miércoles, 9 de agosto de 2017

El camino imposible hacia la transición renovable


Queridos lectores,

Cada vez que discuto sobre el problema de la crisis energética con especialistas del sector de las renovables, me encuentro, siempre, con los mismos planteamientos y con la misma discusión. Suele comenzar mi interlocutor, quien me comenta de los avances que se están haciendo en tal o cual tecnología para el mejor aprovechamiento renovable o para incrementar su penetración en la generación eléctrica. A esto vuelvo yo recordando que la electricidad representa poco más del 20% de la energía final consumida en un país avanzado como España, y que el 70 y muchos por ciento no eléctrico no es fácil de electrificar, y que se requiere mucho esfuerzo y planificación para llevar tal tarea a cabo, sabiendo que ciertos usos de la energía probablemente nunca se electrificarán. En añadidura, hacer toda esa transformación en el contexto que supone el desafío del peak oil, momento probablemente ya superado, en conjunción con los probablemente ya pasados picos del carbón y del uranio, y el no demasiado lejano pico del gas, implica que en relativamente poco tiempo vamos a necesitar mucha energía que ya no tendremos. Y que quizá el foco se debería poner en ver cómo se tienen que diseñar los escenarios para que la transición renovable sea estable, pues sin planificación podríamos acabar siguiendo un callejón sin salida (como los primeros resultados del proyecto MEDEAS parecen indicar - serán presentados el próximo septiembre, por cierto). En ese momento, mi interlocutor suele responder que todo lo que sea ir incrementando el potencial de generación renovable nos hace avanzar en la necesaria transición energética. Esa respuesta (la de que ir añadiendo sistemas de generación renovable es siempre avanzar en la buena dirección) demuestra, entre otras cosas, que mi interlocutor no ha entendido lo que le acabo de decir. Pues justamente uno de los problemas que tenemos es que, para que la transición renovable llegue a buen puerto y no nos conduzca más rápidamente al colapso, se requiere un alto grado de planificación.

Que la transición renovable, para que sea efectiva, requiere un alto grado de planificación, es algo que choca con las expectativas de la mayoría de los expertos, y no hablo aquí sólo de los despistados de los que me suelo mofar. Incluso a aquellos expertos con posiciones más aperturistas, que comprenden que lo que llamamos (sin serlo) libre mercado no lo puede regular todo, les resulta incomprensible que se tenga que tomar una medida tan drástica como inhibir la autoregulación y marcar férreamente desde una autoridad central qué se debe hacer y cómo se debe hacer. Sin embargo, tenemos ya muchos indicios de que tal planificación es absolutamente necesaria. Por ejemplo, en el trabajo que publicamos en 2012 (en el que asumíamos muchas simplificaciones pero como mínimo introducíamos planteamientos realistas sobre la capacidad tecnológica de los sistemas a utilizar y sobre el uso de materiales requeridos) llegábamos a la conclusión de que la meta del 100% renovable podría ser alcanzada pero 1) se tenía que implantar, a escala mundial, una economía de guerra inmediatamente y durante los siguientes 30 años; 2) se necesitaría un grado de cooperación internacional a una escala nunca vista; y 3) una vez llegado al 100% renovable se tendría que abandonar para siempre el objetivo del crecimiento, pues el abastecimiento energético ya no podría crecer sobre el nivel conseguido, y todo lo más que se podría hacer sería repartir lo que hubiese.

Existe entre los especialistas una gran (y alarmante) disparidad de opiniones sobre el potencial renovable y muchas discrepancias en cómo se podría construir un mix 100% renovable a escala global - conviene aclarar primero que por tal cosa queremos decir uno capaz de producir una cantidad de energía que mantuviera una parte substancial de la actual sociedad industrial; obviamente, si colapsaramos por completo las sociedades humanas sobrevivientes serían 100% renovables a la fuerza, pero lógicamente a un nivel energético muchísimo menor que el actual. Y las diferencias de opinión son tan grandes que algunos expertos afirman que se podría mantener el objetivo del crecimiento durante muchas décadas aún, mientras que otros indican que es imposible de conseguir el 100% renovable, si lo que se pretende es mantener el nivel de consumo similar al actual. Pero, a pesar de esas diferencias, los estudios medianamente serios suelen llegar a una conclusión no demasiado diferente de la de nuestro trabajo de 2012, es decir, que es necesario tomar medidas muy drásticas de planificación en el uso de recursos y en las políticas energéticas e industriales para poder conseguir el objetivo 100% renovable, y que tales políticas tendrían que ser vigentes durante muchos años. En algunos casos, análogamente a nuestras conclusiones, se explicita la imposibilidad de seguir creciendo; en todos ellos, queda claro que hay que poner coto a los sistemas de libre mercado e imponer una planificación obligatoria a escala mundial.

Éste es uno de los grandes problemas de la transición a un modelo de producción de energía 100% renovable (se sobreentiende siempre, manteniendo la sociedad industrial). Y es que, con esos planteamientos, el mix energético 100% renovable es incompatible con la economía de mercado. El problema es muy profundo, pues no afecta solamente a la producción y distribución de energía: dentro de un paradigma capitalista se podría llegar a aceptar que la energía fuera un servicio nacionalizado, con tal de que se permitiera que el resto de actividades fuera completamente liberalizado; sin embargo, dado que la energía es la precursora de la actividad económica (la energía es la capacidad de hacer trabajo, y porque somos grandes consumidores de energía podemos incrementar enormemente el PIB - recordemos que el incremento de consumo de energía es responsable del 60% del incremento del PIB), si uno limita el uso de la energía (y la planificación energética no se limita a la producción, sino que abarca también quién usa y cómo usa la energía) toda la actividad económica acaba sometida a planificación.

Éste es el gran problema de la transición energética. No es sólo que se consiga una rentabilidad a la altura de las expectativas de los inversores, sino que, en cuanto se habla de un cambio radical y a gran escala de la matriz energética, se hace necesario cambiar todo el sistema productivo y, por ende, el sistema económico. Yendo más lejos aún, no queda más remedio que abandonar dos pilares del capitalismo: la liberalización económica de los sectores productivos y el crecimiento perpetuo. Debido a eso, es completamente natural que los grandes capitalistas sientan una profunda aversión por la transición energética, a la que ven como poco menos que un neocomunismo disfrazado de ecologismo (aunque, como ya vimos, el comunismo tiene el mismo problema de insostenibilidad energética que el capitalismo). No deja de ser curioso que la bastante manifiesta aversión de los máximos exponentes del capitalismo a la transición renovable sea interpretada por los grupos pro transición como un miedo a la posibilidad de "democratizar el acceso a la energía", ya que -interpretan estos grupos- la producción de energía renovable sería de manera natural descentralizada (o sea, que cada hijo de vecino podría "producir su propia energía", como suelen decir). Dejando al margen si los sistemas renovables podrían producir tanta energía como se piensan (cosa en sí misma discutible, habida cuenta de los límites de los sistemas renovables), resulta obvio que la liberalización real y absoluta de la producción de energía no es realmente lo que preocupa a los capitalistas, como tristemente muestra el caso de España (pues si es preciso se usa el poder político, completamente cooptado por el económico, para introducir barreras de acceso al mercado al productor minorista).

