martes, 21 de noviembre de 2017

World Energy Outlook 2017: Mirando más allá del pico


Queridos lectores,

Como cada año por estas fechas, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha hecho público su informe anual sobre el estado de la energía en el mundo, el World Energy Outlook (WEO), y como cada año me dispongo a ofrecerles una visión rápida de los hechos más relevantes contenidos en este informe, reservándome para futuros posts un análisis en más profundidad de algunos de sus aspectos. Otros años conseguía sacar mi valoración en un par de días, pero lo hacía a costa de dormir muy poco y de centrarme en pocos aspectos. Sin embargo, dada la complejidad de la situación que se está comenzando a dibujar, esta vez
me he tomado una semana para estudiarme bien el texto (que fue publicado el 14 de noviembre), intentando ver más claro entre las muchas sombras y distracciones que se proyectan en el WEO 2017. Y lo que se ve no es precisamente reconfortador.

Como en todos los WEOs anteriores, la AIE dibuja las tendencias para los próximos 25 años basándose en los resultados de sus modelos de economía-energía. A partir de estos modelos, la AIE desarrolla un conjunto de escenarios que pretenden cubrir los caminos más probables que seguirá nuestra sociedad. Lo que es curioso de comprobar es que con el paso de los años el número de escenario contemplados por la AIE se ha ido incrementando sin cese. Así, de tener un único escenario tendencial hace poco más de una década, a medida que sobrepasamos el punto crítico del año 2005 (cuando se produjo el máximo de extracción de petróleo crudo) pasamos a tener dos (Políticas actuales o BAU y Nuevas Políticas), a los que más tarde se les añadió un tercer escenario, el 450, y ya el año pasado nos añadieron dos nuevos casi-escenarios (llamados entonces "bien por debajo de los 2ºC de calentamiento" y "Hacia los 1,5ºC". Lo que esta proliferación de escenarios nos indica es, esencialmente, una mayor incertidumbre sobre el futuro, y que la tendencias en la evolución de la energía, la economía y la sociedad la AIE implícitamente reconoce que cada vez le resultan más difícil capturar.

En este nuevo WEO, la AIE simplifica la estructura de los escenarios y los reduce a tres: "Políticas actuales", "Nuevas Políticas" y un nuevo escenario, con un nombre bastante significativo: "Desarrollo sostenible". Resulta interesante ver cómo la necesidad de proponer un nuevo paradigma va permeando poco a poco en la no hace tanto hermética y siempre optimista AIE. También es interesante ver cómo se abandona el nombre del escenario 450 (en referencia al objetivo de partes por millón de concentración de gases de CO2 equivalente en la atmósfera terrestre que no se debía traspasar), simplemente porque la AIE ya es consciente que no se va a poder evitar sobrepasar ese nivel de concentración de gases de efecto invernadero. Haciendo de nuevo de la necesidad virtud, se abandona ese objetivo simplemente haciéndolo desaparecer de un plumazo, no mencionándolo explícitamente en su pleno significado. De hecho, toda referencia a las 450 ppm ha sido completamente obviada en este informe, y el puñado de veces que se cita al Escenario 450 del WEO 2016 por la necesidad de compararlo con el nuevo escenario de "Desarrollo sostenible", se menciona que el objetivo del mismo era "mantener el aumento global de temperaturas por debajo de los 2ºC", evitando así referirse al verdadero significado del guarismo ahora maldito de 450. Básicamente, la utilización de una etiqueta de marca blanca y más genérica, "Desarrollo sostenible", es la manera que tiene la AIE de decirnos que esta batalla ya se ha perdido.

La presentación ofrecida a la prensa ofrece un interesante contraste con respecto a otros años. Así, si en ediciones anteriores la cantidad de información contenida en esta presentación era bastante profusa, en la de este año hay bastante menos gráficos y bastante menos específicos de lo habitual, dominando los aspectos discursivos con respecto a los analíticos. El mensaje es simple: el mundo va a ir avanzando durante los próximos 25 años hacia las fuentes de energía más sostenibles y menos emisoras de CO2, aún cuando EE.UU. incrementará de una manera completamente inverosímil su producción de gas y de petróleo gracias al falso milagro ahora redivivo del fracking, y según nos dicen se convertirá en el principal productor de petróleo y gas del mundo hasta el punto de acabarse convirtiendo en exportador de ambas materias, mientras que los países de Oriente Medio pasan de exportadores a importadores. Una cuadratura del círculo con la que la AIE intenta reconciliar la dureza de los datos de los que dispone con el optimismo implantado en sus modelos, haciendo algo completamente imposible de creer. Pero no nos anticipemos y entremos en el análisis más detallado del WEO 2017.

Como siempre, lo primero es hacer una búsqueda del término "peak oil", y como pasa casi siempre obtenemos un total de 0 resultados en las 783 páginas de este informe. Sin embargo, si buscamos el término "peak", a solas, nos encontramos que aprece literalmente decenas de veces, y en muchos casos como "peak demand". Ya sabemos que el término "cenit de demanda", en muchos casos en los que se usa sin demostrar que hay una verdadera gran mejora tecnológica, es una falacia lógica con la que se pretende hacer políticamente aceptable un eventual cenit de producción.

Entrando en la estructura del informe en sí, tenemos tres grandes bloques: Tendencias generales en energía, un apartado específico para el gas natural, y otro dedicado a China. No es de extrañar que se vuelva a poner el énfasis en el gas natural, como hicieron también hace unos años, porque de todos los combustibles fósiles es el único que no presentaba aún síntomas de haber llegado a su máximo de producción, y es la tabla de salvación que necesita la AIE para que le cuadren sus cuentas, como veremos. De acuerdo con el resumen ejecutivo del WEO 2017, cuatro son los grandes principios que van a regir nuestro futuro: el despegue en instalación y los costes decrecientes de las tecnologías de "energías limpias", la electrificación de la energía, la mutación de China hacia una economía de servicios con un mix energético más limpio y la capacidad de resiliencia de la producción de gas de esquisto y petróleo ligero de roca compacta (ambos explotados mediante fracking) en los EE.UU. Sólo cuando uno entra en el detalle nos encontramos que un punto clave de todo este maravilloso panorama son las mejoras en eficiencia, sin las cuales, según nos reconoce la AIE, el incremento en el consumo de energía sería el doble del proyectado. Nos anuncian también que las instalaciones renovables alcanzarán la paridad en coste con las alternativas no renovables, y con ello que el futuro es la electrificación de la energía (recordemos que hoy en día la electricidad es el 18,7% de la energía final consumida en el mundo, llegando a ser algo más del 20% en los países industrializados, mientras aquí se proyecta una gran expansión de este porcentaje). Tras una discusión sobre múltiples aspectos del gas natural como combustible de transición y pivotal en este período, el resumen ejecutivo concluye con recomendaciones a la inversión guiadas por las políticas.

Analicemos con más detalle los bloques de los que consta el informe.

Tendencias globales de la energía


Comienza esta sección con la presentación de los escenarios y una larga discusión justificándose que el escenario de referencia (Nuevas políticas) no debe ser tomado como una predicción, a pesar de que todo el mundo lo tome por tal. Los escenarios de referencia son tres, como se anunciaba antes: Políticas actuales (refiriéndose a las que ya estaban aprobadas hasta a mediados de 2017), Nuevas políticas (contando con los anuncios hechos y aún no plasmados legislativamente) y Desarrollo Sostenible (definido como "aquél que incorpora los aspectos principales relacionados con la energía de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas", y que incluye la lucha contra el cambio climático pero que ignora, por ejemplo, los objetivos contra la pobreza y el hambre incluidos en esa misma Agenda). Este último escenario, a diferencia de los otros dos, no se produce corriendo los modelos hacia adelante y viendo qué sale, sino que se fijan unos objetivos en 2040 y se mira qué implica eso a nivel de 2017 para que la evolución del modelo nos lleve aquí (algo así como una versión primitiva y poco robusta de lo que pretende el proyecto MEDEAS).


