a analizar si estos problemas son el resultado de una inestabilidad intrínseca fruto de los crecientes costes de explotación y la caída del beneficio que corresponde a la explotación de fuentes con TREs muy bajas.

Como sabemos, el incremento de producción de petróleo de los EE.UU. no está conduciendo a un aumento de consumo de la preciada materia prima en ese país. En realidad, el escenario que maneja la AIE, que ya es bastante inquietante para la OCDE, es mucho más preocupante en términos de petróleo: dado que la producción de todo lo que la AIE llama petróleo sólo aumentaría en 14 millones de barriles diarios (Mb/d)
de aquí a 2040 sobre los 90 Mb/d de producción actuales, su escenario prevé una drástica redistribución del consumo.



Como se ve en el gráfico, el consumo de la OCDE caería en 10 millones de barriles, es decir, alrededor del 23% de su consumo actual, para que sobre todo China y India puedan aumentar el suyo. Por tanto, el escenario de referencia para la AIE, que contempla un estancamiento del consumo energético para la OCDE, es en realidad uno de fuerte descenso de consumo de petróleo en esa zona, que tendrá que ser compensado con gas, nuclear y renovables. Si uno analiza críticamente las tendencias de los últimos años una transición tan ordenada de esta magnitud parece, cuanto menos, muy improbable. No es por eso de extrañar que en la página 104 se dedique todo un cuadro a discutir las ventajas de compartir coche en los desplazamientos e incluso se menciona que posiblemente hemos pasado en la OCDE el peak car (no se puede decir peak oil, por lo que se ve, pero su sombra es alargada).

Al analizar las reservas técnicamente recuperables del petróleo, el WEO 2014 deja claro que considera que son más que suficientes para cubrir la demanda prevista en cualquiera de los tres escenarios. Dicho así no está claro si están teniendo en cuenta los ritmos reales de producción, puesto que la cuestión no es sólo si las reservas serán suficiente (que sin duda lo son), sino si la cantidad que se podrá extraer a ritmos realistas podrá cubrir la demanda (lo cual es bastante más dudoso, como sabemos). Como se comenta en la página 111, los recursos mundiales de hidrocarburos líquidos no renovables (que incluyen petróleo crudo convencional, líquidos del gas natural, extrapesados, kerógeno y tight oil) serían de unos 6 billones (españoles) de barriles de crudo, de los cuales 1,7 billones se consideran reservas probadas (expresado en términos del cociente Q/P que da lugar después a tantas confusiones, unos 50 años a niveles de consumo actuales si se pudiera extraer este petróleo al ritmo que nos diera la gana, que ya sabemos que no es el caso). Hay varias cuestiones curiosas aquí. Un billón de esos recursos corresponde al kerógeno, el cual no está claro que se pueda explotar económicamente (ver la discusión en el post sobre la rentabilidad del fracking); hay otros casi dos billones que corresponden a los petróleos extrapesados, algunos de los cuales son de muy baja o nula rentabilidad, y 344.000 millones son de tight oil. No sabemos a cuántos de estos tres recursos se les ha asignado la categoría de "reservas probabas"; dado que para el conjunto de recursos de petróleo se verifica una relación 3,5 a 1 entre recursos y reservas, parece razonable que exista una relación semejante para estos tres recursos concretos y sus reservas probadas, y por tanto hay una cantidad seguramente no muy lejana a los 900.000 millones de barriles de reservas que se están considerando probabas pero que será bastante difícil desarrollar completamente.


Otra cuestión curiosa es que la AIE dice que, a pesar de que las reservas probadas son suficientes para cubrir la demanda esperada, es muy importante que se encuentren nuevas, debido a que la mayoría de las actuales reservas son controladas por la OPEP y, por lo que se ve, no son demasiado de fiar (controlan demasiado el precio, dice la AIE). Aquí se introduce toda una discusión sobre si la clasificación actual de reservas probadas y probables es adecuada teniendo en cuenta el modelo de explotación de los recursos no convencionales, aunque a mi me parece un tanto espuria y solamente una justificación para decir que se van a seguir encontrando recursos a buen ritmo durante los próximos años, gracias a estas nuevas prácticas contables.


 
Metidos en al discusión de las nuevas reservas, el WEO 2014 aprovecha para decir que lo que se espera que se encuentre en los próximos años dos tercios tendrán que ser en explotaciones en el mar (off shore). Nada es casual: la AIE tiene a México en su punto de mira, y a pesar de no presentarnos ninguna gráfica sobre la evolución de la producción global de petróleo por tipos, sí que nos la ofrece en el caso de México.




Como ven, asumen una fortísima caída de la producción de petróleo a partir de los campos actualmente en explotación en el país norteamericano (en la notación de la AIE), que se verá compensada por un increíblemente grande aumento de la producción a partir de yacimientos por descubrir, principalmente off-shore. Todo ello esperan que pase, como dicen explícitamente, en alas de la famosa reforma energética de México, que ha de permitir que el capital privado revierta la pésima tendencia productiva actual (cosa que no pocos ponen en cuestión). Aquí la AIE se alinea con esos intereses económicos, y con esa gráfica que enlazo arriba da argumentos a favor de la apertura energética (que mucho me temo desatará mares de tinta en México, al estilo del falaz meme de la independencia energética de los EE.UU.). Cabe decir que un incremento tan rápido y brutal de la producción de petrólo a partir de campos aún no conocidos en una zona en la que aunque poca ya hay explotación y exploración resulta difícil de creer.

Los comentarios que hace sobre Irak e Irán van en la misma línea: un optimismo difícil de suscribir. Les dejo sin más comentarios la curva de producción que estiman para Irán; hasta 2013 son datos, a partir de entonces su previsión.




No me resisto a acabar el análisis de este apartado sin traducir literalmente un párrafo sobre "Perspectivas de producción" (página 114), en el que la AIE hace su pronóstico a corto y medio plazo, pues creo que los próximos años someterán a una severa prueba estas aseveraciones.

"La producción de petróleo hasta 2040 en el escenario de Nuevas Políticas se puede dividir de manera útil en dos períodos, con la transición entre ambos ocurriendo en la década de los 20 de este siglo (Figura 3.10). El primer período se caracteriza por una producción boyante en los países no-OPEP: el tight oil (y en menor medida el petróleo de aguas profundas) de los EE.UU., las arenas bituminosas del Canadá, los campos de aguas profundas de Brasil y la creciente producción de líquidos del gas natural de fuentes diversas hacen que la producción no OPEP alcance los 56 Mb/d a comienzos de la década de los 20. Pero luego la producción no OPEP se estabilizará y comenzará a retroceder, debido a la caída de la producción convencional en Rusia, China y, más tarde, Kazajstán, y eventualmente una saturación en los EE.UU."


Carbón

Aquí nos encontramos una de las sorpresas (relativas) de este WEO: la AIE proyeccta un prácticamente estancamiento del consumo del carbón a partir del 2020 (crecimientos entre el 0,2% y el 0,3% anual), dando lugar a una meseta productiva que recuerda a la que en 2010 asumían que se había producido para el petróleo crudo convencional. La gráfica puede encontrarse en la presentación a la prensa.





Dado que en 2012 se comprobó que no se había producido tal meseta, sino que el petróleo crudo convencional en realidad ya estaba decayendo, es legítimo preguntarse si algo así va a pasar con el carbón. En principio esto no es demasiado probable, pues este límite extractivo tiene pinta de ser más originado por una dificultad intrínseca de consumir más carbón por su principal usuario, China, debido a los problemas logísticos y ambientales que causa, pero no tanto a la imposibilidad de aumentar la producción. Es decir, que es posible que en este caso lo que prevé el WEO 2014 es un pico de la demanda y no de producción, que en el fondo viene a poner en cuestión una vez más la perfecta sustitubilidad de las diversas fuentes de energía. De ese modo, sería posible mantener una producción de carbón aproximadamente constante durante varias décadas, como los datos de las reservas de carbón parecen avalar.

En añadidura, no se debe descartar que el mensaje que está enviando la AIE tenga cierto contenido político: en la próxima cumbre de París se tiene que decidir cómo se van a recortar las emisiones de CO2, y el carbón es el combustible más contaminante y que produce más CO2 por caloría producida (aunque según parece las explotaciones de fracking no le van demasiado a la zaga). Es bastante significativa la gráfica de emisiones esperadas según el tipo de combustible:



Como se ve, se espera que las emisiones asociadas al petróleo y al carbón permanezcan prácticamente constantes a partir de 2020 (de hecho el petróleo aún subiría ligeramente, mientras que el carbón mantendría el nivel desde aproximadamente 2017), mientras que las emisiones de CO2 asociadas al gas subirían a buen ritmo. Obviamente ésta es una visión de cómo debería ser el mix energético en los próximos años, y una que favorece los intereses de los EE.UU. gracias al shale gas (lamentablemente en la AIE, a pesar de las numerosas noticias aparecidas en prensa aún no se han enterado de que el shale gas es ruinoso).