En realidad, el problema de los sistemas renovables, además de sus límites, es que la producción de energía de origen renovable (dejando de lado la hidráulica) tiene una baja densidad energética y baja exergía. En todas las transiciones energéticas que ha vivido la Humanidad desde el principio de la Primera Revolución Industrial, siempre se ha pasado de fuentes de energía menos densas energéticamente a otras más densas energéticamente, y además las fuentes antiguas no eran abandonadas, sino que todo se iba acumulando. En este caso, se requiere no sólo sustituir una energía densa y versátil, como la que nos proporcionan los combustibles fósiles, por una menos densa y menos versátil, y encima al tiempo ir eliminando el uso de los combustibles fósiles por la doble necesidad de su producción decreciente y por la lucha contra el cambio climático. Como digo, la restricción es doble: por un lado, es necesario reducir nuestras emisiones de CO2 a un ritmo muy rápido para evitar desestabilizar aún más el clima de nuestro planeta; pero, por el otro, aún cuando quisiéramos alargar la época de los combustibles fósiles todo lo posible, el progresivo y termodinámicamente inevitable descenso de la producción de energía fósil minará la viabilidad de nuestro sistema económico, condenándonos a una crisis que no acabará nunca. Bajo tales restricciones, nuestro sistema económico está tocado de muerte y es inevitable buscar un sistema de planificación energética y económica, como comentábamos más arriba, pero no por cuestiones ideológicas, sino meramente lógicas. Parafraseando a Bill Clinton, podríamos decir: ¡Es la Termodinámica, estúpido! Sin embargo, la mayoría de los grupos ecologistas y concienciados con el medio ambiente insisten en las vías evolutivas y posibilistas, como el ejemplo que explicaba al principio de este post. Estas personas creen de buena fe que el ir incorporando sistemas renovables va contribuyendo, aunque sea poco a poco, a disminuir las emisiones de CO2 y nos lleva por la buena dirección. Una buena dirección sobre la que siempre he dudado, y que por las razones expuestas en este post es más bien un malgasto de recursos, puesto que con ella no se consigue una disminución del consumo de combustibles fósiles y no se va a la raíz del problema. En suma, alentar las vías evolutivas dentro del mecanismo de un (presunto) libre mercado no es más que una distracción inútil, cuando lo que ya es inaplazable es un cambio del sistema económico y productivo. Sin embargo, todos somos conscientes de que el discurso de la mayoría de las organizaciones pro transición energética sigue encerrado en el posibilismo de una evolución del sistema, en vez de plantear abiertamente una revolución del sistema.

Por supuesto mi posición no sólo es minoritaria, sino  también bastante impopular. Por todo ello, viendo la falta de avances reales hacia una transición energética que merezca tal nombre mientras que en la prensa se jalean como si fueran grandes logros cambios verdaderamente anecdóticos, y viendo cómo proliferan los análisis que anuncian décadas de precios bajos del petróleo cuando claramente nos dirigimos hacia una caída abrupta de la producción que generará un nuevo shock de precios (que la Agencia Internacional de la Energía espera para antes del final del 2018), lamentablemente sólo puedo ser pesimista en lo que a nuestro futuro inmediato se refiere. Tal y como lo veo, un cierto grado de colapso es ya inevitable, porque sólo cuando haya graves disfuncionalidades a gran escala se comprenderá que hace falta algo más que un cambio cosmético y posibilista. Es una manera necia de obrar, pues para cuando los problemas tengan tal magnitud tendremos menos recursos y menos margen de maniobra para actuar de manera eficiente, pero aún quiero creer que en ese momento podremos implementar los cambios que todos necesitamos y que a todos nos benefician.


Salu2,
AMT

martes, 18 de julio de 2017

Siervos de Entropía


Queridos lectores,

Cuando yo era niño apareció un videojuego, uno que marcó a toda una generación, más o menos a la edad en la que yo podía comenzar a interesarme por esas cosas. Ese juego era el Pac-Man, el cual, a pesar de lo arcaico que se ve desde hoy en día, es probablemente conocido por la mayoría de mis lectores. Como ya sabrán, la dinámica del juego es muy simple: escapar de los fantasmas (salvo cuando estabas bajo el influjo de una gominola de poder) y comer tantas gominolas como podías. Cuando te comías todas las gominolas de un nivel el juego se paraba, los fantasmas y Pac-Man volvían a sus posiciones iniciales, reaparecían las gominolas y comenzabas en un nuevo nivel. Con cada nivel que se progresaba, los fantasmas se movían cada vez más rápido. Yo jugué mucho a ese juego con una videoconsola Atari (muy avanzada en su época) y con práctica llegué a pasar muchos niveles seguidos, hasta niveles donde los fantasmas se movían a una velocidad increíble. Al final, inevitablemente, siempre te mataban, y ésa era la única posibilidad para terminar la partida (aparte de apagar la consola). Lo más curioso de aquel juego era como, a pesar de lo banal del objetivo (conseguir tantos puntos - un ente abstracto sin mayor significado-  como fuera posible), era muy muy adictivo. De alguna manera, ese objetivo sencillo y ramplón era capaz de generar en el cerebro de los jugadores los adecuados mecanismos de recompensa que hacían que pudieras pasar un montón de horas intentando retrasar la - por otra parte ineludible - muerte y fin de la partida. Entre otras cosas, porque una de las gracias del juego era mostrar que eras capaz de hacer más puntos que los demás.

A cualquier lector avezado de este blog no se le oculta que este ejemplo tonto de un pasatiempo en el que se busca tener más y más sin que ello en realidad redunde en ningún beneficio mesurable es un buen ejemplo de tantos comportamientos desviados e insostenibles de nuestra sociedad. Se puede alegar, como frecuentemente hacemos, que este ansia por acaparar más y más de lo que sea (ya sea puntos electrónicos en un videojuego, ferraris en el garaje o mierdas pinchadas en un palo) es el resultado de un error educativo, y no dejará de ser cierto, pero quizá haya también algo más. Un trasfondo biológico que nos lleva a la maximización de los flujos, por destructivos que sean, una tendencia que de alguna manera está impresa en nuestro ser y que la sobreexcitación capitalista siemplemente ha elevado a la máxima potencia, pero que siempre ha estado ahí.


Cuando se explica lo insostenible que es nuestra sociedad, abocada al objetivo de crecer sin límites en un planeta finito, a veces se nos compara con la levadura. Como es bien sabido, una pequeña muestra de levadura, convenientemente vertida en el zumo de la uva, aprovechará la enorme abundancia de azúcares del ambiente para reproducirse a un ritmo exponencial, y en el proceso, también exponencialmente, agotará los recursos que la hicieron medrar tan rápidamente y aumentará la cantidad de alcohol, que a la postre convertirá el ambiente en excesivamente tóxico para el microorganismo y le condenará a su colapso y extinción. No se puede negar la enorme fuerza de la comparación entre la levadura y la Humanidad: un exceso de recursos les lleva a crecer alocadamente y al final el ambiente degradado que ellas mismas han generado les lleva a sucumbir completamente. Lo curioso desde el punto de vista biológico es que este ejemplo de crecimiento desbocado y sin autocontrol es algo repetido con cierta frecuencia en la naturaleza: en la marabunta, en las plagas de langosta o de lemmings, en las mareas rojas de algas... Siempre la misma historia: una especie tiene demasiado éxito en el acceso a los recursos y acaba destruyendo el hábitat que la sustenta, hasta que ya no puede sustentarle y acaba colapsando, muchas veces de forma completa, por inanición.

La función última de los seres vivos es, todavía hoy, un misterio. Desde el punto de la Física, que es el que yo conozco mejor, por definición un ser vivo es un ente que vive en una continua lucha contra el Segundo Principio de la Termodinámica (ya saben, el que establece que la entropía del Universo siempre crece). Los seres vivos, para mantener su organización interna y funcionalidad, tienen que mantener un flujo continuo de materia y energía: materia, para autorepararse, y energía, para mantenerse en marcha. Ese flujo positivo de materia y energía también puede ser interpretado como un flujo negativo de entropía: los seres vivos se deshacen de la entropía que genera su propia existencia, y lo hacen a costa de aumentar más rápidamente la entropía de su entorno. Esta interpretación de los seres vivos como sistemas lejos del equilibrio termodinámico y fuentes de entropía fue sugerida ya por Richard Feynman en la década de los 50 del siglo pasado y desarrollada en la década siguiente por Ilya Prigogine, y ha sido utilizada profusamente desde entonces. 

En realidad, la idea de que los seres vivos son estructuras altamente disipativas es fuertemente perturbadora, porque plantea un inquietante interrogante sobre la función real de los seres vivos. Si al final lo que posibilita la vida es el gradiente del potencial químico que accidentalmente se crea en algunos rincones del Universo, ese gradiente que va desde los recursos a los residuos y que hace nuestra mera existencia posible, los seres vivos cumplirían la función de destruir de la manera más rápida posible esos gradientes, es decir, maximizando la tasa de creación de entropía, hasta el extremo de llevarles a su autodestrucción. Esa trampa natural, de que somos nosotros mismos los que consumimos los gradientes de recursos que propician nuestra existencia por el mero hecho de vivir, es otra de esas amargas lecciones que nos deja el Segundo Principio de la Termodinámica, posiblemente la más deprimente y fatalista de las leyes y principios de la Física.
 