Si podría parecer que el WEO 2017 volvía a un afinamiento de las predicciones, proponiendo sólo tres escenarios, la realidad es muy diferente. Según se explica en la introducción, aparte de los tres escenarios principales ya reseñados hay otros seis escenarios más que son mencionados a veces en el documento: Transición más rápida (apuntando a una reducción más rápida de las emisiones de CO2), Precio bajo del petróleo (el título lo dice todo), Energía para todos (en el que se conseguiría una eventual democratización global del acceso a la energía), 450 (que se usará para su comparación con el de Desarrollo sostenible), Aire limpio (más centrado en el recorte de la polución en general que no en el de las emisiones de CO2) y el Escenario puente (en el que se proponen medidas de choque para 5 sectores concretos, de modo que las emisiones de CO2 comiencen antes su declive). Así que, como ven, el WEO 2017 sigue la deriva hacia una mayor incertidumbre sobre el futuro a través de la multiplicidad de escenarios, con los que la AIE pretende cubrirse las espaldas contra cualquier acusación de no haber visto venir lo que se nos viene encima.

El WEO detalla muchos aspectos del modelo usado, el World Energy Model (WEM). No entraré en su análisis, pero sí querría destacar un aspecto: las previsiones de crecimiento del PIB global y por zonas son fijadas de antemano, es decir, el modelo en modo alguno trata de calcular cuál será el crecimiento del PIB sino que supone que éste es un número fijo y dado, concretamente el 3,4% anual a escala global o el 1,5% anual para la UE. Esta manera de modelizar, tan rígida y poco adaptada a la realidad pero que entra bien en la mentalidad de los economistas (según la cual la energía es una realidad independiente de la economía), explica muchas de las incongruencias en los resultados del WEM reflejadas en el WEO 2017, en contraste con modelos como MEDEAS, que estima el crecimiento del PIB en función de todas las variables, recogiendo el hecho de que energía y economía están acopladas. Por cierto que el mismo error de modelización se aplica a la población y su crecimiento, que vienen dadas también externamente al WEM. En cuanto a los precios de la energía, hay un par de gráficas interesantes (precio del petróleo y precio del gas en los diferentes escenarios) que querría dejar recogidas en este post para que puedan ser comparadas con la futura evolución de las mismas:





Lo que más llama la atención es la gran estabilidad del precio del gas natural en el escenario de Nuevas políticas, a pesar de que justamente en este WEO se anuncia que se usará más gas natural para hacer la transición de descarbonización.

Al entrar en la discusión más profunda de las tendencias dibujadas por el WEO, nos encontramos un aspecto crucial en la Tabla 2.1, en la que se nos muestra la evolución prevista de la demanda de energía primaria para diferentes regiones en el escenario de referencia.




Esta tabla no nos muestra nada nuevo con respecto, por ejemplo, al WEO 2016 o al WEO 2015, pero aún así es de destacar el declive energético de la OCDE. Así, una vez más vemos el virtual estancamiento energético previsto para los EE.UU. y el retroceso de más del 18% (empeorando el guarismo de previos informes) de la UE. Como siempre, la AIE pretende hacernos creer que el PIB de estas regiones va a crecer a pesar de un pertinaz período de estancamiento o incluso declive energético (contradiciendo décadas de estudio económico). Llama aún más la atención la premisa del estancamiento energético de los EE.UU. cuando, poco después, podemos observar el futuro brillante que la AIE espera para su sector del petróleo y gas apoyado en un apabullante crecimiento de la producción de fracking:



Contrasta estas previsiones de expansión con las mucho más comedidas (hasta un 30%) que se daban en previos informes, aparte del truquito contable de mezclar petróleo y gas para que la gráfica muestre una fuerte subida en vez del relativo estancamiento - a un nivel bastante alto, eso sí - que mostraría si sólo se presentara el petróleo. Lo gracioso se esta gráfica es que, una vez más, la AIE va modificando su discurso para que los números le cuadren, lo cual no es de extrañar si el PIB es una variable externa, impuesta a través de ciertas hipótesis. Así, si en el WEO 2016 era México el que debía salvar la situación para Norteamérica, en este informe se obvia el papel de México (una vez que ya se ha visto que allí las cosas no van a mejorar, y mucho menos con los ridículamente grandes crecimientos de producción que se preveían en 2016) y ahora el país que se usa como excusa es EE.UU. a través del fracking. La mascarada se ve más evidente cuando se mira la gráfica 2.4.



En ella, se compara la evolución que se espera para el petróleo ligero de roca compacta (light tight oil, LTO) de los EE.UU. desde el año 2010 con los incrementos de producción de Arabia Saudita de 1966 a 1981. La idea, por supuesto, es dar a entender que a los EE.UU. le espera una futuro semejante a lo que hizo Arabia Saudita en esa década y media dorada. Una simple inspección visual de las gráficas nos muestra, sin embargo, notables diferencias. Así, mientras en el caso de Arabia Saudita los primeros 7 años muestran una curva cóncava, con el típico aspecto de un crecimiento exponencial, los primeros 7 años del LTO nos muestran una curva convexa, con el típico efecto de saturación de crecimiento que la curva de Arabia Saudita muestra más tarde y especialmente alreededor de 1981. Resulta además chocante que, teniendo en cuenta que sólo los datos hasta 2016 (hasta el año 6 de esa gráfica) son reales y que el resto es previsión, a pesar de constatar que se produjo menos LTO en 2016 que en 2015 la AIE apueste por una nueva fase de crecimiento de su producción hasta el punto de doblar los niveles actuales de aquí a 2025 (el año 15 de esa gráfica). Y aunque la gráfica de Arabia Saudita muestra ciertas caídas en el período mostrado, éstas corresponden claramente con los efectos del embargo árabe del 1973-1974 y con el inicio de la guerra Irak-Irán en 1978, es decir, con grandes factores geostratégicos externos. Pensar que el claro cambio de tendencia del LTO en 2016 es comparable a estos efectos es, cuanto menos, osado y requeriría algún tipo de justificación.

Resulta también bastante ilustrativa la Figura 2.9, en la que se nos muestra la evolución prevista de la demanda según el tipo de combustible para cada uno de los tres escenarios principales, así como las emisiones de CO2 esperadas.



Queda clarísimo que en el escenario de referencia se espera un práctico estancamiento del consumo de carbón, y como ya pasó con el petróleo esto es el primer paso para que la AIE reconozca la llegada del peak coal. Se observa así mismo un estancamiento del consumo de todos los líquidos del petróleo, lo cual es por su lado un indicio del peak oil. Dado que estamos hablando de las dos principales fuentes de energía del mundo, responsables cada una de ellas de aproximadamente un tercio del consumo de energía mundial, se está hablando de un suceso de tremendas implicaciones. Sin embargo, siguiendo la tónica de este WEO, se insiste en que todo es algo dirigido por la demanda y que se trata de cenits de demanda, y no de producción (a pesar de que incluso en el escenario de Políticas Actuales los crecimientos posibles para estos dos combustibles son bastante moderados). Interesante también es hacer notar que el escenario de Desarrollo Sostenibles implica una caída clara del consumo de combustibles fósiles, y que aún con el aumento de las renovables se tendría que ir a un práctico estancamiento del consumo total mundial de energía en los niveles actuales. Esto es lo más parecido y políticamente aceptable que la AIE puede decir que para ser sostenibles se tiene que ir a una sociedad en decrecimiento. Cabe destacar que, incluso en ese escenario soñado, los combustibles fósiles aún representarían el 61% de la energía primaria (de acuerdo con la Tabla 2.2, no mostrada).

Hay después una larga sección discutiendo los memes caros a la AIE: la eficiencia energética, la importancia de las políticas energéticas, la retirada de subsidios a las energía fósiles, el papel de gas natural como combustible de transición a un 100% renovable, y por última una loa al coche eléctrico (a la cual no resulta difícil oponer una más dura y tozuda realidad).  

Viene después un largo y denso análisis sobre electrificación, seguido de otro acerca de la polución atmosférica que les voy a obviar, pero déjenme detenerme un momento en el análisis de una gráfica que muestran en la discusión del escenario Desarrollo sostenible, que permite entender mejor por qué se ha introducido este escenario ahora. En ella se nos muestra las emisiones de CO2 de acuerdo con este escenario, Desarrollo Sostenible, hasta 2040, y cuál debería ser el camino a seguir según si quisiéramos ir a un escenario de 2ºC o de 1,5ºC de aumento de temperatura en el año 2100.