Y aún así estas proyecciones respecto a carbón contradicen tendencias actuales, como la de Alemania (que está consumiendo más carbón, principalmente su lignito nacional); no obstante lo cual, el WEO 2014 afirma que el consumo de carbón en Europa caerá, principalmente de la mano de la subida de la producción energética renovable (que en Europa dicen que se doblará), aunque el total de energía primaria consumida será inferior (pero el PIB crecerá, fruto imagino de la asumida mayor eficiencia en el aprovechamiento de la energía eléctrica en los usos finales, lo cual es cierto si hablamos de motores y bastante menos cierto si hablamos de otros usos). Para mayor contradicción, en otra sección del WEO se afirma que la producción de petróleo (más bien, hidrocarburos líquidos) se volverá más compleja y diversificada gracias a la incorporación masiva de plantas de conversión de gas a líquidos y de carbón a líquidos por el proceso de Fisher-Tropsch, a pesar de la evidencia de su pequeñez relativa actual (el WEO habla de unas decenas de miles de barriles diarios de producción).

La hipótesis de un pico de demanda de carbón parece, por tanto, bastante razonable. Sin embargo, en la página 190 nos encontramos con esta reveladora gráfica, en la que la producción de carbón se desglosa por tipo de mina:





La franja azul corresponde a las minas existentes, que según parece van a sufrir una bajada productiva que se va a acelerar a partir de 2025. La franja marrón corresponde a proyectos de expansión, basados en minas ya existentes; algo aportan, pero no revierten la tendencia ni modifican sensiblemente los plazos. La clave está, por tanto, en la franja verde, que corresponde a minas en las que aún ni se ha abierto el primer agujero (y en las que por tanto el volumen de reservas y la producción alcanzable tienen una componente especulativa). ¿Está la AIE preparando el terreno para discutir sobre el pico del carbón en los próximos años?


El resto de esta sección es bastante insustancial. Destaco que, siguiendo la moda del momento, una subsección dedicada a discutir los sistemas de captura y almacenamiento de carbono (Carbon Capture and Storage, CCS). Los sistemas CCS se basan en la inyección de los gases de combustión de las centrales térmicas de carbón en algún reservorio subterráneo o, ya rizando el rizo, su uso en la recuperación secundaria o terciaria del petróleo (en la que se favorece el flujo de petróleo inyectando gas a presión).  Dado que el objetivo es capturar el CO2 para seguir quemando carbón, se plantean una serie de dificultades prácticas. Cualquier estudiante de primero de Física sabe que la resistencia un gas a ser inyectado en un reservorio crece exponencialmente con la cantidad de gas ya acumulado en su interior, así que estos sistemas consumen una gran cantidad de energía y eventualmente se saturan en cierto valor, en el que ya no es posible inyectar más gas; los reservorios geológicos a disposición de una de estas plantas tienen seguramente límites de capacidad inferiores a la producción potencial de CO2 de la térmica, y entonces, ¿qué se hace con el CO2 sobrante? Está también la cuestión de la estanqueidad del reservorio: si se crean grietas, el CO2 se escapará a la atmósfera y el esfuerzo habrá sido en vano (y eso sin contar con que las altas presiones podrían, en determinas situaciones, inducir sismicidad: los lectores españoles recordarán sin duda el fiasco del almacén Castor, en frente de las costas de Castellón). Por último, está la cuestión de que la inyección de gas en el subsuelo consume una gran cantidad de energía (en los prototipos más avanzados de CCS, un 25% de la producción de la planta), justo en un momento en el que seguramente no nos interesa perder más energía. Todas estas cosas son conocidas ya desde hace años, y aún así se sigue insistiendo e insistiendo en esta idea, que está derrotada de antemano por la realidad.


Gas

De acuerdo con este WEO, el gas superará al petróleo como principal fuente de energía de los EE.UU. antes de 2030, en parte debido a la caída de la demanda de este último (supongo que porque asumen que los coches eléctricos propulsados con renovables toman el relevo en el transporte o porque asumen que los líquidos asociados a gas se usarán más en automoción). Esta afirmación de la AIE servirá para alimentar unos pocos años más la idea de que la revolución del shale gas es la panacea, hasta que esta burbuja financiera termine de explotar. Significativamente, el epígrafe de esta sección es: "¿Líquidos del gas natural al rescate?". Para los desinformados decirles que la mayoría del contenido de los líquidos del gas natural, y de manera similar en los gases licuados del petróleo o GLP, es una mezcla variable de butano y propano. O sea que todos los progresos en automoción basados en estos combustibles consisten básicamente en recuperar, en versión moderna, aquellos taxis propulsados con bombonas de butano que menudearon en España en los años 70 y 80, cosa interesante ahora que la gente usa menos butano en los hogares, pero que tiene un recorrido limitado porque el precio de esta alternativa se disparará en cuanto el mercado crezca.

En cuanto al gas natural en sí mismo, de acuerdo con las proyecciones de la AIE su uso principal sería para la generación de electricidad. A pesar de las dificultades de crear nuevos mercados para el gas natural, sobre todo si el petróleo y el carbón no van a propulsar más crecimiento económico, la AIE apuesta a que el gas crecerá a buen ritmo, de algún modo cogiendo el relevo de los otros dos combustibles.



El lugar del mundo donde más crecería la demanda de gas natura sería China, a un impresionante ritmo del 5,2% anual; se ve que ésa es la manera en la que China podrá hacer la nivelación de su consumo de carbón. Dadas las tendencias actuales esta suposición parece bastante osada, teniendo en cuenta además que el comercio y distribución de gas precisa de costosas infraestructuras que requieren décadas para su amortización; los próximos años pondrán a prueba las hipótesis de la AIE. La segunda región con mayor incremento del consumo de gas natural es Oriente Medio (2% de crecimiento anual).

Como ya hizo con el petróleo, la AIE no ve ningún problema futuro en la producción de gas, a pesar de que a estas alturas estamos ya a pocos años de su pico productivo, el cual puede verse precipitado por las turbulencias con el petróleo. Así que, con el ánimo de poder ir comparando las diversas revisiones que irán haciendo en la próxima década sobre la producción del gas natural, incluyo aquí la gráfica correspondiente a este WEO. Por cierto que como aún no ven llegar el pico de producción del gas convencional, aquí sí que nos desglosan la producción por tipos: todo un detalle que será útil en futuras referencias.




Merece mención también el hecho de que dedican una subsección a discutir los problemas de seguridad de suministro de gas, particularmente a luz del reciente y creciente conflicto entre Rusia y la Unión Europea a raíz de Ucrania. Dan una gráfica muy interesante sobre cuáles han sido las importaciones gas natural por Europa (no la Unión Europea), que puede ser útil también de cara a trazar la ruta de nuestro futuro.





Nuclear

El WEO 2014 dedica una parte enorme a la discusión específica de esta fuente de energía, a pesar de su carácter minoritario (un 4% de la energía primaria generada del mundo) y de sus escasas proyecciones de futuro. ¿Por qué? Porque básicamente la AIE suscribe el discurso de que las reservas de uranio son enormes y de que la evolución tecnológica permitirá ampliar enormemente los recursos que pasarán a ser económicamente disponibles - y estamos muy necesitados de una tecnología que en breve plazo empiece a aportar en medio de tantas carencias. Pero la evolución de la energía nuclear en las últimas décadas no ha sido muy brillante, habiendo pasado de aportar el 18% de la electricidad mundial en 1998 al 11% actualmente (ver gráfica más abajo). Pero para la AIE la cuestión clave es las bajas emisiones de CO2 de esta fuente: de hecho, en el escenario 450 la energía nuclear crece a un ritmo tremendo.




El WEO 2014 asume que se van a instalar 332 Gw de potencia extra de aquí a 2040 (lo cual es una barbaridad: actualmente hay 392 Gw), principalmente en potencias emergentes y los EE.UU., al tiempo que apuesta porque se extienda la vida de las licencias de explotación en Occidente. Llama la atención la poco delicada hipótesis de que Japón irá progresivamente recuperando su potencia nuclear, eso sí a partir de 2020 para no herir susceptibilidades cercanas, y sólo hasta tres cuartas partes de lo que tenían antes del accidente de Fukushima.

Hay luego una extensísima discusión sobre costes, desglosando los diversos factores que contribuyen a los mismos y sensibilidad que tienen a diversos factores (incluyendo el precio de los combustibles fósiles). Me ha parecido interesante ver que el precio del combustible es ya alrededor del 10% de los costes de la central (cuando yo empecé en esto los promotores de esta tecnología se jactaban de que el combustible representaban  tan sólo el 1% de los costes), y después otra discusión no menos extensa sobre la percepción pública de esta energía. Y aquí se presentan tres sub-escenarios desglosados del de referencia, uno de ellos (Low nuclear) en el que en 2040 habría un poco menos de potencia nuclear instalada que actualmente (366 Gw). En cuanto a los recursos, se dice que hay suficiente uranio para proveer cualquiera de los tres sub-escenarios. También hay un cierto cinismo implícito, por ejemplo en la gráfica que nos informa cuál debería ser el ritmo de cierre de las actuales centrales nucleares y cuál es el que ellos prevén en el escenario de referencia, dando por sentado que habrá muchas extensiones de las licencias de operación más allá de la vida útil nominal de las centrales, y que de hecho se extenderán por muchas décadas.