Con todo, los seres vivos individuales parecen haber desarrollado estrategias para reducir su flujo entrópico a uno que les permita mantener su entorno habitable durante más tiempo (nunca eternamente, por supuesto, pero nada es eterno). Sin embargo, algunas especies tiene dificultades para estabilizar su débito entrópico-metabólico, sobre todo porque no consiguen mantenerse en equilibrio con su ecosistema (en casos como el de la levadura, porque su ecosistema ha sido artificialmente adulterado) y así se comportan como verdaderos maximizadores de la entropía (dicho de otro modo, gestionan mal la abundancia). También de manera natural, los ecosistemas desequilibrados tienden a colapsar y a ser substituidos por otros mucho más equilibrados y con menor débito entrópico-metabólico.

No deja de ser paradójico que la especie que más fomenta los desequilibrios que favorecen las plagas (es decir, las explosiones biológicas que maximizan la creación de entropía), y para comenzar la de sí misma, es el que se jacta de ser la única inteligente en este planeta. Eso no quiere decir que las comunidades humanas estén condenadas a ser macroorganismos maximizadores del débito entrópico y por tanto abocadas a su autodestrucción acelerada. No,  no es ése el destino de todas las civilizaciones humanas. Algunas han demostrado ser capaces de moderar su débito entrópico-metabólico, de vivir intentando no acelerar la inevitable entropización del entorno, el crecimiento de la destrucción. Civilizaciones que aprendieron a vivir en armonía con la naturaleza, vivir a un ritmo metabólico justo y necesario. Pero el capitalismo ha sido concebido para maximizar la entropía colectiva. 

Puede sonar a un poco reduccionista la definición del capitalismo como un sistema que maximiza la producción de entropía de la Humanidad, pero en realidad es exactamente ésa su función. Es bien conocido que en el capitalismo lo que es importante no es el stock absoluto, sino la maximización, justamente, de los flujos. No es importante el PIB en sí, lo que es importante es su tasa de crecimiento, porque ella expresa la esperanza de crecimiento del capital, es decir, la tasa de interés que puede esperara conseguir de sus inversiones. Por ese motivo, no es importante cuánto se tiene, sino tener siempre más y además que la velocidad del crecimiento sea cada vez mayor en términos absolutos (pues ha de llegar a un porcentaje mínimo en términos relativos, y por tanto el incremento es mayor cuanto más se tiene). Por eso mismo, no importa si se degrada el entorno o si disminuyen los recursos necesarios para seguir en marcha; lo que importa es que los flujos sean crecientes, es decir, que se consuman más recursos y se produzcan más residuos, es decir, que crezca la entropía y que cada vez lo haga más rápido. Al final, ésa es la verdadera función del capitalismo: acelerar hacia el colapso entrópico.

De entre los muchos residuos y subproductos tóxicos que se generan con la aceleración entrópica del capitalismo, uno de los peores es la propaganda, que tiene el poder de intoxicar mentes y nublar el entendimiento delante de verdades simples. Por ese motivo, por culpa del fuerte y persistente efecto de la propaganda, se ven los intentos de vivir dentro de los límites biofísicos que nos marca el planeta y de reducir nuestra tasa entrópica a un mínimo razonable como actitudes infantiles, bienintencionadas pero poco maduras, cuando no reaccionarias (como a veces se ataca desde ciertos sectores de la izquierda a las propuestas decrecentistas). Entre tanto, el capitalismo juega a una especie de Pac-Man macabro, buscando maximizar el número de puntos - las unidades monetarias con las que cuantifica su "éxito", aunque éstas no tengan ningún valor intrínseco - sin darse cuenta de que a la larga, forzosamente, será destruido por los fantasmas de la entropía.

Pero, hace falta insistir en ello, el curso que seguimos no es inevitable. Imagínense que jugasen al Pac-Man intentando evitar comer la última gominola del primer nivel. Ciertamente no sería fácil, y el acoso de los fantasmas sería constante, pero como no se acelerarían (al no pasar de nivel) sería mucho más sencillo moverse, durante más tiempo, en el filo de la entropía. Está claro que la mayoría de la gente consideraría tal manera de jugar muy estúpida, porque haríamos pocos puntos, pero imagínense ahora que la competición fuera no a conseguir muchos puntos, sino a durar el mayor tiempo posible.


Sabemos que tenemos que morir, sabemos que no podemos ganar la batalla a la entropía por tiempo indefinido. Del mismo modo, como macroorganismos vivos que son, las civilizaciones mueren, y por fuerza nuestra propia civilización tendrá que morir. Pero no es lo mismo morir después de una vida dichosa y en equilibrio, que morir violentamente después de innumerables excesos, dolor y destrucción. 

La obsesión del capitalismo por maximizar los flujos mientras destruye la base material que le sustentan es algo muy grave. Pero peor que eso es la falta de capacidad de aceptar críticas razonadas basadas en datos y argumentos sólidos basados en las ciencias empíricas, hasta el punto de que el pensamiento económico actual en poco puede diferenciarse de un culto religioso destructivo. La visceralidad de la reacción de los zelotes de este culto, lo agresivo e irreflexivo de sus respuestas cuando uno plantea las alternativas razonables para evitar estrellarse (decrecimiento, economía de estado estacionario,...) muestran a las claras que aquéllos que rigen nuestra sociedad son sacerdotes del culto a la Entropía, entronizada como una diosa pagana de la destrucción. Sólo quieren maximizar el capital por maximizar el capital, entendido ya como un incremento de unos números registrados en un sistema electrónico, no un crecimiento de un capital físico real. Ya no se busca crear objetos durables (hasta las casas y las infraestructuras se construyen para que tengan caducidad), ya no se busca crear un capital físico, sino la mera maximización de flujos. Básicamente, sólo se busca ganar más puntos en el Pac-Man aunque eso acelere nuestra llegada al choque contra el fantasma de la entropía. ¿Para qué? Realmente son sólo siervos de Entropía, Diosa de la Muerte y la Destrucción.

Todos somos, en realidad, siervos del mal, siervos de Entropía, pues con nuestras acciones diarias dentro de esta sociedad en la que vivimos estamos contribuyendo más de lo que realmente sería necesario a gastar recursos y degradar el medio ambiente, a incrementar la entropía en suma. Tenemos que aprender (yo el primero) a vivir dentro de los límites, a no tener vergüenza de vivir en armonía y equilibrio. No es una cuestión moral, pero es una cuestión de supervivencia. Y debemos de ser capaces de explicar estas cosas sin temer ser reprendidos o avergonzados por ello.

Salu2,
AMT

martes, 11 de julio de 2017

El declive de las energías fósiles en Latinoamérica y Caribe

Queridos lectores,

Una vez más, Demián Morassi, Erasmo Calzadilla y Aníbal Hernández ha preparado un análisis bastante detallado sobre la evolución de la crisis energética, bastante útil para tomar una perspectiva diferente y no eurocéntrica del significado de la misma (y ojalá para aprender algo).

Les dejo con los tres expertos.

Salu2,
AMT


Imagen posteo Latinoaméricat.jpgDespacito, vamos cayendo suavecito.

El declive de las energías fósiles en Latinoamérica y Caribe

Por Erasmo Calzadilla, Aníbal Hernández y Demián Morassi.


Por tercer año traemos nuestras observaciones sobre la energía en Latinoamérica y el Caribe aprovechando la salida del nuevo BP Statistical Review of World Energy [1].
Desde 2015 descubrimos y presentamos a nuestros lectores un problema al cual suponemos potencialmente catastrófico: “La región está abocada a una crisis energética. En poco tiempo llegaremos al pico del consumo; evento que estará asociado al agravamiento irreversible de la situación social” (TOC 2015).
Hasta 2014 la situación era bastante estable, el crecimiento económico de la región aún no se había visto trastocado, sin embargo, a partir del siguiente gráfico, nos animamos a hacer un pronóstico:
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"(...) en muy poco tiempo el consumo de energía superará la producción o, para ser más exactos, el consumo tenderá a ajustarse a la producción declinante y arrastrará consigo a la economía." (TOC 2015)
Y, como temíamos, la estabilidad de la región se empezó a quebrantar. El año pasado comenzamos a verificar cómo llegaba el pico energético en la región (TOC 2016), no sólo de la producción (habían caído la de gas, petróleo y carbón) sino del consumo (los indicadores totales para 2014 y 2015 eran casi idénticos). Esa línea ascendente del consumo podría estar preparándose para su primer declive desde la crisis global de 2008. 
Los problemas políticos de Brasil y de Venezuela eran, al correr 2015, como el plástico: derivados del petróleo. En la economía más grande de la región la corrupción en Petrobras desencadenó un efecto dominó que aún no deja de voltear fichas. En la nueva etapa venezolana post Chávez, la caída del precio del petróleo demostró que un país atado a la exportación de un sólo commodity tiene menos resiliencia que karateka frente al ISIS. La crisis brasileña también golpeó a los países vecinos y la venezolana afectó a los países de Petrocaribe, que han visto reducido drásticamente el flujo de petróleo desde Caracas. Mientras tanto en México, con la caída del precio (tanto del petróleo como del gas y el carbón), la desinversión lleva a que luego de un declive petrolero de una década se preparen para el fin del monopolio de Pemex, en búsqueda de inversores extranjeros. 
La energía de la región recién ahora está mostrándonos a la cara el problema que habíamos especulado desde el lápiz y el papel. 
Si bien Latinoamérica y Caribe no se mueven como un bloque y algunos países están más ligados a EEUU que a cualquiera del resto de nuestros países, esperamos sirva para conectar las necesidades y problemas, ya que a la hora de analizar diversos asuntos de integración en la región, la energía muchas veces permanece en la sombra.