Como se ve en la figura, el escenario Desarrollo Sostenible implica alcanzar un pico de emisiones de CO2 antes del año 2020 y a partir de aquí comenzar una curva descendente hasta 0 en el año 2100, si lo que se quiere garantizar es no superar los 2ºC de calentamiento global, o llegar a un gran volumen de emisiones negativas (es decir, puesta en marcha masiva de sistemas de captura y secuestro de carbono) si lo que se quisiera fuera no sobrepasar los 1,5 ºC. Dejando al margen el hecho de que los umbrales de emisión son un poco arbitrarios (el escenario 2ºC no significa realmente que no se sobrepase ese incremento de temperatura, sino que haya un 50% de probabilidades de no sobrepasarlo), el temprano pico de emisiones de CO2 en el escenario de Desarrollo sostenible (que tendría que ser más o menos de aquí en un año) implica la poca probabilidad de que se siga este escenario, amén de que la bajada inicial de emisiones tendría que ser realmente fuerte, y aún así para llegar a los 1,5ºC de calentamiento se iba a necesitar una gran capacidad de absorción de CO2. Así las cosas, es bastante probable que el escenario Desarrollo Sostenible sea a partir de ahora uno de los escenarios principales en los futuros WEOs, pero que cada año se vaya revisando hasta que eventualmente se le desconecte de los escenarios de 1,5º y de 2ºC; de este modo, sin nunca reconocerlo formalmente, fracasará el intento de evitar las peores consecuencias del cambio climático mientras la AIE salva la cara y elude cualquier responsabilidad por no haber avisado a tiempo. El tiempo dirá. 

Hay otra gráfica que es también muy interesante en la comparativa entre el escenario de referencia, Nuevas Políticas, y el de Desarrollo Sostenible.




De acuerdo con esta gráfica, que desglosa las componentes del tercer panel de la Figura 2.9 que enseñábamos más arriba, en el escenario Desarrollo Sostenible se produce un claro peak oil más o menos por las fechas actuales, un claro peak coal que ya se habría producido en 2015, y un cierto peak gas hacia 2025, aunque en este seguido por una meseta en vez de un declive (que recuerda a cómo se presento la llegada del peak oil del petróleo crudo). Esta gráfica puede servir para que, si al final se siguen las más que probables evoluciones en declive de los principales combustibles fósiles, se pueda justificar diciendo que en realidad estamos esforzándonos en seguir el escenario de Desarrollo sostenible de la AIE. Tal tipo de argumentación, que es probable que sobrevenga, tendrá el pequeño inconveniente que ese escenario prevé un crecimiento del despliegue renovable que compensaría el declive de carbón y petróleo; pero llegado el momento es fácil que se considere que se han cumplido parcialmente los objetivos y que la lucha contra el cambio climático implica hacer esos sacrificios, aunque la energía renovable de reemplazo no llegue a tiempo. De nuevo, se hace buena una expresión que se usaba en los foros de internet hace unos años: "El cambio climático es el peak oil envuelto para regalo".

Y es que la magnitud de la transformación que la AIE presenta como factible es de una enormidad sobrecogedora. Fíjense en la siguiente gráfica, en las que se comparan la cantidad de coches eléctricos y la potencia instalada solar fotovoltaica actual con las que debería haber en el año 2040 en tres escenarios (Nuevas Políticas, Desarrollo Sostenible y Transición Rápida):




Y ahora imagínense el ritmo anual de incremento que se necesitaría, en promedio, para conseguir tal transformación. No podemos calcularlo en el caso de los vehículos eléctricos porque en 2016 había tan pocos que la velocidad de incremento sería virtualmente infinita; pero en el caso de la fotovoltaica sería aproximadamente multiplicar por 7 el parque fotovoltaico actual en el caso del Nuevas Políticas y por 10 o incluso más en los otros dos casos. Eso implica un ritmo de crecimiento anual del 8,5% continuo cada año de aquí al 2040 en el caso del escenario de Nuevas Políticas, y del 10% anual o más en los otros dos casos. Porcentajes de variación anual muy abultados y muy difíciles de mantener, por no decir imposibles, en el largo plazo: obviamente, mientras las cantidades de energía generada por la foltovoltaica sean pequeñas se pueden conseguir grandes variaciones porcentuales mayores incluso que las reseñadas, como de hecho se han registrado en el pasado; el problema es mantenerlas de manera continuadamente durante 24 años, sobre todo cuando la cantidad de energía que ya estén generando no sea tan despreciable. Y todo eso para representar un porcentaje mayor pero aún minoritario de toda la electricidad consumida. Curiosamente, todo esto está bastante en la línea de un artículo científico que hemos publicado recientemente, y del cual discutiré en un post próximo.

Vayamos por fin al análisis específico de los diversos combustibles no renovables.

Petróleo:

Lo primero que nos encontramos es la tabla de producción de los diferentes tipos de hidrocarburos líquidos y de su demanda por regiones y por escenarios. La tabla es un extracto de los datos más detallados que se presentan en los anexos (estos últimos serán los que usaré para la edición de este año del post "El ocaso del petróleo").




Las tablas contienen mucha información interesante, y en particular es curioso comprobar cómo, según van pasando los WEOs, se pone más el acento en un tipo de producción o en otro, se asumen tasas de declive muy diferentes o se asume que quien salvará la situación será la gran escalada de producción de unas regiones o de otras, pero en todos los casos sin que se modifiquen los totales, lo cual lleva a pensar que éstos se fijan externamente. Pero de todo eso hablaremos cuando haga el post correspondiente.

Un detalle interesante que ilustra los cambios en el pensamiento de la AIE con respecto al año pasado es la siguiente gráfica, que nos muestra cuál es la variación relativa de producción esperada en tres grandes grupos de productores según si estamos en el escenario de referencia o en el de Precios bajos del petróleo:




En los dos escenarios (Nuevas políticas y Bajo precio del petróleo) la producción de Oriente Medio subiría, más en el caso de bajos precios; lo cual es sorprendente, pues es conocido el efecto de los bajos precios en esos países, como tan bien ejemplifican Egipto, Siria, Yemen o Libia, problema que podría extenderse en un futuro nada lejano a Argelia, Venezuela o Nigeria, y eso sin descartar los riesgos que supone a la propia Arabia Saudita. Con respecto a los EE.UU., en el escenario de referencia la producción de petróleo de los EE.UU. subiría hasta 2025 para bajar después (aceptando por tanto la limitada vida del fracking), pero sorprendentemente en el escenario de Bajo precio del petróleo la producción de los EE.UU. subiría en todo el período, y eso sería a costa de una fuerte caída de producción del petróleo en el resto del mundo. Tal supuesto está en completa contradicción con lo que sabemos de la economía del fracking y de lo que nos muestran analistas como Art Berman, habida cuenta también de la generalizada caída en inversión en upstream (caída de inversión de la que EE.UU. se ha desmarcado este último año aunque es dudoso que pueda seguir nadando contracorriente durante mucho tiempo).

El WEO hace una extensa discusión sobre precio de venta y coste de producción del petróleo para justificar las diferentes trayectorias que, según el escenario, podría seguir al producción de petróleo. En un determinado momento se afirma que los costes de producción han caído un 30% entre 2014 y 2016 debido a mejoras tecnológicas y caída de precios unitarios, aunque reconocen que ha sido más debido a lo segundo que a lo primero. Es un hecho conocido que las compañías de servicios han reducido sus precios unitarios, en muchos casos como un paso previo a su liquidación, dentro del marasmo en el que se han encontrado todo el sector del upstream en los últimos años. 




Todo esto, en el sector de la producción convencional: nada se aclara sobre qué está pasando en el no convencional y particularmente en el LTO de los EE.UU., donde el discurso dominante es que todo el incremento de producción se debe a la innovación (a pesar de la abrumadora evidencia que suele presentar Berman de que se debe más a la especulación financiera de Wall Street).