Pero lo que resulta ya chocante hasta el extremo es el abierto reconocimiento de que con las minas de uranio existentes y con el uranio almacenado de décadas anteriores (reservas secundarias, en la jerga del sector), asumiendo además que todas las minas actualmente proyectadas se van a ejecutar a tiempo, va a faltar uranio a partir de 2020 y hacia 2040 no se podrá cubrir todo la demanda sino algo menos del 60% (faltarían unas 45.000 toneladas de uranio natural equivalente sobre unas 105.000 que se demandarían).




Esto es, ni más ni menos, que el pico del uranio; estoy seguro de que a Pedro Prieto le deleitará ver emerger las fauces del uraniator en ese "supply gap" ("falta de suministro") que tanto nos recuerda al que ya vimos una década atrás en las previsiones para el petróleo. Lo único que se le ocurre a la AIE para intentar conjurar tan pésimas perspectivas, es el siguiente párrafo que acompaña a la gráfica que les acabo de enseñar:

"La explotación de recursos de uranio aún por descubrir podría aportar suministros de uranio más allá en el futuro, siempre que se haga exploración y desarrollo a escalas significativas. Más aún, los recursos de uranio no convencionales (agua del mar y fosfatos), así como ciclos de combustible alternativos como los que se basan en torio, prometen proporcionar combustible nuclear a largo plazo si se da el necesario desarrollo tecnológico. Un amplio rango de tecnologías nucleares está actualmente en desarrollo (por ejemplo, los reactores de 4ª Generación), lo que juntamente con el reprocesamiento podrían también contribuir a alejar un plazo aún mayor cualquier escasez de combustible".

Lo que me parece preocupante de este párrafo es que todos esos argumentos se llevan usando desde hace décadas sin que ninguno de los avances deseados se haya producido por razones técnicas que son bien conocidas (para mi el summum de la ridiculez es la referencia al uranio del agua del mar). Es triste llegar a la página 430 de este informe para ver que después de tanto hablar se han quedado sin palabras.


Lo que queda en el tintero

Es muchísimo: hay varias secciones interesantes, como las dedicadas a las renovables, a la eficiencia y a la electrificación; y toda la parte dedicada a África. Según el WEO las renovables ocuparán una gran porción de la producción energética futura, y se fía bastante sobre todo de la fotovoltaica dada la bajada de coste de los paneles, aunque reconoce que los recientes cambios legislativos en diversos países las están entorpeciendo, y recuerda que las subvenciones totales a los combustibles fósiles son 6 veces mayores que a las renovables (aunque se olvida de comentar que los combustibles fósiles están produciendo más de 10 veces más energía que las renovables). En el apartado de la eficiencia no hay ni la más mínima mención a Lord Jevons. En cuanto a la electricidad, hay una interesante discusión sobre la seguridad en el suministro eléctrico, que puede verse comprometida, dice la AIE, por la mayor inclusión de energía renovable y la pérdida de interés de los inversores en plantas convencionales que sin embargo deberían estar ahí para dar respaldo. El cuadro de esta discusión lleva por significativo título: "Manteniendo las luces encendidas" (página 209).


Conclusiones

 
El lenguaje tranquilizador que siempre emplea la AIE sobre las perspectivas de futuro en cuanto al suministro de energía resulta rotundamente desmentido cuando uno entra en los detalles de los datos por ella misma suministrados. En el informe de este año podemos encontrar referencias nada veladas a los problemas de producción de petróleo si no hay suficiente inversión, a un pico de carbón que podría interpretarse como un pico de demanda (fundamentalmente debido a China) pero que en realidad podría llegar a ser un pico productivo real, y al reconocimiento ya sin ambages de que sin un cambio radical la producción de uranio comenzará a decaer en la próxima década. La única materia prima no renovable para la que las gráficas no muestran problemas es el gas natural, y hasta ésta es bastante discutible. Dadas las crecientes dudas sobre la buena marcha de la economía mundial (que se irán confirmando o desmintiendo en los próximos meses) no se puede descartar que se produzca una peligrosa retroalimentación negativa entre la producción de estas materias y los ciclos de inversión y desinversión en su producción. La producción de petróleo, carbón y uranio (y en realidad también la de gas natural) acumula tales tensiones que, dejada a su libre devenir, llevaría aparejada la llegada de los picos de producción de todas ellas, y por simpatía la de muchas otras materias no energéticas. Es el temido Peak Everything, cuyo efecto social es la Gran Escasez.
 

Echando la vista atrás, mirando al qué hacemos como sociedad con este creciente cuerpo de evidencia sobre los límites del crecimiento, lo único que yo veo es que continuamos mirando cómo de bien seguimos las líneas de evolución y degradación más o menos previstas por los modelos; en suma, cómo nos acercamos al desastre final. Si había un momento para reaccionar, seguramente es ahora.

Salu2,
AMT

lunes, 10 de noviembre de 2014

Cuando hay que tomar partido: una visión personal y factual

Imagen cortesía de Sílvia Joly


Queridos lectores,

Diversas personas me han preguntado si fui o no a votar durante la jornada de ayer, en la que tras una complicadísima pirueta legal el pueblo catalán fue más o menos (todo es bastante confuso, en realidad) a votar sobre su futuro político. Normalmente no me pronuncio sobre asuntos políticos partidistas, puesto que mis opiniones políticas, si es que las tengo, no creo que sean de mayor interés que las de otro ciudadano cualquiera, y The Oil Crash no me parece un foro idóneo para airearlas, ya que no se trata de cuestiones factuales sino completamente opinables y subjectivas. En este caso, sin embargo, si querría desgranar aquí las razones por las que ayer, efectivamente, fui a votar en esa consulta que de mayor querría ser referéndum; y no porque mis personales opiniones sean de mayor interés, sino por intentar diseccionar los dilemas morales e intelectuales que desgrarran interiormente a un peakoiler (en este caso, al que tengo más a mano: yo mismo) delante del proceso de colapso institucional que se vive y vivirá en Occidente. ¿Qué debe hacer una persona que comprende que nuestro único curso posible es el del descenso energético delante de procesos como el que se vivió aquí ayer? ¿Debe ignorarlos, al ser meras distracciones y fuegos de artificio que desvían la atención de los asuntos críticos? ¿Debe participar activamente en ellos, por ser una oportunidad de generar los cambios necesarios para una sociedad en transición? ¿Debe mantener una cierta distancia y aportar solamente en aquellos aspectos clave para esta transición? ¿O bien debe de actuar según sus apetencias personales, puesto que la esfera de estas decisiones nada tiene que ver con la del declive energético? Justamente son éstas las cuestiones que querría abordar hoy, desde una perspectiva subjetiva y por tanto bastante discutible y propensa al error, pero no por ello menos interesante de discutir. Y es que, querido lector, en el curso de los años que vendrán Vd. seguramente se verá sometido a procesos de alguna manera análogos a éste, en los que podrá participar de una u otra forma en la decisión de cambios institucionales que afectarán de manera determinante a su futuro. Espero que mis tribulaciones y cavilaciones, a pesar de mis limitaciones, le sean a Vd. útiles de alguna manera.

Para los lectores de fuera de España, resumiré de una manera muy, muy simple, burda incluso, el vodevil que se ha vivido aquí durante los últimos meses y que nos ha llevado a la consulta del 9N.

Desde hace algún tiempo hay una creciente agitación en amplios sectores de la sociedad catalana en favor de la constitución de Cataluña como una nación independendiente, y que ha experimentado un increíble auge - a la par de las penalidades económicas - durante los últimos pocos años (en 2012 hubo una gran manifestación, en 2013 se hizo una larga cadena humana y en 2014 se repitió otra gran manifestación). El Govern de la Generalitat de Cataluña (órgano de gobierno de las competencias transferidas por el Estado español a esta, actualmente, región de España), presidido por el president Artur Mas, encontró en el independentismo político una vía de escape para el descontento popular contra la eternización de la austeridad y los recortes, fruto de esta crisis que no acabará nunca. Arropándose en la bandera catalana como un escudo contra las críticas a su gestión, según muchos analistas (y mi propia experiencia de campo me lo confirma) en la actualidad el Govern está desbordado por un movimiento que tiene una amplia base popular y que va más allá y más deprisa de lo que en realidad podría parecer que el Govern desearía ir.