En el trabajo de este año hemos actualizado los datos para entender qué ha sucedido desde entonces; si se han cumplido nuestros pronósticos o nos equivocamos. Vamos a analizar por separado las diferentes fuentes de energía y la situación de los principales productores. Nuestra lectura puede apenas dar un pantallazo del informe, dejando de lado elementos importantes como la capacidad de refinería o el intercambio de esos productos elaborados.
En la siguiente gráfica podemos observar el porcentaje de consumo de cada combustible al terminar 2016.
2017 Gráfico 0 MIX de energía Lat.png

PETRÓLEO
Hace dos años la producción de petróleo en la región decaía de una manera suave, mientras que el consumo crecía como en sus buenos tiempos. La lógica llevaba a pensar que, por la incapacidad de frenar la caída de la producción, antes del 2020 y probablemente en el entorno del 2017, el consumo de petróleo en Latinoamérica y el Caribe comenzaría a descender, con el arrastre de consecuencias económicas y sociales. Finalmente, y luego de una meseta, nuestras predicciones comienzan a cumplirse. Analicemos por partes, pasito a pasito.
Producción de petróleo
2017 Gráfico 2 Petróleo producción.png

La disminución en la producción de petróleo es multifactorial y sería muy difícil deslindar cuánto de ella corresponde a la falta de inversión por la ralentización de la economía mundial y cuánto tiene un origen más propiamente geológico, a raíz del declive de los pozos más generosos, variables estrechamente vinculadas porque la crisis lleva a desinversión y disminución de la producción y esto a su vez a más crisis. Pero el estudio particular de lo que sucede con la extracción en cada uno de los principales productores nos permite asegurar que el aspecto geológico y la disminución de la tasa de retorno energético son fundamentales. El máximo ejemplo es la caída de la producción del Complejo Cantarell en México (el campo más grande del continente), cuyo pico en 2004, marcó el pico de producción en México y su rápida caída arrastró a que los aumentos de toda Latinoamérica nunca vuelvan a los niveles de 2006, hoy Cantarell necesita miles de millones de dólares de inversión para frenar la caída [2].

2017 Gráfico 2 Petróleo prod x países.png

De los cinco principales productores de la región el único que crece es Brasil y no alcanza a compensar las caídas del resto. A las ya tradicionales caídas de México, Venezuela y Argentina, que rondan en algunos casos los diez años (anterior a la asunción de Chávez en el caso de la patria bolivariana), se sumó Colombia. Este país sale de su meseta ondulante y empieza una segunda etapa de declive. En Venezuela y Argentina se mezclan, como hemos dicho antes, factores geológicos, económicos y sociales, pero el resultado final es el mismo: caídas más o menos lentas son parcialmente compensadas por el crecimiento de Brasil, que pasa a convertirse en el mayor productor de la región.

Consumo de petróleo
La región no tiene políticas ambientales que orienten a una descarbonización de la economía. Se puede ver en el vertiginoso aumento en el consumo de petróleo en la primer década y así entender que la incipiente caída actual tiene una relación directa con los límites y no con un proyecto ecosocial. Dos importantes países están pasando de ser exportadores netos a importadores (Argentina y México): el costo de no tener más crudo económicamente rentable, en el primer caso, o la incapacidad de aumentar la capacidad de refinería para la demanda interna en el segundo, obligan no sólo a dejar de ganar dinero sino a empezar a perderlo. La posibilidad de aumentar la importación dependerá de las políticas económicas pero lo seguro es que, como región, nunca podremos usar ni siquiera todo el petróleo que sacamos teniendo de vecino a la gran potencia devoradora de oro negro, Estados Unidos, que seguramente cree más viable hacerse con el petróleo de Venezuela, o cualquier otro país de la región antes que agotar el propio, sumado al aumento de la demanda de China e India que ya representan más de un tercio de nuestras exportaciones. Una vez revisado el cuadro de abajo, entenderemos que las posibilidades de seguir desarrollando nuestra industria y el comercio se van a ver frustradas y por ende la economía regional también. De hecho, ya la economía está decreciendo, en 2016 el PIB para América Latina y el Caribe cayó 1% [3]
Una solución momentánea pero inútil a largo plazo es desplazar la carga hacia el consumidor: México arrancó este año con un gasolinazo (aumentos del 15 al 20%) que condujo a protestas, disturbios y hasta saqueos con al menos seis muertos y más de mil detenidos.
También Venezuela puso fin al irrisorio precio de centésimas de centavo de dólar a la gasolina, y  aunque sigue teniendo el costo más bajo del mundo, en la frontera con Colombia ya vale alrededor de 0,40 dólares el litro [4], esto junto a un inflación galopante, que es otra manera de pasarle la cuenta a la gente que, como en México, también han recibido palo y bala por manifestarse.

2017 Gráfico 1 Petróleo consumo.png

PRODUCCIÓN DE GAS
La producción de gas es dependiente de los gastos en exploración y perforación de las mismas empresas petroleras (sean estatales o privadas). Si éstas tienen que dedicar sus ingresos declinantes (por los precios internacionales o el declive de sus pozos) a pagar deudas, recomprar acciones o indemnizar trabajadores poco quedará para invertir salvo en las zonas muy seguras. El resultado de tan malas noticias es apreciable en la siguiente gráfica.
2017 Gráfico 4 gas producción.png

En Argentina el shale gas empezó a rendir luego de la gran apuesta que se hizo en Vaca Muerta pudiendo frenar la caída del gas; que aún es inferior a la demanda. Ahora bien, con el fin de atraer nuevas inversiones el neoliberalismo, recargado con Macri a la cabeza, optó por una opción previsible: quitar el subsidio (exagerado en muchos casos) a las tarifas de gas y electricidad.
Sin embargo, la quita fue tan brusca, a niveles impagables para muchos, que generó un gran conflicto donde la justicia obligó al gobierno a dar marcha atrás con la liberación de las tarifas para hacerlo paulatinamente. El problema es que en ese largo lapso hubo un frenazo económico con quiebras y cierres de cientos de PyMEs. 
En Trinidad y Tobago, el gran productor de gas del Caribe, la ecuación fue al revés, se han quitado los subsidios a la gasolina para, indirectamente, promover el uso de GNC (Gas Natural Comprimido) para el transporte. Pero tanto en estos casos como en México con el gasolinazo, el declive energético va en detrimento de lo bueno que queda del Estado de bienestar.  
2017 Gráfico 5 gas consumo.png

En el resto de países la extracción de gas siguió por los mismos caminos que la del petróleo: pocas perforaciones desde 2015, poca producción en 2016. Qué esperanzas habrá para 2017 si ya en 2016 el promedio de las plataformas de perforación activas (198) fueron menos de la mitad de las de 2014 (397) [5].

PRODUCCIÓN y CONSUMO DE CARBÓN
Si bien la producción de carbón tiene un papel secundario en el mix energético de la región (5% del total), su consumo está en descenso a pesar que la producción colombiana de esta sucia fuente de energía haya aumentado. Habrá que ver si se hacen efectivas las intenciones de Trump de incentivar el consumo en EE.UU., nuestro principal comprador, y esto promueve una nueva ronda de inversiones. En cuanto al consumo, la caída (-4,1 MTEP) tiene bastante relación con el aumento de las energías eólica, solar y geo-biomasa (+4,5 MTEP).