Hay dos datos que interesa mucho resaltar en el caso de los EE.UU.: por un lado, en la tabla 4.6 (que no muestro aquí) se ve que su producción de hidrocarburos líquidos crecerá de los 12,5 millones de barriles diarios (Mb/d) actuales hasta los 16,9 Mb/d en 2025, para después ir bajando progresivamente hasta llegar a los 14,9 Mb/d en 2040, fruto del final del efímero boom del LTO. Pero la tabla 4.2 (tampoco mostrada) nos dice que la demanda de hidrocarburos líquidos pasará en los EE.UU. de los 18,1 Mb/d a los 13,8 Mb/d con una caída constante durante todo el período. Es de esa manera que los EE.UU. comenzarían a exportar petróleo a finales de la década de los 20 y acabarían exportando 1,1 Mb/d en 2040. Fíjense que, a pesar de lo fantasioso de los aumentos de producción proyectados a fuerza de exagerar el potencial del fracking y a pesar de la evidencia de que es una ruina económica, la producción total de todo tipo de petróleo y asimilados nunca llegaría a superar los niveles de consumo en EE.UU. actuales, y sólo se puede sustentar la falacia de que van a ser exportadores con la idea de una brutal reducción del consumo (de 18,1 Mb/d hoy a 13,8 Mb/d en 2040) gracias a que ese menor consumo de petróleo se va a ver compensando con otras fuentes de energía, fundamentalmente gas y renovables. Este discurso no es nuevo en el WEO (se introdujo por primera vez en 2012), pero no deja de ser curioso que, a pesar de la evidencia de que el consumo de petróleo en los EE.UU. (país con un urbanismo muy disperso debido a que casi un tercio de su población vive en suburbios) tiende a crecer en todos los momentos de bonanza económica.

También es significativo que el capítulo sobre el petróleo acabe con una discusión sobre los riesgos para la seguridad energética que hay incluso en el decrecentista escenario Desarrollo sostenible, justamente porque aún se tendría que invertir mucho en upstream para evitar un declive productivo más precipitado de la cuenta que podría enviar todo al garete.

Carbón:

Para la evolución del consumo de carbón en su escenario de referencia, la AIE espera que continúen las ya constadas caídas de consumo en Europa, EE.UU. y más recientemente China, y que de aquí a 2040 el consumo de estos tres bloques se reduzca en un 61%, 11% y 13%, respectivamente. A pesar de ello, confían en que el consumo global de carbón seguirá una curva bastante plana en ese escenario debido al incremento de consumo en el resto del mundo, particularmente la India.




Resulta de particular importancia el comentario que hace posteriormente el WEO sobre los retrasos en la comercialización de la tecnología de Captura y Almacenamiento de Carbono (CCS, por sus siglas en inglés). Y es que se reconoce que esta tecnología es clave para la explotación del carbón, ya que sin él las emisiones asociadas al consumo de ese combustible, el más intensivo en emisiones de CO2, serían excesivas. Teniendo en cuenta que los escenarios del IPCC sobre calentamiento global contemplan, todos ellos, grandes cantidades de CCS para que la concentración de CO2 no suba tan rápido en la atmósfera, la constatación de los retrasos en CCS implican que las emisiones netas de CO2 serán superiores a cualquiera de las esperadas. Lo cual no es ninguna sorpresa: la captura del CO2 emitido en una planta de producción de electricidad que use un combustible fósil, es decir, una central térmica (es en esto en lo que se está pensando) implica un coste energético nada despreciable (según parece, siempre por encima del 25% de la energía total producida) en el que nadie quiere incurrir. Es por eso que el CCS no será nunca libremente aceptado, y sólo se adoptaría si se obliga estrictamente a ello y sólo si no hay alternativas más baratas a disposición (que sí que están disponibles a día de hoy y por eso el CCS es un fracaso comercial).

La tabla 5.2 nos muestra cuál es la evolución prevista para la demanda de carbón según el país.







Lo que más llama la atención es, naturalmente, la fuerte caída esperada para la demanda de carbón de la China, de casi un 13% en el período considerado. Es la caída de consumo de la China fundamentalmente la que lleva al relativo estancamiento de la demanda actual, y es el punto clave de la llegada del peak coal. A diferencia del peak oil, no son las razones meramente geológicas las que explican la llegada al máximo de extracción de carbón, sino la incapacidad física de darle toda la utilidad y a un precio razonable (contando con todos los problemas ambientales que crea) al carbón que se podría llegar a extraer. En todo caso, la producción de carbón estaba llegando a sus máximos posibles y estaba a un par de décadas de su cenit meramente geológico, así que no es esperable ningún cambio tecnológico que pueda revertir sustancialmente la situación actual. Pero a pesar de que el carbón no podrá sustituir al petróleo, a igualdad de otros factores su producción podría mantenerse relativamente estable durante bastantes décadas y no es el pico del carbón el que va a desencadenar otros problemas más graves.


Electricidad: 

Como siempre, es necesario recordar que la electricidad no es una fuente de energía, sino una forma de energía obtenida a través de sistemas específicos que la obtienen al transformar otro tipo de energía (ya sea quemando un combustible o aprovechando una fuente renovable). Pero dada la importancia y alto valor de la energía eléctrica, la AIE le suele dedicar secciones específicas en sus WEOs y este año no es una excepción.

En el escenario de referencia se asume que la demanda global de electricidad va a crecer un 60% de aquí a 2040, lo cual es relativamente modesto ya que la demanda de toda energía primaria se supone que tendría que crecer un 28% y que en la actualidad la electricidad representa, a escala global, un 18,7% de la energía final. Asumiendo el mismo ritmo de crecimiento para la energía final que para la primaria, un incremento del 60% de la demanda de electricidad significa que la electricidad se quedaría alrededor del 23,3% de la energía final mundial en 2040, lo cual es un auténtico jarro de agua fría a las expectativas del 100% renovable en un plazo de tiempo medio (en todo caso, los escenarios de la AIE no destacan por su fiabilidad tampoco en esto y es justo reconocer que suelen subestimar los ritmos luego observados). La AIE reconoce que en los últimos años hay un estancamiento del consumo de electricidad en los EE.UU. y un retroceso del 3% en la UE, y que incluso en China se observa que el consumo ya no crece tan deprisa como antes. En el WEO se atribuye este fenómeno al desacoplo de la economía del consumo de energía, observación un tanto sesgada pues toma preferencialmente aquellos países que han aumentado sus servicios, sobre todo financieros, y que han externalizado su consumo energético, típicamente llevándose o permitiendo que se vaya su sector manufacturero a China - cosa que en realidad incrementa el consumo total de energía, porque a la energía de elaborar las materias primas para producir los productos se le tiene que añadir las largas distancias del transporte desde China a los centros de consumo. De cara al futruo, espera para las economías avanzadas un crecimiento del consumo eléctrico de sólo 0,7% al año, 0,4% en el caso de la Unión Europea. Eso es sólo un 10% de aquí a 2040 en el caso de la Unión Europea, lo cual implica que es poco creíble que se puedan incorporar nuevos usos de la electricidad a escala significativa en esta región, y particularmente una implantación masiva del coche eléctrico.

Significativo es también que se asume que estos aumentos de demanda serán cubiertos a partes casi iguales por gas, eólica y fotovoltaica, mientras el carbón experimenta un cierto pero no excesivo retroceso. Es también curioso comprobar que el incremento previsto de la demanda de electricidad es muy similar en los tres escenarios principales.

Lo que es bastante preocupante es que para la AIE los principales factores que empujan al alza la demanda de electricidad sean la adopción de los vehículos eléctricos y los sistemas de calefacción. Respecto a lo primero, como mostró con profusión Beamspot desde estas páginas, es más que dudoso que se pueda conseguir nunca una implantación masiva del vehículo eléctrico, al menos no a la escala de los vehículos de combustión interna actuales; en cuanto a lo segundo, como comentaba el propio Beamspot en su post sobre electrificación, es un terrible error destinar una energía tan especializada, de baja entropía y alta exergía como la eléctrica para un uso tan banal como la calefacción, donde otras fuentes menos exergéticas y más entropizadas podrían hacer perfectamente el trabajo con mucho mejor rendimiento (e.g., con sistemas térmicos solares). Si uno mira la utilización de energía eléctrica por sectores, se puede constatar que la AIE está asumiendo una muy pequeña penetración del coche eléctrico (que caería en la categoría de Transporte por carretera, Road transport).