El caso es que, tras las últimas elecciones anticipadas (en las que el voto al partido del Govern no fue tan favorable), Artur Mas se vio necesitado de pactar con formaciones abiertamente independentistas y entonces se llegó al acuerdo de que en 2014 (más tarde se fijó la fecha al 9 de Noviembre) se celebraría una consulta sobre la independencia de Cataluña. Las muy repetidas palabras "referéndum" y "consulta", en el contexto de este guirigay, son muy relevantes: En España sólo el Gobierno de España puede convocar referéndums y su resultado es vinculante para la acción del Gobierno, por ser un mandato popular; por tanto, lo que formalmente proponía el Govern de Cataluña era realizar una consulta: una especie de encuesta masiva por votación de los interesados, cuyos resultados no serían en todo caso vinculantes. A tal efecto, el Parlament de Catalunya aprobó el pasado Septiembre una "ley de consultas no referendatarias y otras formas de participación popular", que debía dar marco legal para la convocatoria de la consulta del 9N. El problema es que desde hace muchos meses se sabe la fecha y las preguntas de esta consulta, así que resultaba complicado justificar que no se trataba de una ley ad hoc para un caso singular; y dado el fuerte contenido político en temas sensibles de la soberanía nacional de las preguntas de esta consulta (a las que ahora me referiré) y su carácter prácticamente refrendatario, el Gobierno de España ha reaccionado con mucha contundencia y rigidez: desde el momento en que se aprobó finalmente tanto la ley como el decreto para convocar la consulta del 9N el Gobierno envió un recurso de inconstitucionalidad al Tribunal Constitucional, el cual cautelarmente suspendió ambas.

A partir de aquí comienza una historia muy complicada y a veces esperpéntica. Primero, el Govern anuncia que se hará el 9N "de otra manera" y convoca el "nuevo 9N" (en catalán la expresión es bastante cacofónica porque "nuevo" y "nueve" se dicen igual), que no se acaba de saber muy bien qué es porque ninguna ley le daba amparo. Como reacción, el Gobierno de España anuncia que obligará al cumplimiento de la resolución del Tribunal Constitucional, y envía un nuevo recurso a este tribunal para que anule las actuaciones del Govern, aparte de amenazar con graves consecuencias si funcionarios de la Generalitat participan en esta "farsa". La tensión dialéctica fue aumentando con los días y al final el Govern dejó en manos de los voluntarios y las asociaciones civiles que han promovido esta consulta su organización. Se temía incidentes graves ayer, pero al final la cosa quedó en nada a pesar de dos o tres altercados aislados; la organización fue ejemplar, la participación modélica, y realmente no pasó nada. El Govern anunció oficialmente datos de participación y de recuento, en un movimiento que puede tener consecuencias legales - ya veremos qué pasa durante los próximos días.

Desde el punto de vista meramente descriptivo, lo que pasó ayer fue bastante impresionante. Una consulta organizada por voluntarios, que no tenían censos, que había sido condenada públicamente e incluso con poco veladas amenazas de consecuencias legales para quien se involucrase, ha traído finalmente a las urnas a 2.250.000 personas, aunque el Gobierno, que tilda todo el evento de farsa, asegura no dar credibilidad a esas cifras. Incluso dando por buenos esos números (que a mi me parecen completamente verosímiles, a tenor de lo que vi ayer), ayer votó poco más del 36% de todo el censo de electores (había algo más de 6 millones de personas llamadas ayer a las urnas), de los cuales un poco más del 80% (lo cual representaría aproximadamente el 29% de todo el censo de electores) se pronunció claramente a favor de la independencia de Cataluña. Las cifras ponen en evidencia un avance gigantesco del independentismo en Cataluña, porque si bien los votantes independentistas eran los más motivados para acudir a la consulta, es probable que por diversas razones no todos los independentistas votaran (en particular, se echó en falta a la gente más joven), y más aún que no todos los que no votaron serán contrarios a la independencia. También es cierto que parte de los votos a favor de la independencia son votos de castigo y censura al Gobierno de España por su autoritarismo, y esos votos se retraerían en caso de un referéndum real con consecuencias reales. Por una infinidad de motivos todas las cautelas con las que deben ser tomadas estas cifras son pocas, pero dada su magnitud llega a ser verosímil la hipótesis de que en estos momentos el independentismo catalán se encuentra en algún punto alrededor del 50% (quizá más arriba, quizá más abajo) de los votos que se emitirían en caso de haber un referéndum real. Por tanto, si realmente se le consultase a los catalanes sobre su futuro en un proceso con consecuencias reales la opción independentista podría llegar a ser la mayoritaria. En realidad nadie sabe dónde estamos exactamente y eso explica los movimientos un poco erráticos que a veces, por ciertos cálculos partidistas, están ejecutando los partidos políticos.

Respecto a las preguntas que se planteaban en esta consulta, eran dos. La primera pregunta era si el consultado querría que Cataluña fuera un Estado o no. La segunda pregunta decía que, en caso de haber contestado afirmativamente a la primera, si se deseaba que Cataluña fuera independiente o no. Las opciones posibles eran, por tanto, votar en blanco, Sí-Sí, Sí-No, Sí y dejar la segunda en blanco y No, cada una de ellas con su posible interpretación política. Votar en blanco significaba estar de acuerdo con que se se consultase al pueblo pero no tener opinión sobre las preguntas, no querer expresarla o no estar de acuerdo con las opciones presentadas. Votar Sí-Sí (que ha sido la opción que se ha llevado el 80% de los votos) quería decir querer que Cataluña sea un Estado independientes. La opción Sí-No equivalía a desear una reforma del Estado español para que pase a tener una estructura federal, de la cual Cataluña participaría como Estado federado. Sí-blanco quiere decir que se está a favor de una estructura estatal para Cataluña, sin expresar preferencia si debería ser un Estado independiente o federado. Por último, No significaba que que no se quería que Cataluña fuese un Estado, independiente o no. Obviamente, había una opción adicional, en realidad la mayoritariamente escogida por los ciudadanos de Cataluña, que era la de no ir a votar, negando toda legitimidad a hacer esta consulta o bien no acudiendo por miedo a las consecuencias o por encontrar que esta consulta era una farsa o inútil.

Después de dudar durante un tiempo, hace ya unas semanas tomé la decisión sobre qué opción iba a escoger. No era una opción fácil y posiblemente, errónea o no, mis argumentos para escogerla no son del todo ciertos o adecuados. A algunos de mis lectores (de hecho, posiblemente para la mayoría de los españoles) les puede sorprender e incluso molestar mis elecciones, por encontrarlas inapropiadas e indignas de ser aireadas aquí. Sin embargos, son decisiones reales tomadas en una situación real, en un contexto complejo que, estoy convencido, se irá reproduciendo de otras maneras en otros territorios. Mi esperanza es que la discusión de mi opción, vista desde la perspectiva de los problemas que se discuten en este blog, pueda serle útil a otros (quizá, por qué no, como ejemplo de qué no hacer).

La primera decisión que tomé fue la de ir a votar.

Fui a votar porque entiendo que no se puede criminalizar un proceso participativo. No estoy de acuerdo con que se puedan poner límites a priori a la discusión de cuestiones que no atentan contra los derechos fundamentales e inalienables de las personas (como son la vida, la integridad física, la propia imagen) y la soberanía nacional no es a mi entender uno de esos derechos. A partir de las discusiones a las que hemos asistido estos días, de acuerdo con el Gobierno español la pregunta no se podía plantear porque contradice la Constitución española, mientras que el Govern de la Generalitat dice que el pueblo de Cataluña tiene derecho a ser consultado. A mi modo de ver, esta discusión es una de primeros principios: según el Gobierno español el único sujeto reconocido de derecho es el pueblo español, depositario de la soberanía popular, en tanto que el Govern dice que el pueblo catalán es también un sujeto de derecho que tiene que ser reconocido. Como estamos hablando de entes abstractos no definibles (¿qué es el pueblo español? ¿qué es el pueblo catalán?) es imposible establecer una discusión racional sobre esos términos porque son primeros principios: son hechos que se toman tal cual, sin posible definición por términos anteriores. La discusión sobre la legalidad de la consulta es en tal sentido y a mi modo de ver completamente inane: obviamente cualquier intento de considerar que el pueblo catalán es sujeto de derecho puede ser ilegal con respecto a las leyes españolas, pero éstas no son principios inmutables y necesarios, sino derivados de la premisa de que es el pueblo español el único sujeto de derecho en el territorio que hoy llamamos España. Por tanto, la cuestión no es tanto de legalidad (obviamente la consulta, según como se formulaba, puede ser ilegal en España) sino de legitimidad: ¿es legítimo que el pueblo catalán intente existir como tal, como una cosa diferente y voluntad de ser al margen del pueblo español? De aquí toda la lucha de cifras: lo que el Govern ha intentado defender, amparándose en las multitudinarias manifestaciones de los años previos, es que en el territorio que hoy conocemos como Cataluña una amplia mayoría de la población se reconoce a sí misma como pueblo con derechos equiparables a los del pueblo español. Invocar la legalidad española en este contexto tiene el mismo sentido que invocar el código de circulación delante de un camión que avanza sin frenos hacia nosotros a toda velocidad: simplemente, no se aplica apropiadamente en este contexto. Dado que en la historia los sujetos de derecho internacional generalmente se configuran por la fuerza (física u otra), las opciones razonables del Gobierno español para responder a este problema era o bien utilizar la fuerza (coacción o ejercicio de la violencia en su caso) o bien abrir un proceso político y negociar; lo que ha sucedido es lo esperable cuando no se ha decidido tomar ninguna de las dos posturas lógicas.