2017 Gráfico 6 carbón prod.png
2017 Gráfico 7 Carbón consumo.png

RENOVABLES
Las energías renovables siguen representando una esperanza para muchos. Los aumentos interanuales en capacidad instalada de energía eólica son impresionantes, especialmente en Chile (56,3%), Uruguay (43,2% aunque más sostenida en el tiempo) y Brasil (23,1%), pero acá hay que seguir teniendo en cuenta que en nuestro mix energético la electricidad está lejos de ser la principal demanda: petróleo para el transporte y, en menor medida, gas para calefacción se mantienen como poco reemplazables. 
Por otro lado, el abaratamiento de los insumos para molinos eólicos y el interés de empresas extranjeras puede mantenerse hasta un punto que es el del debilitamiento de la demanda. Habrá que ver si el decrecimiento económico de la región es sólo un mal trago para el capitalismo o si, como nosotros suponemos, será la norma en los próximos años. Por otro lado, el calentamiento global de este siglo retrae los glaciares que alimentan los ríos para las represas hidroeléctricas y aún éstas siguen siendo la principal y más económica manera de generar electricidad. Si en la gráfica que sigue no se distingue la energía solar quizás sea porque es apenas un décimo de la energía eólica (amplíe y la verá).
2017 Gráfico 8 renovables consumo.png

EL FUTURO
Como habíamos previsto hace dos años, el consumo energético de ALyC no puede seguir creciendo, y ya ha comenzado a caer. Todas las fuentes decrecen excepto las “otras renovables”, pero su aporte al mix total es mínimo.
2017 Gráfico 9 TOTAL ENERGÍA consumo.png
Energía prod vs consumo.png
Existe una bien estudiada correlación directa entre el consumo de energía y el PIB total. Se puede comparar el gráfico de la CEPAL [6] para Latinoamérica y el Caribe con la línea que describe nuestro gráfico de consumo energético total.
PBI CEPAL.png
Por otro lado sabemos bien que la biocapacidad del planeta está sobrepasada; si todos consumieran como los habitantes de Latinoamérica y el Caribe se necesitan 1,6 planetas para sostener a la población mundial [7]. La ecuación no está cerrando. 
Podríamos estar contentos porque ya en 2016 las emisiones de CO2 de nuestra región son inferiores a las de los tres años precedentes [8], pero la causa de este suceso es otro problema casi más grave. Abogamos por un decrecimiento energético consciente y en lo posible programado, no uno que nos tome desprevenidos y genere grandes sumas de sufrimiento humano. Brasil, Argentina o Venezuela son ejemplos de cómo no deberíamos estar manejando el declive de los fósiles si queremos minimizar el caos y la injusticia social. Los gobiernos y la prensa no están cumpliendo con su papel, corresponde a la sociedad civil y a los activistas conscientes tomar medidas preventivas y hacer presión en el campo político e intelectual.
Muchas comunidades de América viven dignamente con una huella ecológica relativamente baja. Creemos que más cerca de la tierra que de las grandes urbes está la posibilidad de alcanzar un aceptable nivel de desarrollo humano con un decreciente consumo de energía. Cuba lo ha conseguido, no por deseo de su gobierno o la población: los anhelos de desarrollo se han topado con la incapacidad de resolver la ecuación entre un sistema de gobierno autónomo con alto nivel de desarrollo humano (aunque políticamente enajenante) en una economía globalizada que fuerza al neoliberalismo y, en caso contrario, detiene los flujos energéticos y las posibilidades de desarrollo económico. En la otra dirección la cultura de consumo con su propagación en los medios genera un grado de empatía que aún seduce mucho más que el buen vivir andino. Superar el neoliberalismo es aún una tarea titánica y los tantos caminos contrarios se enfrentan no sólo barreras económicas sino también la omisión del Estado, la corrupción o las armas. 
Por nuestra parte seguiremos gastando energía en procesar estos datos y proponer salidas.

Nota: todos los gráficos son elaboración propia a partir de datos de BP Statistical Review of World Energy 2017 [8]. Por petróleo BP refiere a: crudo convencional, extrapesado, shale y GNL (Gas Natural Licuado, cuando los líquidos del gas natural son recuperados de forma separada)

miércoles, 5 de julio de 2017

Apuntes sobre el coche eléctrico: Epílogo

Queridos lectores,

Beamspot nos ofrece la que será la última entrega de su análisis en profundidad de la viabilidad del coche eléctrico. Es una entrada muy personal e introspectiva, sobre la cual me abstendré de hacer comentarios, salvo uno: Gracias, maestro.

Salu2,
AMT

Epílogo a la serie del Coche Eléctrico.
Mi colapso y yo: crónica de una quiebra anunciada.

Mucho han cambiado las cosas desde que empecé a escribir esta serie, mucho es lo que he aprendido, y más lo que se ha clarificado el futuro que nos aguarda.

Una de las razones de escribir esta serie era dejar claras algunas cosas que mucha gente no sabe sobre los coches eléctricos y que considero que se deberían saber, pero, sobre todo, ir desbrozando el camino de lo que hay por delante y de cómo esto va a afectar a todos, especialmente a mí, puesto que la caída del sector automovilístico es una de las primeras consecuencias del Peak Oil.

En el período en que iba investigando todas las implicaciones de la electrificación que se asocia al coche eléctrico, que está de fondo detrás de muchas cosas, no sólo aprendí mucho sobre la situación de nuestra sociedad y cultura, sino también se fue desvelando algo sobre el futuro del coche eléctrico, de la automoción en general, y de nuestra sociedad en particular.

Para aquellos lectores avispados quizás no haya pasado desapercibida la crisis de 2008, que tantos problemas ha dado a mucha gente, y algunas personas además seguimos todavía con el sueldo reducido como consecuencia de dicha crisis.

Es el caso particular del que esto escribe, a quien la crisis y la caída de ventas de los coches, que es precisamente el sector para el que trabajo, no solo llevó a una tremenda reducción de ventas, con los habituales despidos y expedientes de regulación del empleo, sino también a una reducción del 5% del sueldo.

Con el tiempo, gracias a esta reducción, y a que la crisis cerró otras plantas, entre ellas una de Ford belga que trasladó sus líneas a Almussafes, las repercusiones de estos cierres llevó a un aluvión de nuevos proyectos asociados a estas otras plantas, junto con un montón de cambios y nuevos modelos en los fabricantes.

Dado que trabajo en la implementación de nuevos proyectos que empezarán en los próximos meses o años, mientras que a la serie normal, de momento, sólo le doy apoyo, mi trabajo exige una planificación a años vistas.

Hacia 2014, esta planificación dejaba claro que la plantilla del departamento necesitaba pasar de 4 a 6 personas, más subcontratas para mecanizados y programación, fabricación de útiles, etc. Es decir, que en el momento en que la situación estaba estabilizándose en sus momentos bajos, con futuro más o menos bueno a la vista, ya se estaban pidiendo una serie de contrataciones y ampliación de plantilla.

Por supuesto, esta ampliación no se produjo. No sólo eso; además, algunos de los compañeros se fueron a otros trabajos dentro y fuera del sector. Las únicas acciones que se tomaron fueron la de ir pidiendo becarios para ayudas puntuales, y siempre a posteriori. No se fue ampliando la plantilla con la previsión de que los que entren aprendan, siempre fue a toro pasado, a veces con meses sin nadie que cubriese la baja, sin solución de continuidad, con el trabajo esperando o acumulándose en los que quedábamos, más el añadido de ir formando a los becarios, recién salidos de la facultad y sin experiencia de ningún tipo.

Con el paso del tiempo, la bola de nieve que era la carga laboral, no paraba de crecer. Y para rematar la faena, los becarios -algunos de los cuales se contrataron, ingenieros superiores haciendo el máster y el doctorado, cobrando menos que lo que el ingeniero técnico que esto escribe cobraba en la misma situación diecinueve años antes - nos dejaron.

Al ser becarios o personal con contratos recientes y baratos, el preaviso fue corto, y su salida de lo más fácil (económicamente para la empresa, claro), puesto que cualquier empresa que quisiera contratarlos lo tenía barato.

El resultado fue que esa inmensa bola de nieve con la que no podíamos ni de rebote esos 4 ingenieros, ahora ya siendo dos, se ha convertido en una situación explosiva con grandes repercusiones, retrasos con grandes problemas con los clientes, desarrollo, la central de Alemania, etc.