Y es que, según dice el propio WEO, se supone que en las economías avanzadas el coche eléctrico representará en 2040 el 14% de todo el stock de automóviles y que para alimentarlos la cantidad de energía necesaria pasará de menos del 0,1% actual al 2% en 2040. No se acaba de entender en qué categoría incluyen el tren convencional y el de alta velocidad (quizá en la de Sistemas motores industriales), cuyo consumo, en todo caso, no parecen creer que se vaya a incrementar en cantidad significativa de aquí a 2040.

El resto del capítulo discute una larga serie de cuestiones, desde costes de las nuevas plantas hasta emisiones de CO2, pasando por el precio del Mw·h de cada tecnología, que quizá son interesantes para el lector más especializado pero que tienen poca enjundia para el lector más general por su carácter excesivamente técnico.


Eficiencia:


Como en previos WEOs, la AIE dedica todo un capítulo a discutir el papel de las mejoras en eficiencia. En el escenario de referencia la AIE ha asumido que la intensidad energética (cantidad de energía consumida por cada dólar de PIB producido) decaerá a escala global un 2,3% anual hasta 2040; eso quiere decir que esperan que se reduzca en un 43%. Es por ello que dicen que, sin estas mejoras en eficiencia, el consumo de energía final crecería hasta más que duplicarse (teniendo en cuenta el aumento previsto del PIB). Nos anuncian, además, que se espera que la demanda de petróleo para coches llegue a su máximo para empezar después a declinar a mediados de la década de los 20 y no por un gran crecimiento del número de coches eléctricos, sino por las cacareadas mejoras en eficiencia. Y hay una afirmación intrigante: se habla del aprovechamiento directo de la energía renovable para calefacción y para el transporte. Así como lo primero es algo sencillo de imaginar (y explicitado en el WEO: están pensando en la solar térmica), resulta más extraño en el caso del transporte: ¿están pensando en la vela? Más adelante vemos que no, que en lo que están pensando es en biocombustibles, una categoría que generalmente se incluye en todos los líquidos del petróleo. Según la AIE, en 2040 se consumirán 4,2 Mb/d de biocombustibles para el transporte por carretera, marítimo y aviación. Si los 1,7 Mb/d actuales ya introducen una presión significativa sobre el mercado de alimentos, pueden imaginar qué supondría 4,2 Mb/d en 2040, con el añadido del cambio climático haciendo mella en la agricultura. Por supuesto la AIE cuenta con que se puedan desarrollar los biocombustibles que aprovechan las partes leñosas de las plantas (celulosa), cosa que aún está por demostrar que se pueda hacer con un rendimiento energético positivo (y hay quien dice que es termodinámicamente imposible). Lo que sí que descarta, explícitamente, es que los biocombustibles de algas se puedan explotar a una escala perceptible de aquí a 2040. Y todo eso sin contar con que la producción de biocombustibles es un gran error.

Sobre la verosimilitud de las expectativas de mejora de la intensidad energética que tiene la AIE la figura 7.2 habla por sí sola:




De entrada, marcar como período de referencia el 2000-2016 es un tanto sesgado, ya que ese período contiene la gran recesión económica de 2007-2009 que llevó a una considerable mejora de la intensidad energética pero por la vía mala (destruyendo sectores menos competitivos y aumentando el paro, como ya comentamos), y es que en realidad la mejora en intensidad energética global del período 2000-2006 se sitúa por debajo del 1%. Por otro lado, para las mejoras en intensidad energética lo esperable es que más pronto que tarde caigamos en la ley de los retornos decrecientes (si no estamos ya allí, entre otras cosas porque el truco de financiarizar la economía está ya demasiado explotado y sólo puede hacerse en un puñado de países, por supuesto occidentales). Pero la AIE no sólo asume que el descenso de intensidad energética continuará durante 24 años, sino que será mayor que la marca de los últimos años incluso contando con el bienio recesivo 2008-2009. Y de nuevo se ve que el modelo de la AIE, el WEM, es un modelo dirigido por la demanda de la economía como si ésta fuera independiente de la realidad física que la sustenta: la AIE ya ha previsto cuánto crecerá el PIB, como dijimos al principio, y por tanto para que todo le cuadre la intensidad energética ha de disminuir más de un 2% anual. Fíjense que no es una conclusión de su modelo, sino la resultante de la imposición externa de un crecimiento económico sumada a la creciente evidencia de los límites en el aprovisionamiento de energía. En suma, que están poniendo el carro de la economía delante de los bueyes de la energía, que diría el bueno de Pedro Prieto. Y todo esto sin hablar de la Paradoja de Jevons...

El resto del capítulo discute principalmente acerca de la posibilidad de modular la producción renovable a partir de una respuesta adecuada del lado de la demanda y las emisiones de CO2 evitadas en los diversos escenarios.

Gas natural:

En esta ocasión, como en algunos informes anteriores, la AIE pone todo el foco en las grandes perspectivas para el gas natural. Esto es bastante lógico, teniendo en cuenta que se trata de la única fuente de energía no renovable que aún no muestra claramente signos de haber llegado a su máximo de producción, aunque no esté tan lejos. Dado que ya no le quedan muchas alternativas, con el petróleo y el carbón dando signos de ir a la baja, y la energía nuclear astutamente arrinconada en todo el informe, la AIE estima que el consumo de gas natural crecerá, en el escenario de referencia, nada menos que un 45% de aquí a 2040. Un vistazo a la tabla 8.3 nos muestra que las expectativas de la AIE se centran en que la producción de gas natural no convencional (fracking) llegue a ser aproximadamente un tercio del total (874 miles de millones de metros cúbicos -bcm- en 2040 frente a los 1.683 de gas convencional).




Un poco más adelante en el informe se nos explica que los EE.UU. producirán 800 bcm de gas no convencional en 2040, cifra que si se compara con la de 1.058 de producción total para ese país nos lleva a calcular que en 2040 su producción convencional habrá caído hasta los 258 bcm, una caída espectacular desde los 544 de 2000 (cuando toda la explotación era convencional). En suma, que la única manera que tiene los EE.UU. de escapar a su pico del gas es a través del fracking. Y será prácticamente el único país que usará esa tecnología, ya que sólo 74 bcm de gas no convencional serían producidos en otros países: la propia AIE destaca en el WEO que su escenario de 2011 no se ha cumplido porque la producción de gas no convencional no ha crecido como se esperaba fuera de los EE.UU.

Es decir, la AIE lo apuesta todo al gas natural (única manera para compensar el estancamiento y caída de petróleo y carbón), y para que éste pueda crecer todo depende del fracking. Sería interesante ver en qué se quedaría la gráfica de producción global de gas natural sin el de fracking, toda vez que la explotación de gas por fracking es todavía más ruinosa que la de petróleo. Pasa probablemente lo mismo que ha pasado con el petróleo: se estima que porque hay recursos, éstos van a ser explotados a un precio conveniente, sin entender el vínculo entre energía y economía. Utilizar fuentes de energía con bajo rendimiento energético implican necesariamente contracción económica, y por eso esas fuentes nunca podrán ser explotadas a escala masiva. Es una manera de negarse a ver la llegada del cenit de producción, argumentando que lo que sucede es que no hay suficiente demanda cuando lo que sucede es que la sociedad no se puede permitir esos recursos naturales porque su uso implica invertir en su explotación otros recursos económicos y al final compromete la propia viabilidad de la sociedad.


Una de las cuestiones fundamentales para poder comercializar esa hipotética bonanza de gas es la presencia de instalaciones adecuadas de transporte, ya sea gasoductos o, en el caso de los EE.UU., mediante puertos con instalaciones adecuadas de licuefacción (y que en los puertos de recepción las haya de regasificación). Instalaciones que tienen unos costes realmente elevados. Pero como se reconoce en el WEO, los actuales bajos precios del gas natural han hecho que las inversiones en nuevas instalaciones se hayan parado casi por completo. La AIE no explica cómo se va a dar que estas inversiones vuelvan a producirse en un escenario de precios más altos, y por supuesto descarta que el escenario más probable sea el de volatilidad de precios, la demoledora espiral que va destruyendo sucesivamente oferta y demanda, a pesar de que ése sería, justamente, el escenario más probable. Y confirma que seguramente para el gas natural tampoco hay ya un precio que sea al mismo tiempo adecuado para productores y consumidores: eso es lo que parece desprenderse de una gráfica que analiza la evolución de la demanda de gas en tres países industrializados (Alemania, Reino Unido y EE.UU.) en función del precio del mismo.