Pero yendo al por qué de mi decisión, dado que para mi el mayor riesgo que tiene el mundo en descenso energético es caer en totalitarismos, me parece importante intentar mantener las estructuras lo más democráticas posibles, y frente a la imposición y el inmovilismo, la incapacidad de negociar (en la que Gobierno y Govern comparten culpa, aunque la cuota de la misma en el primero se ve sensiblemente superior), lo mejor que entiendo que puede hacer el ciudadano es votar, porque la votación es el alimento de la democracia (aunque no es lo único que se necesita para tener una democracia sana: en demasía se descuidan otros nutrientes esenciales como la transparencia, el control de las instituciones y la rendición de cuentas públicas). Al decidir ir a votar me posiciono en contra de una opinión mayoritaria en mi país de origen (yo soy español) y eso me estigmatiza delante de los ojos de algunos.

Con respecto a la primera pregunta, decidí votar que No.

Yo no deseo que Cataluña sea un Estado. Hemos analizado en este blog la gran colusión que hay entre Estado y capitalismo; los Estados tienden a gestionar de manera poco apropiada la soberanía popular que se les confía, influidos por los grandes poderes económicos que acaban convirtiendo dinero en poder a través de la injerencia en los asuntos políticos. Este proceso de usurpación del poder político en los Estados por parte de los poderes económicos, como se está viendo, se intensifica en las épocas de crisis, y más en esta crisis terminal del capitalismo global. La razón es simple: el capital reclama tener la tasa de regeneración histórica en un contexto de recursos menguantes, y si la economía no puede seguir expandiéndose porque falla la base material (porque la producción de petróleo y otras fuentes de energía empieza a disminuir, porque los metales que usa la industria son más escasos y caros -energética y económicamente- de producir) el capital sólo puede seguir expandiéndose a costa del endeudamiento del Estado y la reducción de los salarios. Yo no deseo que cuando mis hijos sean mayores vivan bajo los dictados de un Estado que entonces será, forzosamente, más
corrupto y decadente de lo que es ahora y que les impondrá muchas y graves servidumbres, y por eso a esta pregunta mi respuesta sólo puede ser no. Como ven, mis razones difieren mucho de las comunes.

Con respecto a la segunda pregunta, decidí votar que Sí. 


Esta decisión era mucho más difícil que la primera. Yo no deseo la independencia de Cataluña y me causa tristeza que pueda terminar de esta manera abrupta una convivencia de siglos, que fracase de esta manera un proyecto común de convivencia, que todo se acabe con un portazo de despecho en medio de una ensalada de gritos y con los vecinos (Europa) mirando con caras extrañadas mientras que la del Cuarto (Reich) murmure entre dientes: "ya lo decía yo...". Sin embargo, si Cataluña decidiese no ser un Estado, entonces estaría muy bien que fuera independiente, porque al menos eso le daría una opción a mis hijos de no vivir subyugados (ya sé que no es una garantía, pero al menos es un buen comienzo). Votar "No" a secas significaría que prefiero lo que hay, y en el actual estado de decadencia de la política española, con la corrupción que hay y la que vendrá, es aceptar que no me gustaría cambiar las cosas. Y no es así. España necesita regenerarse y Cataluña necesita regenerarse. España está optando por Podemos como vía hacia la regeneración y Cataluña por la independencia. Aún no sabemos a dónde nos llevarán estas dos vías.

Hay una razón adicional para votar "Sí" a la independencia de Cataluña. El diseño de esta consulta, por razones políticas decididas en los partidos que suscribieron el pacto sobre el derecho de decidir, es completamente favorable al BAU: Hay una clara asimetría en las dos cosas que se están votando (Estado e independencia), de modo que sólo puedes entrar a discutir la segunda si has aceptado la primera. El mensaje de fondo es que no se puede renunciar al Estado; del mismo modo que para mucha gente el fin del capitalismo es el fin del mundo, para los promotores de esta consulta el autogobierno sólo se puede ejercer a partir de un Estado, es decir, una estructura centralista en la que los centros de decisión están tan alejados del pueblo que es muy fácil que un poder ajeno y no democrático los controle. Tanto es así que la opción que yo he escogido se considera no válida y mi voto por tanto ha sido nulo. Así pues votar "No-Sí", la única opción no contemplada y la que realmente para mi tenía más sentido, no es votar por la independencia de Cataluña sino que es un voto de protesta, una protesta por un diseño de la consulta hecho a la medida de sus promotores, que pretender mantener un régimen de privilegios propios de una época ya pasada y que no volverá. Estoy diciendo que no estoy conforme con lo que tenemos pero que lo que me ofrecen tiene también bastante mala pinta; estoy diciendo que tenemos que salirnos de los esquemas clásicos e comenzar a pensar de otro modo. Si la opción "No-Sí" hubiera sido la mayoritaria, la perplejidad de toda la clase política a ambos lados del río Ebro habría sido mayúscula y quizá, sólo quizá, se hubiera podido a comenzar a construir el futuro que todos necesitamos, ya fuera con España o sin ella, pero en todo caso el necesario.


¿Hice bien? Seguramente no, pues vivimos en un tiempo en el que resulta imposible hacerlo bien. Se trata solamente de intentar hacer lo correcto.

Salu2,
AMT

viernes, 7 de noviembre de 2014

Diario de trinchera: Brussels, Problems as usual




Erráticos mis bautomáticos pasos por la T2, pendientes de hollar la nombrada capital de Europa...

Otra vez en el aeropuerto de Barcelona, a punto de tomar un vuelo de bajo coste para ir a Bruselas, de nuevo para asistir a una reunión organizada por la Oficina COST, en este caso la reunión de arranque de una nueva acción (las acciones COST son redes paneuropeas de colaboración científica, que duran típicamente cuatro años). Al menos esta vez yo sólo soy uno más, sólo un miembre del comité de gestión entre los otros 14 ó 15: los últimos 4 años he aprendido mucho sobre qué es gestionar una acción COST, pero la verdad es que en esta vez me apetece quedarme en la sombra, disfrutar de la discusión científica el poco o mucho tiempo que aún me quede para hacerlo, aprender y hacer cosas nuevas... hacer de científico y no de gestor, para variar.

Como he llegado con tiempo, me aparto un poco de las zonas más bulliciosas y me siento con un cortado descafeinado en una de las terrazas interiores de esta terminal aeroportuaria que, como todas, parece un centro comercial. Refuerza esa impresión que ahora, de hecho, hasta te obligan a pasar por una tienda para llegar a las puertas de embarque. Estos pensamientos me recuerdan un artículo que leí hace poco, en el que explicaban que una buena parte de los ingresos de los aeropuertos viene, precisamente, de estas tiendas... y de sus altos precios, pienso al pagar el cortado (suerte que llevaba la comida de casa y que tuve tiempo de comerla tranquilamente en el tren  - es buena cosa para el BAU aeroportuario que la comida no pueda pasar el punto de control).

Mientras mato el tiempo miro mis correos e intento publicar mi último post, pero ya he agotado la cuota del mes y la estrechez de mi banda ancha me hace imposible esta tarea (consistente básicamente en apretar un botón). Tendré que publicarlo desde el hotel por la noche, qué le vamos a hacer. Pero más que matar el tiempo lo masacro, y para cuando me voy a mi puerta la fila de espera tiene ya varias decenas de metros. Suspiro: no quiero que me obliguen a facturar (gratuitamente, eso sí) el equipaje, como hacen siempre con los últimos de la fila. Dos puestos detrás de mi un chico protesta a grandes voces: no quiere que le facturen su maleta pues no quiere tener que esperarla en la cinta de equipajes de Bruselas, y hace un rápido relato de sus desventuras con esta compañía en concreto (oyéndole hablar así, con una gran carga de epítetos poco cariñosos, me pregunto cómo es que aún usa sus servicios). Pero no hay gran cosa que hacer y al final el personal de la compañía aérea se la facturan; acto seguido, se acercan a mi. Yo disimulo: con una única muda y mi portátil en su interior mi mochila de viaje no abulta gran cosa, y colgada de mi hombro, como si tal cosa, pasa bastante desapercibida. Estoy de suerte: pasan de largo, no porque no hayan reparado en mi mochila sino porque sólo obligan a facturar maletas con ruedas (luego entiendo por qué: mi mochila cabe sin problemas debajo del asiento). Suerte, porque quiero llegar pronto al hotel, cenar y trabajar en la presentación para el instituto de física de la semana que viene.