En esta situación, el ir poniendo nuevo personal sin formación, que es lo que se sigue haciendo, es contraproducente, ya que hay que formarlos, es decir, se añade más trabajo aún a una inmensa problemática de sobrecarga laboral.

El hecho de que se haya tomado esta política de recursos humanos, no tienen nada que ver con las chicas que allí trabajan. De hecho, merecen una medalla por lo difícil de la situación en la que se encuentran, así como los responsables de departamento.

Porque aunque la situación particular del tipo de trabajo del autor es bastante difícil de suplir, hay pocos con conocimientos y se trata de algo muy específico, el resto de departamentos que igual necesitan menos especialización, o no, está en la misma situación. De tal manera, que junto al aluvión de nuevos proyectos, más la subida de la producción de los proyectos que ya estaban en serie, el resultado es que hasta los operarios y operarias, la gente de producción, de ingeniería, de informática, de industrialización, de calidad, de muestras, de paquetería, etc. se encuentra igual.

Más gente nueva, más (demasiado) tarde, más inexperta, con sueldos más bajos, más rotación de personal, menos motivación de la gente que entra en situaciones más precarias, y más desmotivación de los veteranos que al final vemos doble trabajo, menos sueldo, más precariedad, y ninguna mejora a la vista, hacen que la situación sea explosiva.

Dados los cambios en gerencia, con el cese previsto para junio de 2017, por fin de convenio/contrato, del actual gerente de la planta, que fue evaluado al final del 2016, la situación tiene unas ciertas connotaciones de lo más funestas. Puesto que esa evaluación era la ‘foto’ de la planta a finales de 2016, lo que le interesaba al jefe era dar la imagen que estábamos haciendo mucho con muy poca plantilla.

Así pues, el interés estaba en contratar el mínimo de personal (como gasto de producción), y los que era imprescindible contratar, siempre lo más tarde posible, encima como subcontratas, ingenierías, ETT’s asociadas al desarrollo de un proyecto nuevo (como inversión) en lugar de plantilla.

Y una vez hecho eso, la situación ya no interesa mejorarla: puesto que el futuro de la  dirección ya ha quedado clara y establecida, lo que interesa es dejar la situación lo peor posible para que el que siga se encuentre un problema grande (que esté como esté la situación siempre será achacado a la dirección saliente), y que el proyecto o la gestión del nuevo quede empañada, si es que consigue salir del problema.

Evidentemente, que la dirección de la multinacional esté enterada o no de esta política es una pregunta totalmente pertinente, quizás hasta primordial en la lista de prioridades. Dadas las circunstancias, sería muy raro y muy feo, por no decir hasta tétrico, que la dirección central no estuviese al tanto. Más bien, todo parece apuntar, visto desde fuera, que precisamente estas directrices aplicadas hasta estaban inspiradas por la central.

Algunos comentarios recibidos desde algunos de los centros de desarrollo en Alemania que trabajan en los nuevos proyectos y que son los que nos pasan la información, que nos dan apoyo e instrucciones en el desarrollo de los nuevos proyectos, apuntan algo peor.

La situación es exactamente la misma en toda la multinacional. La crisis golpeó en todas las fábricas. Algunas cerraron como se ha comentado, otras se llevaron los proyectos y con ello consiguieron sobrevivir, caso particular de la planta en que trabajo. Pero la política de contrataciones y planificación de recursos, humanos y no humanos, para los próximos años, ha sido la misma en todas partes, con lo que queda muy claro que es la más alta dirección la que ha dictado estas directrices.

Pero, por supuesto, hay mucho mucho más. No se trata sólo de tener más trabajo con menos gente (y sueldo), con soluciones inexistentes, en los típicos tres plazos: tarde, mal y nunca.

Las nuevas tecnologías lo complican aún más. No sólo las elevadas inversiones para una industria 4.0 que implica más gasto, más tiempo de inversión, más personal especializado haciendo labores más complejas, difíciles y a más largo plazo, son parte del problema.

Que estos mismos problemas mencionados se aplican precisamente a esta ‘revolución industrial’ con todos los problemas de personal nuevo con escasos conocimientos del producto, que tiene que tomar el relevo de cosas muy complicadas, lo cual hace que sea más lento el desarrollo, puesto que hay que volver a realizar toda la curva de aprendizaje por parte del nuevo personal, hay que añadir el cambio de tecnología del producto, con lo que hay nuevas especificaciones, complejidades, problemas desconocidos que abordar.

Y es que en la automoción, hay un cambio de paradigma que viene externo al mismo y que es complicado de realizar si no se sabe por dónde van los tiros, el conocimiento profundo del mundillo de las dos tecnologías, y que es muy interesante de entender.

Para aquellos que tenemos el cerebro trastocado de tanto olisquear los vapores del flux de soldadura de estaño, el concepto de ‘tiempo real’ es casi consustancial con la programación de los humildes (hoy en día, esto es un decir) microcontroladores.

En la automoción, así como en los campos de control industrial, electrónico, aviónica, etc, el ‘tiempo real’ es la premisa básica sobre la que edificar toda la infraestructura informática y electrónica. Es el dominio de estos pequeños ordenadores con los periféricos y las memorias incluidas en sus tripas, y cuyo cometido principal, que cumplen a la perfección si los programadores que trabajan con ello lo hacen bien, es responder en un tiempo determinado.

Y es que cuando se aprieta el freno, no se puede esperar uno a que el sistema operativo se ponga a descargar una nueva versión del Internet Explorer, o se espere a que se establezca la señal con el correspondiente punto de acceso.

El tiempo de respuesta de un ABS es del orden de microsegundos (millonésimas de segundo), que para muchas cosas, se trata de una eternidad. Y ese tiempo de respuesta está establecido, determinado, y con un margen de error, variación muy estrecho. Es un parámetro que se usa para determinar, para medir, para comprobar y validar el producto.

En algunos casos, la precisión temporal está en el orden de la partes por millón, PPMs. Y el sistema de comunicaciones por excelencia, el bus CAN, maneja un puñado de bytes (habitualmente 8, aunque ahora empieza a usarse la versión de ‘alta definición' con 64), con tiempos de respuesta en el rango de 10 a 100 ms (milésimas de segundo), con precisiones mejores de 1ms.

Esto es algo que ningún teléfono móvil tiene que cumplir a rajatabla para ninguna de las App que lleva, mucho menos la navegación usando el mismo, donde se usa el WiFi y Ethernet, buses no determinísticos donde el tiempo de respuesta es, literalmente aleatorio, por mucho que manejen millones de bytes de datos, y que además circulan por redes de conmutación de paquetes que retrasan estos mismos según el volumen de tráfico, también durante tiempos aleatorios.

Pero resulta que los grandes fabricantes de electrónica de consumo como Samsung,  LG, Panasonic, están encontrándose con que las ventas de telefonía móvil, tabletas y televisores, ya no es lo que era, los beneficios están cayendo por los suelos, y necesitan nuevos mercados a los que extenderse, hasta el punto que ya apenas encuentran poca cosa, hasta el punto en que la automoción está empezando a centrar sus atenciones.

La profusión de pantallitas, infotainment, electrónica por doquier, GPS, conexión bluetooth, etc, lo convierte en un mercado apetitoso al que hincar el diente, para dar salida a su capacidad de fabricación de pantallas y electrónica de soporte.

A esto hay que añadir que desde 2005 o antes, hay planes de colaboración internacionales, documentados, donde el sector de la automoción y la electrónica (fabricantes de semiconductores, sobre todo), bajo el amparo de los gobiernos, iban planificando el futuro. Entre estos planes, estaba el desarrollo de redes de comunicación y gestión, tanto del tráfico como de datos y la energía eléctrica.

Los cimientos, las bases técnicas, y el concepto general de las smart grids y smart cities, se forjó ahí, probablemente con los auspicios de grandes compañías del sector como Siemens, que por aquel entonces, tenían participación en el desarrollo de electrónica de la automoción, telefonía móvil y aerogeneradores, amén de algunos campos más.

También desde aquel entonces, en Europa, se empezó a trabajar el aspecto legal de todo el asunto de la conducción autónoma, con proyectos de ley ya bastante desarrollados y en análisis en el Bundestag.