Lo que nos dice el pie de  la figura es que alrededor de los 6$/MBtu (millones de unidades térmicas británicas) se empieza a destruir demanda de gas natural. Sin embargo, está claro al ver la figura que alrededor de 4$/MBtu la demanda ya queda congelada y que hay una zona de transición entre los 4 y los 8 $/MBtu de demanda congelada antes de comenzar la destrucción de demanda propiamente dicha. Esa intervalo de "congelación de demanda" es indicativo de que los precios por encima de los 4$/MBtu ya hacen sufrir a la demanda, pero que ésta puede resistir por un tiempo, probablemente no ilimitado, del mismo modo que con el petróleo la demanda fue capaz de soportar precios medios de más de 110$/barril durante los tres años que fueron de 2011 a 2014, y que concluyeron con una caída de demanda y por ende del precio. Ya hace unos años comentamos que los productores necesitaban precios bastante por encima de los 4$/MBtu para poder recuperar sus inversiones (en 2013 comentábamos que debían de ser de al menos 7$/MBtu). Justamente la figura 8.5 del WEO 2017 que muestro arriba es un indicio de que estamos llegando al fin de la era del gas natural barato, o lo que es lo mismo, que nos acercamos al pico del gas, lo cual es consistente con las estimaciones que llevamos años manejando (pico del gas alrededor de 2020). A pesar de lo cual, la AIE afirma sin rebozo que la producción de gas natural será capaz de crecer un 45% durante los próximos 24 años.

El WEO dedica aún dos secciones más, unas 100 páginas, a discutir las ventajas del gas licuado y las inversiones en instalaciones de regasificación, además de la importancia del gas natural como combustible de transición. A la vista de todo lo que hemos discutido, no le veo mayor sentido a hablar de todo ello aquí.

El gran ausente: la energía nuclear.

La palabra "uranio" sólo se menciona en el capítulo de China, referente a sus suministros y proveedores. La palabra "nuclear" sí que se menciona, aunque en la mayoría de las instancias es de pasada, en algunos casos reconociendo que algunos países que habían apostado mucho por esta energía ahora no son tan entusiastas, y en el caso de China celebrando que haya completado nuevas plantas nucleares, y comentando la importancia que tendrá esa energía en su descarbonización y en la de la India. A pesar de eso, en el escenario de Nuevas Políticas se asume que la producción de energía nuclear se incrementará desde los 681 Mtoe (millones de toneladas equivalentes a petróleo) actuales (cifra muy parecida a los 676 Mtoe del año 2000) y llegará en 2040 a los 1.002 Mtoe. Curiosamente, la energía nuclear tiene algo más de importancia en el escenario de Desarrollo sostenible (1.393 Mtoe en 2040), lo cual puede llevar a un razonable cuestionamiento del nombre de ese escenario. Resume el escenario de luces y sombras de la energía nuclear las expectativas de potencia instalada de las cinco principales regiones para este tipo de energía, ahora y en 2040.





Por supuesto, no hay ninguna mención al pico del uranio ni a posibles problemas de suministro futuro; de hecho, no hay ni una palabra sobre la producción de uranio global. Y eso que este año podrían sacar pecho, ya que en 2016 la producción de uranio se incrementó considerablemente y salió de la fase de aparente declive en la que llevaba instalada desde 2014 - ya veremos si de manera duradera o no.


China:

El último terico del WEO se dedica a China. Hay en él mucha información interesante, pero lo resumiré todo en una gráfica, que nos dice cómo cree la AIE que evolucionará en China el consumo de energía en los próximos años, basándose en las tendencias más recientes. Lo que se nos muestra la gráfica debajo de estas líneas son los ritmos de cambio anuales, para el período 2000-2013 y para el 2014-2016.



Esencialmente se muestra el pico del carbón en China, en su caso dirigido por la demanda sobre todo y algo menos por las limitaciones de producción. Pronto será manifiesto que la producción de petróleo de China ha llegado a su máximo, aún cuando la demanda se mantiene alta. Y, significativamente, se observa que la demanda de electricidad ya no crece tan deprisa. China es un buen termómetro global de por dónde van a ir las tendencias energéticas del mundo, y a medida que pasen los años iremos viéndolo.

Conclusiones:

Si algo evidencia este WEO es que el pico del petróleo y el pico del carbón están ya aquí; se anticipan ya declives significativos de la producción de ambas materias primas energéticas (aunque sólo se explicitan en el escenario instrumental Desarrollo sostenible), y no debemos olvidar que estos dos combustibles fósiles suministran conjuntamente casi dos tercios de la energía primaria consumida anualmente. La perspectiva de que el gas natural pueda tomar el relevo resulta un tanto inverosímil, pues justamente el comportamiento de los precios y la necesidad de recurrir cada vez más a recursos no convencionales, en un alto paralelismo con lo que pasó con el petróleo, es un claro síntoma de que también en esta materia prima estamos cerca de su punto álgido de producción. Si se confirman las peores tendencias (cosa que para saberla tendremos que esperar aún unos pocos años), nos podríamos encontrar que a partir de 2020 las fuentes que proporcionan el 86% de la energía primaria que se consume en el mundo estarían en declive. 

En este contexto, el grueso del WEO 2017 es material para la distracción y la discusión inane. No tiene sentido seguir perdiendo el tiempo analizando infinidad de detalles esencialmente menores, cuando no irrelevantes, justamente ahora que nuestras fuentes de energía están llegando al cenit y con ellas posiblemente nuestra civilización.


Salu2,
AMT


lunes, 13 de noviembre de 2017

Las semillas del colapso


Imagen cortesía de Samuel Teruel


Queridos lectores,

Para mi propia sorpresa, parece que al final éste será mi tercer post consecutivo que versa sobre la cuestión catalana. Realmente quería alejarme de este tema que ocupa un tiempo excesivo en los noticiarios y en las mentes de la gente de aquí, y que además no está demasiado relacionado con la energía - tema principal de este blog - pero me veo obligado a volver a ello porque me interesa mucho hacer una serie de consideraciones sobre lo que ha sucedido durante estas últimas semanas. Esta vez, sin embargo, pretendo poner en un contexto más general, y espero que un poco más útil, diversos aspectos de la crisis española del momento.

No volveré una vez más a recapitular sobre todo lo que ha pasado los últimos años y principalmente en los últimos meses: leyendo mis dos últimos posts (Modelo para recortar/Model per retallar y Saliendo de cuentas) y los enlaces que hay allí deberían ser capaces de hacerse una idea de cómo veo la situación actual (si hace poco que ha llegado a este blog le ruego que no se saque conclusiones precipitadas sobre lo que yo pienso y se lea la buena colección de posts míos que están enlazados, principalmente en el primero de los que pongo arriba). Únicamente glosaré de manera muy breve lo que resulta más relevante para mi discusión de todo lo que ha pasado durante el último mes. Dado que mi objetivo final es intentar ir de lo menos específicamente catalán a lo más generalmente occidental, ruego a mis lectores españoles que no se alteren si ven algunos hechos relevantes omitidos en provecho de la discusión que quiero introducir.

Durante el último mes, la situación político-social de Cataluña ha sufrido un vaivén intenso, un flujo de emociones tremendo, y no sólo en esta que aún lo es comunidad autónoma española, sino en toda España. El 10 de octubre el president Pugidemont proclamó la independencia y casi al mismo tiempo dejó esta declaración en suspenso para abrir un tiempo de negociación con el Estado español. Pasaron los días y quedó claro que la única respuesta que iba a haber por parte del Estado español era la intervención de la autonomía catalana, al tiempo que los fiscales iban estrechando el cerco judicial sobre el Govern de la Generalitat. Al final, tras dudar en una delirante mañana si convocar elecciones autonómicas o proclamar definitivamente la independencia de Cataluña, Carles Puigdemont optó por la segunda opción (o eso fue lo que pareció, como discutiré más abajo), para gran regocijo de las masas de independentistas que le jaleaban en las calles. Como respuesta, el Gobierno de España puso en práctica el decreto de intervención de la autonomía, con la intención inicial de mantener el control durante al menos seis meses. Dos días más tarde, Puigdemont se dio a la fuga y se refugió en Bruselas con cuatro de sus consellers, mientras que el Estado español se hacía con el control efectivo de la Generalitat sin ningún tipo de resistencia. El resto del Govern, que se quedó en Cataluña, fue citado a declarar en la Audiencia Nacional unos días más tarde y metido en prisión preventiva, acusados de graves delitos contra el Estado. Y en ésas estamos: el autodenominado Govern en el exilio intentando (con bastante éxito, todo hay que decirlo) atraer la atención internacional sobre el caso, mientras que en Cataluña y en España todo el mundo está pendiente de los nuevos comicios autonómicos convocados por el Estado para el 21 de diciembre, es decir, en el menor plazo legamente posible, de manera un tanto sorprendente por cuanto contradice las intenciones expresadas de un control de más larga duración de la Generalitat.