El viaje en avión transcurre sin incidencias e incluso lo aprovecho muy bien para seguir trabajando, siempre trabajando, sin parar... Llego al aeropuerto de Zavantem sin saber muy bien qué transportes públicos tengo que coger para ir a mi hotel. Es curioso, pienso: hace unos años me preparaba muy bien los viajes, miraba con cuidado cómo debía ir de un sitio a otro y me imprimía planos y croquis necesarios, reservas de hotel, etc. Ahora, aún cuando me agendo una hora en los días previos al viaje para hacer los últimos preparativos, me limito a imprimir las tarjetas de embarque, mirar más o menos si es fácil llegar al hotel, y andando; más de una vez, ni siquiera me he molestado en mirar cómo se tiene que llegar al lugar da la reunión desde el hotel. Supongo que hace unos años viajar ejercía sobre mi la fascinación de la aventura y me lo preparaba un poco como quien idea una expedición a un lugar desconocido; elegir vuelo y hotel podía llevarme un par de días, y preparar la documentación de viaje era un rito casi sagrado que realizaba con una semana de antelación. Ahora estoy mucho más descreído de todo: busco un hotel de precio razonable y no lejos del lugar de la reunión de entre los recomendados por la organización y dedico algo más de tiempo a ver cómo haré el encaje de bolillos entre mi vida familiar y los horarios de los vuelos mientras intento que el precio se mantenga razonable, y ya está bien, que la semana que viene tengo otro viaje, y dentro de tres aún otro, y suerte que los de Toulouse y de San Francisco los he podido cancelar; y en cuanto la documentación de viaje, pues lo arriba dicho: tarjetas de embarque, vistazo rápido a la dirección del hotel, y a otra cosa, que el trabajo se amontona.

Cuando es mi turno en la taquilla del tren de cercanías, y como siempre me pasa cuando estoy en Bélgica, no sé si hablar en inglés o en francés. Opto por lo primero, por miedo a producir resquemores (la cuestión lingüística en este país es muy delicada). Como siempre (hasta que algún día esto me falle) la persona que me atiende es muy amable, acostumbrada como estará a orientar a extranjeros despistados, y me da indicaciones precisas sobre como llegar a la Avenida Louise, donde están mi hotel y la oficina COST; incluso me da una fotocopia del mapa del metro, que tendré que tomar después. Subo al tren: en media hora estaré en la Estación del Sur, y de allí en metro en un cuarto de hora podría llegar a la Avenida Louise y caminar hasta el hotel. Una hora en total: razonable; me anoto los tiempos pensando en que mañana iré justo para llegar al avión. Y pensando en éstas y otras cosas de repente me doy cuenta de que el tren se ha quedado parado en la Estación Central, sin abrir las puertas. Al cabo de un rato una voz por el altavoz dice, primero en flamenco y luego en francés, que ha habido un incendio en la Estación Central y que está siendo desalojada, por lo que continuamos trayecto a la Estación del Sur sin abrir las puertas. ¿Incidente o sabotaje? (maś tarde, viendo la televisión  en el hotel, vería que la cosa no estaba clara).

La Estación del Sur es más grande de lo previsto y no tengo ni idea de hacia dónde cae el metro, y encima la señalética es muy poco apropiada para los forasteros. Afortunadamente esta estación tiene una estructura que me recuerda a la de las de París, donde viví unos años, y por intuición encuentro la entrada del metro al primer intento. En el andén, mientras espero mi convoy, veo que anuncian por los paneles que mañana será un día movidito: huelga en el metro y en el tranvía, aunque el tren debería funcionar normalmente. Debería.


En unas llamativas pantallas verticales que hay en el metro pasan anuncios de todo tipo, incluido el de una nueva película futurista de exploración espacial, con un lema supuestamente excitante: "El fin de la Tierra no significa el fin de la Humanidad". La frase me deja pensando: queda claro que cada vez más gente asume que este planeta se va al garete, cuando la cosa ya permea al mundo del cine. Esta resignación a la destrucción me recuerda otra frase que digo a menudo: "A mucha gente le cuesta menos imaginarse el fin del mundo que el fin del capitalismo, e incluso creen que el primero implica el segundo". Y lo que me dice esa película es "Venga, hala, vayamos a destrozar otros planetas sólo para preservar este sistema económico sin sentido".


Me devuelve al mundo real unos gritos repentinos. Desde el otro andén, un hombre de raza negra, ropa algo raída y expresión de furia desesperada, grita en algo que parece francés, renegando de todo y de todos; un hombre blanco a mi lado le grita: "¡Cierra esa bocaza!", aunque el otro parece no oírle. Después de unos segundos bastante tensos el hombre desesperado se va, escaleras arriba, sin dejar de gritar un segundo.

Hace frío hoy en Bruselas, incluso con mi abrigo.

Salgo a la calle a la altura del número 2 de la Avenida Louise, a 200 números de mi hotel. Aprovecho el paseo para ir mirando los comercios: todo parece normal, quizá hay algunos establecimientos más de compra y venta de relojes (en realidad, casas de empeño de toda la vida, que en España ahora se conocen por sus carteles de "Compro oro"). En el hotel me atiende un joven empleado al cual me dirijo en inglés, pero al oírle decir una palabra en francés cambio a ese idioma y la conversación es mucho más distendida. Aprovechando la circunstancia, le pregunto de qué va la manifestación de mañana. Me explica que el nuevo gobierno belga está aplicando muchas medidas de austeridad, y que en particular el tema principal de la manifestación de mañana son los cambios que quieren hacer en el sistema de pensiones. Coincide la manifestación (manifestación nacional, dicen aquí para recalcar que vendrá gente de todo el país) con la huelga de metro y tranvía, con lo que el caos está garantizado. Me aclara que sólo en el mes de Noviembre está previsto tres demostraciones de fuerza como ésta. Bienvenido a Bruselas, me digo.

Dejo las cosas y me voy a cenar algo rápidamente. Los restaurantes de Bruselas siguen siendo bastante caros, como los recordaba. Una mujer ya mayor, de la mesa a mi lado, aprovecha que su acompañante ha salido fuera a fumar para entablar conversación conmigo (en francés). Me cuenta que su marido está ingresado desde hace semanas, y por su expresión veo que está angustiada; creo que saldrá de esta, me dice. Tiene suerte de su primo (el que fuma afuera) que le ha sacado de casa para distraerla. Conoce de España Barcelona y Lanzarote, y la mención de esta última le trae recuerdos agradables, de otros otoños pasados ya. Le pregunto si sabe de qué va esta manifestación de mañana, y me dice que el problema son las pensiones, pero en seguida vuelve con sus recuerdos. Al marcharse me dice: "Adiós, amigo", así, en español.

Sigue haciendo frío en Bruselas.

Vuelvo al hotel, publico ya el dichoso post, respondo e-mails, trabajo un poco y por fin me voy a dormir.

Al día siguiente todo transcurre según lo previsto. Típica reunión de COST, algunas viejas caras conocidas, otras nuevas. Las horas pasan lentas según vamos desgranando las normas, la estructura del presupuesto, las tareas... Vivimos en nuestra burbuja mientras afuera suenan distantes sirenas y un sordo rumor de multitud. Yo, que no quería compromisos, acabo aceptando dos cargos dentro de la Acción: soy un pringado. No se oye gran cosa en la planta 15 de esta torre, aunque la Avenida Louise parece tranquila. 



Yo ya cuento con ir caminando desde la reunión hasta la Estación del Sur, una media hora, y allá coger el tren hasta el aeropuerto, una media hora más. No debería haber problemas.

A las 14:30 entra el oficial administrativo y nos comunica que ha habido incidentes graves y que no ya no circulan más trenes (más tarde supe que habían quemado unos coches). Decido no arriesgarme (mi avión sale a las 17:40) y dejo la reunión un poco antes de lo previsto y pillo un taxi. Intento entablar conversación con el taxista pero el inglés le cuesta; le pregunto si sabe hablar francés y resulta que es francófono. Toda la conversación hasta el aeropuerto es bastante amena. El taxista me explica que las protestas del día se deben a que el nuevo Gobierno ha elevado la edad de jubilación, y me dice indignado: "¡Están locos! ¡Quieren que trabajemos hasta los 65! ¡E incluso han llegado a decir que podrían subirlo hasta los 67 años!". Yo sonrío y le explico que en España ya estamos ahí, aunque también le cuento que no creo que yo llegue jamás a cobrar una jubilación. De ahí la conversación deriva hacia la crisis económica que no se acaba, los recortes que ahora están llegando al norte de Europa (el taxista tenía clarísimo que lo que está pasando es una lucha entre ricos y pobres) y, cómo no, yo introduzco el peak oil. El taxista se queda pensando unos segundos cuando acabo de contarle brevemente qué está pasando y me dice: "Cuando no haya petróleo esto será una guerra, o peor que una guerra". Llego al aeropuerto con tiempo suficiente.