Justo en el momento del intercambio de posaderas en el despacho oval, llegó a nuestra central una petición de análisis del estado de los coches conectados, V2V (vehicle to vehicle, coche a coche) por parte del gobierno USAno (por las fechas, presumiblemente esto se movió bajo la administración Obama), para ver a partir de qué año sería posible tenerlo obligatoriamente puesto en todos los coches nuevos.

Como ya se ha explicado anteriormente, la red de datos actual no sirve para estos menesteres, hace falta una nueva infraestructura de datos que pueda gestionar todo esto en tiempo real, tráfico de coches y de energía, lo cual también implica un cierto tráfico de datos bajo el nuevo paradigma.

Pero esto es de una complicación inaudita. Todo el entramado de procesado y transmisión de grandes volúmenes de datos, se basa en sistemas de infinitas capas, altamente ineficientes (para cambiar un bit igual hacen falta miles de llamadas varias entre cientos de capas, con millones de operaciones, que un microcontrolador gestiona en dos o tres instrucciones de ensamblador), programadas por otros, librerías, y sistemas muy saturados de información y tráfico.

Y hay que cambiarlo todo para adaptarlo al nuevo paradigma, mezclando dos sistemas que básicamente son casi antagónicos, incompatibles, y por tanto, de una complejidad poco estudiada y trabajada.

Y es en este punto donde se encuentra la multinacional que me da mi modo de vida. Una multinacional donde el tiempo real es de sobras conocido, pero los grandes volúmenes de datos, vídeo streaming, comunicaciones de gran volumen, y similares, no están bien integradas.

Y sin embargo, casi todos los nuevos proyectos tiran por aquí. Por eso, por ejemplo, se ha introducido la tecnología Broad R, que es el Ethernet (ese bus de tiempo irreal) de grado automoción, con mucha pantallita y mucho gráfico, icono, estética, etc.

El volumen de datos (lo cual también impacta en el tiempo de producción, puesto que ahora los datos a almacenar en las memorias se ha multiplicado por 1000) y el tratamiento necesario es descomunal, y además necesita de ir añadiendo las necesidades de acomodar algo que no es en tiempo real en un sistema en tiempo real, con lo que el volumen de trabajo y empleados, amén de la necesidad de desarrollar (no sólo reaprender, que suele ser más rápido) todo un nuevo entramado, hace que las previsiones de aumento de plantilla choquen con las necesidades reales.

La adquisición de varias empresas de software, que conocen bien las necesidades del SW en tiempo irreal, pero desconocen totalmente las implicaciones del tiempo real, no ha arreglado nada.

Poner a los veteranos curtidos en las batallas temporales del programa, lo que ha conseguido es que éstos se quemen y abandonen el barco.

Así que las grandes de la electrónica, dueñas y señoras del sistema actual de comunicaciones, están aún más interesadas en meterse en el ajo: tienen el conocimiento del SW de proceso y manejo de grandes volúmenes de datos, la electrónica subyacente, líneas de producción más especializadas y expertas en manejar este tipo de electrónica, el personal necesario para el desarrollo, y un músculo financiero que las del sector de la electrónica del automóvil no tenemos.

Sin embargo, ningún fabricante de automoción está dispuesto a ceder en el asunto del tiempo real, que es lo que hace que no se vayan en masa a estas grandes. Y la razón por la que esta grandes están interesadas en comprar a las del sector en el que me hallo.

Es conocido que Samsung ha intentado comprar Magneti Marelli, una de las grandes y conocidas de este sector. Compra que se fue al traste por intentar exprimir más allá de los límites las baterías del Samsung Galaxy Note 7, ésas que estallaban, y que demuestran que los límites de las baterías está ya muy cerca, aunque la historia de las batería de litio está llena de baterías incendiándose, así como You Tube está lleno de vídeos de cómo hacer estallar una de estas baterías clavándole un clavo.

El temperamento y la necesidad de la automoción de tener controlado estos sistemas es un desconocido que merece una entrada y que encarece sobremanera la fabricación de packs de baterías, cosa que los tecnooptimistas no querrán ver.

LG, por su parte, está intentando entrar a saco en el mercado, ofertando por debajo de precio de coste, y no lo consigue debido precisamente a que tiene problemas con el tiempo real. Problemas que, para según qué casos, como por ejemplo la pantalla/panel central donde se suele ubicar el sistema de entretenimiento (el ‘radiocassete’ o ‘loro’ de antaño) y de control climático (el aire acondicionado, climatizador y demás ruedecitas de selección de este elemento del automóvil, ése que acaba rápido con la autonomía de los eléctricos) es sólo cuestión de tiempo que entre, barriendo fácilmente toda competencia que puedan presentar empresas como Bosch, Magneti Marelli, Lear Corporation, Visteon, Johnson Controls, Continental Corporation (que compró a Siemens su división de electrónica de la automoción), etc.

Menos conocido, pero relevante, es el hecho que Panasonic, la de las baterías de litio y otros componentes electrónicos, proveedor habitual de todas estas empresas que he comentado, amén de fabricantes de packs de baterías para la automoción, ha comprado Ficosa, que a su vez compró la planta de Sony.

Ficosa es una empresa que hacía desarrollos de sistemas electrónicos de la automoción, sin llegar a entrar a competir (porque ningún fabricante les daba apenas trabajo) con las anteriormente descritas. Evidentemente, tras ser adquiridos por Panasonic, empezaron a caer proyectos, sobre todo de los híbridos que nos están empezando a meter ya hasta en la sopa. Entre ellos, la próxima generación de BMW, que abandona, como VW, las motorizaciones diésel a favor de las híbridas gasolinas (o GLP) – eléctricas, con profusión de híbridos enchufables.

Resulta curioso que meses antes que VW ‘sufriese’ el ‘diesel gate’ famoso, el grupo VAG, así como BMW, ya nos hubiesen dejado claro que para 2018 – 2020 ninguno de los dos grupos (también hay rumores que el grupo Daimler – Benz, la Mercedes, también está en el mismo planteamiento, pero no tengo constancia personal) pensaba comercializar ninguna motorización diésel.

Resulta curioso que otras empresas automovilísticas han invertido y siguen invirtiendo en las motorizaciones diésel, mientras que el ‘gazapo’ de VW era intentar colar un motor viejo con escasa inversión, al que por SW y parámetros hacían meter con calzador durante la prueba, cosa que, por cierto, está muy extendida, especialmente por los eléctricos. Es decir, VW estaba minimizando sus inversiones en motorizaciones diésel, al igual que BMW, centrándose en híbridos y gasolinas/GLP, mientras que otras se seguían centrando en motores diésel más evolucionados, dejando más de lado las motorizaciones híbridas (que en todo caso, eran además diésel-eléctricas, no gasolina/GLP-eléctricas).

El resultado es que todas estas empresas se han encontrado con grandes inversiones que ahora no amortizarán, cosa que va bien a VW. Pero resulta de lo más curioso que pasa lo mismo con las inversiones en la parte eléctrica de los coches híbridos y eléctricos.

Resulta que al ser todo esto un batiburrillo de electrónica de potencia de gran inversión, y no motores mecánicos, la parte inversora no correspondía a las granes multinacionales de la automoción (aunque sí que invierten, y mucho, en ello), sino que la parte más cara igual correspondía a las empresas del Tier1, esas mismas que he enumerado y entre las cuales se encuentra la que me da de comer.

El fracaso del cochepilas 2.0 ha dejado un agujero de más de 2000 M€ (calculo que rondará los 3000M€ en realidad), y no sólo en esta multinacional, también me consta que en muchas, y hasta el mismo CEO de Ford ha salido amenazando de las elevadísimas inversiones y el escasísimo retorno.

Pero es que estos agujeros de inversión, por la razón que sea, están pasando factura a todos los fabricantes que he enumerado, y todos sin excepción siguen una política de contratación similar, a toro pasado, o incluso nula, de mínimo gasto en personal, con el consiguiente resultado que ahora ninguna está dando el resultado previsto, todas van por detrás, con mucho menos personal, mucho menos formado y capacitado, para afrontar la situación.

Que se deshiciesen de los más veteranos, con sueldos más elevados, para sustituirlos por ‘juniors’ con una segunda escala salarial muy baja, puede que haya hecho cuadrar los números durante unos meses, pero la situación desbordante actual es tal que, especialmente por los problemas de SW, clientes como VW, BMW, y algunos más, están empezando a plantearse dejar de trabajar con ciertos proveedores, entre los que me encuentro.