Como pasa muchas veces en los grandes conflictos, hay un texto, que trata de aquello de lo que se habla, y un subtexto, que trata de lo que realmente subyace al conflicto. En este caso, a mi modo de ver lo que tenemos es un texto de confrontación nacional que genera una reacción nacionalista exacerbada (como ya me temía hace algunas semanas), mientras que el subtexto tiene mucho más que ver con el intento de estratos cada vez mayores de la clase media de escapar de la inevitable y cada vez más inexorable Gran Exclusión.

Referente al texto del conflicto, vemos un posicionamiento dialéctico muy diferente por parte de las autoridades catalanas y de las españolas. De la parte catalana, la mayoría independentista en el Parlament de Catalunya ha forzado la legalidad para conseguir su objetivo, que no era tanto conseguir la independencia de Cataluña como hacer una representación de la misma. Si uno analiza cuidadosamente lo que ha pasado desde comienzos de septiembre, veremos que los actos verdaderamente punibles desde el punto de visto jurídico han sido las irregulares sesiones de los días 6 y 7 de septiembre, donde esa mayoría se saltó el reglamento de la cámara (al estilo de lo que luego hiciera el Senado español en la tramitación del decreto de aplicación del artículo 155) y el mantenimiento de la convocatoria del referéndum para el 1 de octubre, a pesar de estar la ley autonómica que lo amparaba suspendida por el Tribunal Constitucional. Estas irregularidades pueden y deben ser perseguidas judicialmente de acuerdo con el ordenamiento jurídico español, pero no pasan de ser meros delitos de desobediencia, que podrían acarrear inhabilitación para quienes los originaran, aparte de multas, pero nada más. La pintoresca declaración de independencia e inmediata suspensión del 10 de octubre fue en realidad un acto declarativo, toda vez que el president Puigdemont suspendía una independencia que en realidad no había sido declarada. Más políticamente extrema fue la sesión del día 27 de octubre, en la cual la mayoría independentista declaró finalmente de manera formal la independencia de Cataluña; sin embargo, si se examina la parte resolutiva se ve que lo único que acordó esta mayoría fue pedir a Puigdemont que buscase la manera de implementar la ley de transitoriedad jurídica, en tanto que el texto de la declaración de independencia quedaba en la parte declarativa, sin consecuencia jurídica alguna. Tanto es así que el Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya no recoge la independencia de Cataluña como un hecho, y la bandera de España no fue arriada del edificio de la Generalitat. Por el mismo motivo, cuando entró en vigor el decreto estatal de intervención de la Generalitat, los mismos que habían sostenido una retórica prácticamente belicosa rindieron dócilmente la administración catalana al control del Estado, acatando de facto la legalidad española.

Delante de esta gran representación orquestada por los partidos independentistas, la reacción española ha sido, desgraciadamente, excesiva, pues a cada jugada de farol y de escasas consecuencias jurídicas (o incluso sin ellas) de los independentistas, el Estado español ha reaccionado con gran dureza y con acciones de gran calado, cargadas de consecuencias jurídicas que forzosamente se tendrán que acabar volviendo contra él. De entrada, la imagen exterior de España se está viendo muy afectada (cosa que era en parte lo que pretendían los independentistas con esta actuación); y, en el ámbito doméstico, la retórica inflamada del Estado ha dado paso a un resurgir del esencialismo nacional español que puede ser la causa de muchos problemas interiores (y no sólo en Cataluña) en el futuro.

Hay que comprender una cosa: ERC y el PdeCat, que formaban la coalición de gobierno Junts pel Sí (JxS) en el Parlament de Catalunya, son partidos afincados en el BAU (como quedó acreditado hace muy poco) y por tanto la posibilidad de una ruptura descontrolada con España, que hubiera precipitado Cataluña en el colapso, no estaba en modo alguno en su hoja de ruta. Si Cataluña tuviese que ser independiente, tendrían que negociarse un montón de cosas con España: control de fronteras, gestión de recursos hídricos, gestión de infraestructuras en general y particularmente la red eléctrica, la gestión de los residuos nucleares, el transporte del gas natural y de productos refinados, la judicatura, la competencias de policía aún no asumidas por los Mossos d'Esquadra... Una lista larguísima que necesitaría de muchos meses de negociación, y unos cuantos años de implementación. Por ese motivo, nunca ha sido la intención de la coalición JxS proclamar la República por su cuenta y riesgo. Al contrario, lo que se ha pretendido ha sido escenificar esta ruptura al máximo posible pero sin acabar de salirse de la legalidad española, intentando forzar una negociación con el Estado español. El problema es que su representación ha sido demasiado creíble y hasta ahora el Estado español se había tomado el desafío como algo real, en vez de como la gran mascarada que era. Sólo recientemente han comenzado a comprender que se trataba de una boutade, y de ahí la insistencia en los últimos procesos judiciales en que los procesados renieguen del independentismo y declaren que acatan la legalidad española.

Pues no sólo fue el Estado español quién se tragó la bola de que se estaba buscando proclamar la independencia por la vía exprés, sino también toda la base social que les había apoyado con sus votos. En su mayoría, esas masas que ocupaban y aún hoy ocupan las calles para dar su apoyo a los diversos hitos de este proceso creyeron de buena fe que realmente íbamos a ser independientes en un plazo ínfimo de tiempo. El duro choque entre la retórica revolucionaria y una realidad en la que, sin la mínima resistencia, todo sigue supeditado a la legalidad española ha causado altas dosis de incredulidad, decepción y fustración en las filas independentistas, tal y como yo anunciaba incluso antes del referéndum del 1 de octubre. Y de ahí la nueva estrategia de la Fiscalía española, que, siguiendo las directrices marcadas por el Estado, pretende hacer patente entre los suyos que, más allá de la retórica, en realidad sólo había un juego de humo y espejos destinado no sólo a confundir al estado español, sino también a la gente que apoya el independentismo. No es por eso extraño que los partidos favorables a la unión estén poniendo el acento en que los partidos independentistas han engañado a sus votantes. 

Porque es cierto que lo han hecho, les han engañado. Se puede alegar que hacía falta esta representación para conseguir un gran avance, que todo este proceso era el primer capítulo de un historia, la de la independencia catalana, que se tenía que escribir forzosamente de esta manera. Sin embargo, los dirigentes catalanes, que se esperaban que al final el Estado español se sentara a negociar al ver el clamor popular, se han encontrado con la sorpresa de que no hay ninguna posibilidad de negociación y que todo lo que se puede esperar es represión. Por eso se les ve tan indefensos, tan incapaces de reaccionar: nunca pensaron que el Estado español fuera capaz de ir tan lejos.


La represión a gran escala (aunque, seamos honestos, todavía de una intensidad controlada) es una de los fenómenos más interesantes de toda esta historia. El 1 de octubre se verificó la extensión de la represión a sectores de la población que no están acostumbrados a ella. Porque dentro de las grandes hipocresías sociales actuales, la gente "normal", la gente "de bien", acepta que la represión pueda ser aplicada, injusta e indiscriminadamente, a otros, a los marginales, a la gente que algo malo seguramente habrán hecho. Que, de repente, la represión se pueda extender a familias que van con sus niños y sus abuelos a votar, a gente que, a su entender, no estaban haciendo algo malo, es algo que ha dejado en estado de shock a la sociedad catalana, un shock que dejará heridas muy duraderas. Y que se pueda encarcelar a personas "normales" y "de bien", con altas dosis de arbitrariedad, saltándose los procedimientos y garantías procesales, es algo también muy inesperado. Ese tipo de tratos a los cuales la chusma está acostumbrada, pero que no debería sucedernos a nosotros.