Voy recorriendo los largos pasillos interiores, tapizados de anuncios de lencería, coches, colonias... Otro centro comercial más. Pero varios anuncios capturan mi (segada) atención: "Dando de comer al mundo" (un proyecto de cooperación con el Tercer Mundo), "Los trenes de alta velocidad de Siemens dan una respuesta para un crecimiento duradero", "Statoil: gasolina noruega que impulsa nuestra economía", "Aseguramos el crecimiento en un mundo en cambio" (BNP)... Se diría que hay una preocupación fundada por la crisis y por la energía. Pero estoy seguro que nadie más que yo ve esta conexión, y probablemente simplemente estoy exagerando.

Después, nada que destacar: avión, tren a Sants y luego otro tren (restaurante de mi frugal cena) de Sants a mi casa, donde aunque tarde aún llegaré a tiempo de leerle un cuento a mi hija. Una cara conocida al bajar del tren: "Qué, el domingo a votar, ¿eh?", en referencia a la consulta catalana sobre la independencia del 9 de Noviembre. Vuelvo a estar en casa, con las obsesiones de casa, los problemas de casa, el proceso de desintegración y colapso de casa... Durante unas horas he estado (someramente) inmerso en otra realidad, en otra "nueva normalidad" que poco a poco se está convirtiendo en la norma por toda Europa, una "normalidad" llena de recortes, de protestas y de problemas... Hemos pasado del "Business as usual" (negocios como siempre) al "Problems as usual" (problemas como siempre).

No pasa nada, sigan con sus asuntos; son los problemas como siempre.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

El paso del tiempo




Queridos lectores,

Hace pocos días tuvo lugar una efemérides importante para mi: hace ahora 5 años que di mi primera charla divulgativa sobre el Oil Crash. Fue delante del Departamento de Oceanografía Física del Instituto de Ciencias del Mar, mi departamento en mi instituto.

Aquel seminario fue la culminación de un proceso de varios meses en los que, por fin, me había puesto a estudiar a fondo del problema de los recursos naturales. Recuerdo esos meses de verano en que iba estudiando para preparar el seminario y no me podía creer lo que iba descubriendo. Dato a dato, cada vez quedaba más claro que había una gravísima crisis energética que se estaba comenzando a desarrollar, y que no había soluciones sencillas para hacerle frente; que no se iba a producir una sustitución rápida y eficaz de las viejas energías fósiles por ninguna solución de las que entonces se presumía que iba a coger el relevo, ya fuera renovable o nuclear. Cuando más leía más inverosímil me parecía todo, pero ahí estaban los datos. Hacía años que conocía (y me preocupaba) el problema del peak oil, años en los que de tanto en tanto curioseaba en las páginas de Crisis Energética y en otras webs en inglés (Energy Bulletin, The Oil Drum), pero siempre había mantenido cierta distancia, asumiendo que el problema del petróleo sería resuelto por "los que están al mando". Fue en esos meses que descubrí que nadie está al mando o, quizá peor, que si no se intentaba aplicar una solución es porque ésta no existía.

Concluida mi primera investigación, habiendo llegado a conclusiones que me parecían inexorables, pasé muchos días con una sensación de irrealidad (sensación que sólo empezó a desvanecerse, y muy paulatinamente, cuando empecé a poner en orden mis ideas y plasmarlas por escrito en este blog), de futilidad de todo lo que hasta entonces había ocupado mi tiempo, de miedo por mis seres queridos, de final de la civilización... Buscaba desesperadamente alguna noticia que refutase todos los datos que había leído, y unos días antes de mi charla en el departamento - que impartí con la ayuda de mi compañero Jordi Solé - fui a una conferencia que casual y oportunamente dió Pedro Prieto en el Consorci del Far de Barcelona. Tenía todavía la fatua esperanza de que Pedro, al que conocía de haber leído algunos artículos suyos en Crisis Energética y del que sabía que era un gran estudioso del tema energético, desmontaría mis temores dando buena cuenta de grandes planes de sustitución que se me habían pasado por alto. Obviamente, lo que pasó fue justo lo contrario: Pedro confirmó uno por uno todos mis temores, subrayó mis mismas conclusiones... Unos días más tarde tomé la decisión de dedicarme al menos en el tiempo libre a hacer divulgación de este tema tan crítico.

¿Qué es lo que ha cambiado en cinco años?

Si pudiéramos mirar las cosas con la suficiente perspectiva, veríamos que ha habido muchísimos cambios y muy radicales, pero nos cuesta aceptarlo, porque nuestra mente tiende a aferrarse a lo que tiene y no a lo que puede perder. A nivel local, en 2009 el paro en España comenzaba a ascender con fuerza, pero a principios de aquel año estaba aún en el 14%, casi 10 puntos por debajo de donde está ahora (y podríamos estar peor si la emigración no estuviese "aliviando" este problema, aunque sea a costa de dejar a España más debilitada de cara al futuro). Ha habido un empobrecimiento generalizado, una clara disminución de la renta media: sueldos congelados de trabajadores públicos y reducciones de sueldo masivas vía recontratación más precaria en el sector privado, y dos tercios de los españoles sufren carencias en aspectos esenciales (según el informe FOESSA de Cáritas). En estos años se ha hablado varias veces de un posible rescate y de los problemas de la deuda pública. Las mal llamadas "políticas de austeridad" se han convertido en norma, generando mucho desencanto, movimientos de protesta generalizados (del cual el 15M fue su mayor exponente) y una ira creciente contra la clase política y las instituciones, cada vez más percibidas como intrínsecamente corruptas, cada vez más denostadas porque la mayoría cree que son las causantes de nuestra desgracia. En España el sentimiento de rabia crece, sin que la prometida recuperación (que probablemente se hundirá en los próximos meses) consiga calmar los ánimos, y eso está desencadenando procesos inimaginables hace 5 años. Por ejemplo, hace 5 años era impensable que Cataluña se separase de España, y ahora en esta comunidad prácticamente no hay otro tema de discusión en la calle, en los días previos a la consulta que no es una consulta pero es una consulta del 9 de Noviembre. Cataluña ha optado por regenerarse por la vía de cortar por lo sano, cortar con la pobre y denostada España, y dejar que el resto se pudra. Y ese resto ha optado por su propia vida regenerativa, con un desplazamiento masivo de electores hacia una nueva fuerza política, Podemos, de orientación progresista y martillo dialéctico (en ocasiones con tono populista)
de "la casta política". La irrupción de Podemos provoca cada vez más inquietud y congoja en los partidos tradicionales, y es que según algunas encuestas recientes Podemos se ha convertido ya en la primera fuerza política de España por intención de voto.

Pero si abrimos el zoom y nos fijamos en Europa, nos daremos cuenta de que España no está experimentando un fenómeno aislado. En la vecina Francia se aventura que un movimiento populista, en este caso escorado a la derecha, podría conseguir la próxima presidencia de la República; Italia y Grecia, intervenidas en lo económico y habiendo sufrido, ambas, cambios no muy diferentes a un golpe de Estado; Alemania, que ha aguantado mejor el tipo pero ve negros nubarrones en su futuro... Si uno mira el factor petróleo, cómo la demanda está cayendo en medio de una crisis que no puede jamás acabar, se entiende que la escasez de energía y en particular de petróleo probablemente tiene mucho que ver con lo que está pasando. Alemania ha podido recurrir al carbón para disminuir su propia caída energética, utilizando en demasía a su propio lignito, en un camino sin mucho recorrido e incierto final; y los demás han tenido que afrontar la caída, que en algunos casos (Italia, España, Portugal) ha sido simplemente brutal.

Imagen extraída de "Energy briefing: Global Crude oil demand & supply ", de Yardeni Research: http://www.yardeni.com/pub/globdemsup.pdf

Ampliando más el zoom y yendo ahora a las puertas de Europa, podemos ver en este momento varias guerras civiles: Ucrania, Libia, Siria, Egipto, ahora Irak... Y si miramos por fin el panorama global, hay numerosas fuentes de preocupación, en Latinoamérica, en Asia, en África... Sólo un puñado de países, que incluyen a los EE.UU. y China, han conseguido capear, con no pocas dificultades, a lo peor de estos años, aunque ahora mismo tampoco se divisan en lontananza días de vino y rosas para este selecto grupo (viendo por ejemplo el deterioro de las perspectivas económicas para los dos países).



Dramático como ha sido el curso de los acontecimientos durante el último lustro, no ha sido tan malo como temíamos muchos de los que nos dedicábamos a la divulgación de la crisis energética. Hay que reconocer que ha surgido un freno imprevisto a la caída de la producción de petróleo, un recurso con el que no contábamos y que explica la relativa estabilidad del suministro de petróleo y de su precio (aunque haya sido elevado) durante los últimos 5 años: la irrupción del fracking en los EE.UU. Gracias a la introducción de esta técnica a escala masiva, primero en la búsqueda del gas de esquisto y luego para extraer el mucho más interesante y rentable petróleo ligero de roca compacta (Light Tight Oil), los EE.UU. han conseguido invertir la tendencia al declive de su producción de petróleo, que ya estaba en torno a los 5 millones de barriles diarios (Mb/d) y añadir en un tiempo récord 3 Mb/d de LTO y condensados, y aún el Departamento de Energía de los EE.UU. sueña que el año que viene los EE.UU. podrían alcanzar su máximo histórico de producción de petróleo crudo de 1970, que fue de 10 Mb/d.