De hecho, algunos proyectos nuevos de híbridos ya no se nos permitirá ni participar en las cotizaciones, contando incluso con vetos específicos para algunas plantas y proveedores. El mercado anda muy disgustado, revuelto, y con perspectivas muy negras de futuro sobre la posibilidad de cubrir estas pérdidas hechas con los coches eléctricos, como el defenestrado Renault Fluence, y los pedidos muy por debajo de las expectativas del resto.

Este tipo de problemas favorecen precisamente a las grandes de la electrónica, puesto que podrán comprar empresas como la mía a precios de miseria, muy por debajo de los costes, pérdidas que serán asumidas en forma de quitas tarde o temprano.

Es decir, que algunas tecnologías se habrán abaratado porque alguien habrá perdido el dinero que puso alguien, y que presumiblemente acabarán repercutiendo a algunas arcas públicas.

Hay un fabricante de electrónica, quizás bastante desconocido, quizás por lo pequeña que es la empresa, que tiene bastantes plantas, con una de ellas sola que cuenta con más de 60.000 operarios (si, sesentamil operarios), sólo en una de las múltiples plantas que tiene repartidas por el mundo, aunque su origen es de sobras conocido. Estoy hablando de la china Foxconn, la que fabrica los teléfonos móviles de muchas marcas conocidas, empezando por Apple (aunque la mitad de sus ‘tripas’ son Samsung).

En su momento ya compraron Sharp, y andan detrás de empresas como las citadas Magneto Marelli, Lear Corporation, etc. Por supuesto, esperan a que las quiebras empiecen a ser notorias para hacerlo al menor precio posible.

Dado que el coche híbrido, eléctrico, conectado, etc. hacia el que se está tendiendo es básicamente un montón de electrónica con algunos otros componentes, no es de extrañar que los fabricantes de electrodomésticos/equipos informáticos quieran fabricar lo que en realidad es otro electrodoméstico/equipo informático (por componentes) de nuevo cuño.

Y cómo no, la fábrica del mundo no podía estar al margen de todo ello.

El resultado es que las quiebras, pérdidas, inversiones arriesgadas o incluso ruinosas a todas luces, hechas muchas veces con dinero público, al final son mecanismos de redistribución y apropiación de recursos, como bien sabían ya los antiguos romanos, donde la mayoría de esclavos lo eran por deudas.

De esta manera, reza el credo actual, bajan los precios, ya que alguien ha pagado el pato, y por tanto ya no hace falta volver a cobrarlo. Ese alguien habitualmente es el público en general, la sociedad, diluyendo al máximo estos costes, para así evitar ver cuál es la auténtica causa, precio o razón de los problemas, mientras unos cuantos sacan tajada de todo ello.

Externalización de costes y problemas, y privatización de los beneficios, redirigidos hacia unos cuantos. Exactamente este es el problema, tanto del cambio climático (los costes y los problemas medioambientales para todos, los beneficios de su explotación para unos pocos), como de las renovables (contaminación en su producción, para el beneficio de los que lo venden y comercializan, con algunos agravantes espinosos que aquí no se van a tratar).

En todo este entorno, la situación de la multinacional es bastante complicada, a pesar de ser considerada una de las grandes dentro del sector. De hecho, comparativamente, sigue siendo una de las grandes, lo cual es lo mismo que decir que el resto están peor.

Parte de la situación está en que el grupo VAG ya no quiere trabajar con nosotros por los problemas de software, y por otra parte, ante la falta de recursos y los recurrentes problemas, la propia dirección de la multinacional ha decidido que paran algunas ofertas con algunos clientes para centrarse en finalizar lo que tienen entre manos.

Es decir, que los proyectos que ahora empiezan no tienen continuidad. No hay proyectos sustitutos de los que ahora fabricamos. Y encima la central, para evitar problemas, decide que algunos de los proyectos sustitutos de los que actualmente estamos poniendo en marcha no se van a hacer para poder dedicar los recursos existentes a poner en marcha los nuevos proyectos actuales y dejar así satisfecho al cliente.

Es decir, que para 2020 – 2022, cuando alrededor del 60-70% de la producción prevista, centrada en unos pocos clientes, se termine, no habrá proyectos sustitutos de los mismos clientes.

Como mucho, proyectos de los que todavía no tenemos ni siquiera esperanzas, de otros clientes nuevos.

El volumen de producción, sólo con los nuevos proyectos, es muy elevado, afortunadamente, con lo que algunos de los muchos trabajadores que estamos poniendo en marcha estas nuevas líneas seremos reciclados para dar soporte a producción, hacer mejoras, e ir incrementando los resultados, aunque eso no aplica a todo el personal.

Con este cuadro, aplicar una política de contratos temporales, mantener sólo en plantilla a los que ya estamos fijos desde hace años, mientras los demás, una vez que la producción empieza a estabilizarse, ya no estarán, ni se les necesitará debido a que el trabajo de montar líneas, afinarlas, mejorarlas, arrancarlas, etc será menor, podrán desaparecer.

Curiosamente, esta política que tendría sentido en este entorno, es calcada a la que se está siguiendo.

Con este planteamiento, las esperanzas de que entren nuevos proyectos, es reducida. Como mucho pasan por una sorpresa que traiga bajo el brazo el nuevo gerente que está por entrar, como ‘regalo de bienvenida’.

El antiguo gerente, el que me brindó la oportunidad de ir a Nürmberg a hacer I+D+i en HEV, que en su momento estuvo en la lista de candidatos a volver, por lo visto montó otra vez en cólera con la dirección de la multinacional (como ya pasó cuando medio desmanteló la división de HEV y se fue de allí), sin razones conocidas, pero con sospechas poco agradable, y acabó dejando la compañía por voluntad propia.

Con todos estos detalles, ahora empieza a circular el rumor, las sospecha, que un servidor ya esbozaba hace más de medio año, que para 2020-2022 se va a cerrar la planta.

Las ratas están abandonando las sentinas del barco. Los comentarios y las preguntas abundan, y curiosamente muchos se dirigen a mí para preguntarme cómo veo el futuro. Y eso que son conscientes de que no soy precisamente la alegría de la huerta.

De hecho, hacia noviembre de 2016, comenté con una persona que trabaja en contacto con los clientes, con buenos conocimientos del mercado del automóvil, sobre ese cambio tecnológico, y sus inquisiciones apuntaban a que los analistas del mercado preveían que los veinte y pico de OEM’s como nosotros, iban a desaparecer para 2022, y como mucho iba a quedar un par, mientras que el resto o quebrábamos o seríamos absorbidos por las grandes de la electrónica.

Y todo eso, mientras los medios de direccionamiento de la opinión pública no paran de berrear que estamos saliendo de la crisis, mientras a la vez nos asustan con la muy mal llamada revolución industrial 4.0 (que afecta mucho más al sector servicios que al industrial, que sigue siendo lo mismo de siempre). Parece que esta recuperación económica no irá acompañada de una recuperación laboral ni salarial, con lo que en mi opinión sólo será una recuperación de la inflación, los tipos de interés, del aumento de los desahucios y de la pobreza, y una recaída en una crisis que en realidad nunca acabó, ni acabará, y que en pocos años empeorará.

Si con esta presunta recuperación el panorama es aciago, con muchas consultorías hablando de una bajada del parque automovilístico de hasta el 95% (con las consiguientes pérdidas para el sector y ese 10 – 12% de empleados de la automoción en España), ¿qué pasará si la crisis, eso que nunca se prevé y que nunca aparece en los planes de futuro, ni siquiera como planes de contingencia, golpea con más crudeza que en 2008?

La verdad es que el sector de la automoción está en las últimas, aunque no lo parezca a primera vista. Claro que algo tan grande no desaparece de la noche a la mañana. El Imperio Romano no desapareció en un día.

Sin embargo, el fin ya se vislumbra en el horizonte con sólo prestar un poco de atención. Y somos cada vez más los empleados del sector, los que conocemos más o menos lo que se cuece en la industria del automóvil, que lo vemos venir.

Por eso, este epílogo: esto es la crónica de una muerte anunciada, con años de antelación, un languidecer previsible, fácil, y que conlleva el colapso de todo un modo de vida, un montón de trabajos, una de las principales señas de identidad de una sociedad que va a ver cómo cambia muchísimo en las décadas por venir.

Mi colapso y yo.

Así pues, permítanme terminar esta serie aquí, que se me avecina trabajo sólo para irme preparando para lo que se ve venir.

Sean prudentes.

Beamspot.