Mientras en Cataluña gente común se sorprende de que se les trate como pre-excluídos sociales, en España también se ha producido una reacción que causará tanto o mayor mal en el futuro. Delante de la exhibición masiva de enseñas independentistas en las calles catalanas, muchas personas comunes, también ellos pre-excluídos sociales, se han arropado en banderas españolas, en un resurgimiento nacionalista español, también carente de mucho sentido común y atizado por algo que afortunadamente aún no es común en Cataluña: el odio. Ese odio basado en argumentos de trazo grueso, que motiva debates imbéciles y argumentos grotescos con los que se atiza a diestro y siniestro, y no sólo en Cataluña. Esa rabia mal encauzada que se manifiesta en todo y contra todo, tenga sentido o no, como la de esa funcionaria de la Junta de Andalucía que por algún motivo se cree con el derecho de acosarme de tanto en tanto con vitriólicos desvaríos en forma de correos electrónicos. Curiosamente (o no), a medida que arrecian los rasgos más excluyentes del nacionalismo español se intenta repetidamente desde los medios de comunicación españoles presentar al independentismo catalán como un movimiento de corte fascista y xenófobo, sin entender de dónde viene el independentismo de nuevo cuño. Pues si bien el independentismo clásico tiene una cierta componente nacionalista (aunque probablemente menor de la que se le atribuye), el nuevo independentismo, ése que explica que las ansias secesionistas catalanas hayan pasado en menos de una década de menos del 20% de la población a situarse alrededor del 50% actualmente, tiene mucho más que ver con el deseo de huir de un Estado, el español, que se percibe como inoperante, corrupto y vendido a los intereses del gran capital, descuidando su deber de servicio a la ciudadanía. Nada que sea particular del Estado español, en realidad: este problema se reproduce en mayor o menor medida en todo Occidente, y es en parte lo que explica la situación en Grecia, el Brexit o la elección de Donald Trump en los EE.UU., por no hablar del ascenso de la ultraderecha en toda Europa. Una gran parte de la población de Cataluña ha llegado a creer que la independencia podría ser la solución a sus problemas, en tanto que otra parte de más o menos el mismo tamaño no lo cree en absoluto. Lo mejor de caso es que los argumentos que se exponen a favor y en contra tienen poco que ver con la situación real. Dejando al margen lo sesgado de las contabilidades económicas que presentan los exponentes de uno y otro lado, es cierto que la independencia de Cataluña sería una oportunidad para construir un nuevo Estado mucho más justo y social, en el que se limitara la capacidad de cooptación del poder económico y que incluso se contemplara como política de Estado la necesidad de abandonar el crecimiento y apostar por la dimensión social. Pero no es menos cierto que teniendo en cuenta quién está a los mandos de la nave, en vez de dirigirnos a Ítaca más probablemente acabaríamos llegando a Nueva España, donde todos los vicios que creeríamos estar dejando atrás se reproducirían a una escala más local pero no necesariamente menos corrupta. Por el otro lado, los argumentos esencialistas españolistas se están utilizando para ocultar o como mínimo minimizar el proceso de deriva de la clase media hacia la Gran Exclusión vía devaluación interna; la gente se olvida de su tránsito a la miseria mientras se centra en denostar a los malvados catalanes. Mientras tanto, el Estado va derivando cada vez más claramente al autoritarismo (como se ve en el caso de la intervención de las cuentas del Ayuntamiento de Madrid). Como tantas otras veces, la sociedad se rompe en dos bandos antagónicos de similar tamaño sin que uno de los dos domine con total claridad, simplemente porque el verdadero problema se sitúa en una dirección completamente diferente de aquélla por la que se está moviendo (probablemente de manera interesada) la discusión pública. Eso explica en parte el fracaso relativo de la última jornada de huelga general del día 8 de noviembre, si no convocada al menos capitalizada por el independentismo. Quizá se esperaban un paro tan absoluto como el del 3 de octubre, pero si bien entonces la gente estaba aún en estado de shock por los hechos del 1 de octubre, el 8 de noviembre probablemente pesó mucho más la cuestión económica, y es que la realidad es que mucha gente no se puede permitir el enorme lujo de parar un día.

¿Y si el colapso era esto? ¿Y si ésta era la forma que tenía que tomar el colapso en el concreto caso de España? ¿Y si nuestro camino en el descenso energético tenía que ser hacerlo confundidos en debates entre esencialismo español y nuevas repúblicas ibéricas? Para mi estos días han sido muy curiosos: cada dos por tres me he encontrado con personas hablando del mismo tema, del único tema que ocupa recurrentemente las conversaciones. Y con mucha serenidad me he visto dando ánimos y consejos a unos y a otros,  a los independentistas y a los unionistas, todos ellos abatidos, los primeros porque Ítaca estaba más lejos de lo que creían, los segundos porque ven cómo derivan las cosas y que ya no son mayoría. Me he encontrado repetidas veces haciendo de consejero emocional y dándole bálsamo a unos y a otros. Al final, uno de ellos me preguntó por qué yo estaba tan tranquilo, y cómo era que nada de todo eso que altera a todo el mundo me afecta. Sonriendo, le dije que la razón es que yo ya he asumido que vamos a colapsar, al menos parcialmente, y delante de eso todo lo demás me parece accesorio.

En medio de toda la confusión actual, hay un fenómeno nuevo que está surgiendo en Cataluña: los autodenominados Comités de Defensa de la República (CDR). Se trata de pequeños grupúsculos de ciudadanos que se organizan autónomamente para favorecer la llegada de la República catalana, y son herederos de los Comités de Defensa del Referéndum, de mismo acrónimo, que tan bien funcionaron para la organización clandestina del referéndum, tan efectiva que fue capaz de escapar a la presión del Estado. Inicialmente impulsados por algunas CUPs, estos CDRs funcionan realmente como células independientes de gente con una inquietud común que intenta organizarse, de ciudadanos que intentan coger las riendas de la situación con sus manos en vez de esperar que los líderes les resuelvan los problemas. Básicamente, es un gran experimento de empoderamiento ciudadano, favorecido por la crisis independentista. Mientras los CDRs consigan mantenerse como agrupaciones de fines pacíficos podrán sobrevivir, aunque lógicamente el Estado los va a combatir ya que algunas de sus acciones son claramente ilegales (por ejemplo, cortar carreteras o vías del tren). Lo verdaderamente interesante de los CDRs es su capacidad de, por un lado, dar salida a la necesidad de la gente de hacer algo para superar la actual crisis, y por el otro crear estructura que puede resultar muy útil cuando venga la siguiente oleada recesiva y particularmente cuando nos vayamos hundiendo en el progresivo colapso y desestabilización del Estado. Que los CDRs se acaben convirtiendo en sanguinarias milicias o en grupos de resiliencia ciudadana dependerá de la inteligencia colectiva y de la evolución de los acontecimientos. De una manera u otra, son probablemente las semillas del colapso, a falta de decidir si serán las que acelerarán el mismo o las que podrán dar un fruto del cual construir una nueva sociedad cuando el colapso finalmente sobrevenga.

Salu2,
AMT 

Post Data: Mientras nos entretenemos con todas estas cosas, hay algunas otras cuestiones relevantes para los temas de este blog que están pasando: la consolidación de la caída de la producción de petróleo en China; el fracaso relativo de la Oferta Pública de Acciones de la compañía nacional saudí de petróleo, Aramco, y casi al unísono la batida contra la corrupción en Arabia Saudita, que ha descabezado Aramco y otras compañías; la progresiva subida del precio del petróleo; la generalizada bajada de la inversión en upstream que sin embargo se está viendo compensada por la brutal subida de la inversión sólo en los EE.UU. de Donald Trump... Mañana saldrá el informe anual de la Agencia Internacional de la Energía de este año, el World Energy Outlook 2018 y, como siempre, intentaré ofrecerles un análisis del mismo a la mayor brevedad.