Nota para los que se sientan confusos porque han leído que EE.UU. ya supera a Arabia Saudita en producción de petróleo: esas noticias se refieren a "todos los hidrocarburos líquidos" o, dicho a veces en abuso de notación, "todos los líquidos del petróleo", lo que incluye los biocombustibles (que no aportan energía neta) y los líquidos del gas natural (que sólo parcialmente pueden sustituir al petróleo).

Pero si una cosa no ha cambiado en los últimos 5 años son las estrategias de negación de que pueda existir un problema con la energía. Continuamos con los mismos disparates y tecnofantasías: seguimos hablando de la energía nuclear (convencional, de cuarta generación, de fusión...) o del inmenso futuro de las renovables, con repetidas noticias fuera de contexto y exageradas que hacen pensar al lector desinformado que una revolución energética está próxima y que todos los problemas se van a resolver pronto... y aquí estamos un lustro después, empantanados en problemas sociales y económicos crecientes y en vísperas de una nueva oleada recesiva que nadie quiere aceptar que ya está aquí.
La opción nuclear ha perdido fuerza después del desastre de Fukushima y el progresivo abandono de la nuclear convencional en Europa; por otro lado, sin embargo, aún hoy oímos cantos de sirena que nos prometen llevarnos a un paraíso renovable. Es verdad que el Gobierno de España, éste y el anterior, han boicoteado esta alternativa, pero no es menos cierto que los nuevos sistemas de energía renovable tienen muchas limitaciones pocas veces reconocidas (empezando por el hecho de que no es electricidad lo que nos falta, sino ese 79% de energía final no eléctrica que es difícil de electrificar; y a pesar de eso cada vez que se habla de energía en los medios de comunicación se insiste en el sector eléctrico). La única revolución energética que realmente se ha hecho es la del fracking, y ha sido a un coste inhumano: con los EE.UU. exportando inflación a los países proveedores, explotando yacimientos de rentabilidad económica a pesar de ello más que dudosa, incurriendo en cada vez más problemas económicos... ¿Y todo para qué? Para llevar a las 127 compañías productoras de gas y petróleo más grandes del mundo al borde de una bancarrota que no se hará esperar mucho, sobre todo ahora que la débil demanda fruto de la recesión en ciernes arrastra los precios del crudo hacia abajo. Hemos ganado unos años simplemente para ponernos en una situación peor cuando todo reviente, porque los Estados se verán obligados a intervenir y rescatar un montón de empresas estratégicas por su vinculación con la energía. Pero ahí siguen las estrategias de negación (la última consiste en decir que es Arabia Saudita la que está aumentando su producción para hundir los precios del petróleo y así acabar con el fracking americano, cuando en realidad Arabia Saudita redujo su producción en Septiembre para contener la actual sangría de precios).

No sólo las estrategias de negación de la crisis energética no han cambiado en los últimos 5 años, a pesar de los problemas cada vez más graves que nos aquejan. También se sigue acusando a los que alertamos del problemas y de que no hay soluciones sencillas de ser unos catastrofistas; quizá con mayor virulencia y violencia verbal últimamente, eso sí. Y sin embargo, si en el año 2009 hubiéramos contado que hoy íbamos a estar como estamos en este momento nos habrían tomado por locos agoreros y nos habrían denigrado por catastrofistas irredimibles. Y, en realidad, aquí estamos, a pesar de tanto brindis al Sol, a pesar de tantos anuncios hechos en este lustro (como en todos los precedentes) de que Eldorado energético ya estaba a nuestro alcance. ¿Qué han aportado, qué están aportando los que apodan la mera descripción de nuestra realidad como "catastrofismo"? Se podría decir que nada, pero no es verdad. Toda esta gente que reacciona con agresividad cuando se les habla de la crisis energética, esa gente que me escribe airada y con aire jactancioso, con un "¡Ja!" en la boca, cada vez que leen una noticia en el diario de un nuevo avance que creen definitivo pero que nunca saldrá del laboratorio o de pruebas piloto; toda esa gente que cree con la fe del carbonero en las mismas tonterías y en las nuevas tecnofantasías que hemos visto en los últimos 40 años, y que dentro de 5 años serán sustituidas por otras al tiempo iguales y nuevas; todas esas personas que siguen engañadas y ciegas a una triste y desagradable realidad, soñando en un futuro "Lleno de energía" mientras que en el mundo real el consumo de energía de España sólo cae... todas esas personas en suma, sin pretenderlo obviamente, están haciendo un daño terrible y están poniendo en peligro nuestro futuro. Puesto que el tiempo de tomar decisiones, de manera adulta, valorando correctamente la situación, tanto si nos gusta como si no, es ahora. Los verdaderos catastrofistas no somos los que denunciamos un sistema destructivo que se está desintegrando y está haciendo sufrir a tanta gente, no. Los verdaderos catastrofistas son aquellos que niegan a mirar la realidad a la cara; los verdaderos catastrofistas son los que rechazan que pueda haber un cambio y prefieren seguir en esta desgracia y profundizar en ella; los verdaderos catastrofistas son aquellos a los que les cuesta menos imaginarse el fin del mundo que el fin del capitalismo, y que de hecho creen que ambas cosas son equivalentes cuando en realidad no es así, cuando en realidad puede haber un futuro brillante para la Humanidad si decide dejar de ser adolescente (intentando el imposible de crecer sin límites en un planeta finito) y asume una serena madurez. Acusan a los que hablamos como adultos de ser catastrofistas cuando son ellos los que nos arrastran a una catástrofe perfectamente evitable, simplemente porque no quieren imaginar otra posibilidad, y encima se ensueñan con ella.
 

También hace ahora 5 años desde que la misión europea SMOS despegaba desde una base rusa; era el primer satélite capaz de medir la salinidad superficial del océano desde el espacio. Este lanzamiento supuso un gran cambio en mi vida, pues mi actividad profesional se ha ido alineando progresivamente con la gestión de nuestra actividad en la misión, y en la actualidad consume una buena parte de mi jornada laboral. Una nueva realidad, la de la gestión de un grupo de investigación, que me lleva a tener que viajar continuamente, cumpliendo compromisos y buscando dinero para mantener en marcha mi equipo, un grupo de gente muy capaz y competente (y, por encima de todo, buenas personas) que tiene la desgracia de padecer a un jefe esquizofrénico que durante el día mantiene una intensa actividad bautomática mientras por la noche y en las horas muertas de los aeropuertos escribe sobre el fin de la sociedad industrial en este blog.

En estos 5 años mi vida personal también ha cambiado mucho. Entonces tenía una hija, ahora también un hijo. Durante este lustro perdido pelo y vista pero no mucho peso, sólo un poco cuando estuve a punto de perder la vida hace tan sólo seis meses. También ese terrible evento ha cambiado mi vida. Ya no me quedo escribiendo de madrugada, ya no pico entre horas para mantenerme despierto e intento hacer una vida más sana, sólo una pizca, sólo una miaja. Con mayor frecuencia me da por pensar en qué será de mi familia cuando yo no esté; a veces atisbo que a la larga solo puedo meterme en problemas (como las amenazas de muerte de un loco que tuve que soportar hace algo más de un año, y como las cosas que sin duda están por venir en estos tiempos turbulentos que ya se adivinan) y que no merece la pena continuar para lo poco o nada que vamos a conseguir. Pero todavía, me digo, sigo estando vivo.

¿Qué pasará en los próximos 5 años? No lo sé. Difícil es de saber. Muchas de las estrategias de huida hacia adelante que se han emprendido en los últimos años parecen estar llegando a su fin, sin haber mejorado la situación global y en muchos casos habiéndola empeorado, habiendo creado más estrés en el sistema y haciendo más probable una caída precipitada y desordenada. Hace 5 años creía que estaremos peor de lo que en realidad  estamos. Hoy creo que dentro de 5 años estaremos en una situación francamente nefasta; ojalá me equivoque. En realidad, allá a donde lleguemos depende completamente de nosoros. Siempre ha dependido de nosotros.

Salu2,
AMT

P. Data: De momento me tengo que ir a Bruselas un par de días (aunque no podré escuchar a Ugo Bardi allí). Y dentro de una semana tenemos una cita anual importante: la salida del World Energy Outlook 2014, la que para mi marca el cambio del año "Oil Crash". Yo estaré esos días entre Valencia y Castellón y por eso mi análisis del informe de referencia en el mundo de la energía se demorará probablemente más de lo habitual; espero que sepan disculpármelo