miércoles, 27 de enero de 2016

Medidas públicas para la transición postpetróleo

 
 
Queridos lectores:

Aquellos lectores de este blog que vivan en Galicia ya sabrán a estas alturas de la reciente publicación del libro "A esquerda ante o colapso da civilización industrial", un ensayo de Manuel Casal Lodeiro, activista y activo miembro de una asociación muy conocida en estas páginas,  Véspera de nada; además, Manuel es también el coordinador de la revista post-colapsista "para una nueva civilización" 15/15\15
 
A esquerda ante o colapso da civilización industrial" es, en cierta forma, la continuación de la "Guía para o descenso enerxético" que publicó Véspera de nada hace ahora dos años, pero en este caso el libro está enfocado directamente hacia el terreno político. ¿Cómo está reaccionando la izquierda ante el colapso en ciernes? ¿Cómo, y por qué, debería reaccionar? Estas son las preguntas que trata de responder el
autor, fijándose sobre todo en el panorama político gallego pero mirando también a Cataluña, Euskadi, el resto del Estado español o incluso a la Grecia de Syriza.

El libro ofrece algunos materiales adicionales en forma de anexo que son de especial interés. Uno de ellos consiste en una batería de medidas que cualquier gobierno debería abordar para comenzar la
"transición" necesaria hacia un mundo en declive energético, y que Pau Valverde Ferreiro, uno de los
mecenas-lectores del libro, ha traducido a castellano para ampliar su difusión. 
 
Mientras esperamos a la edición española de "A esquerda..." (que se está ahora mismo negociando, además de la portuguesa), de acuerdo con Manuel hemos decidido compartir dicho anexo desde este blog. Al tiempo, os invitamos a que conozcáis otros contenidos que el autor va liberando en la web esquerda.colapso.info.
 
Salu2,
AMT
 
Algunas medidas públicas de mínimos para una estrategia facilitadora de la adaptación social pospetrolera

Economía:

– Apoyar decididamente la creación y/o consolidación de las redes locales de distribución de alimentos, y las cooperativas de consumo ecológico y local.

– Apoyar los proyectos de moneda complementaria que tengan una función social y útil para la transición.

– Favorecer la creación de bancos de tiempo.

– Apoyar las redes de distribución local y el comercio de proximidad de elementos de primera necesidad.

– Ayudar económicamente a las empresas locales que proporcionen productos sustitutivos de los importados en áreas de primera necesidad.

– Poner en marcha campañas mediáticas a favor del consumo de productos locales.

– Realizar campañas informativas de fomento y reconocimiento del consumo y uso de bienes y servicios con menor intensidad energética.

– Priorizar las ayudas económicas a las empresas que pongan en marcha planes de ahorro energético y hayan mostrado una alta eficiencia energética.

– Promover actuaciones económicas paliativas en las zonas con presencia de actividades fuertemente consumidoras de energía ante futuras y posibles reducciones de tales actividades.

 – Realizar estadísticas continuadas de la utilización de energías primarias, de uso y transformación de las mismas, así como del consumo por tipos de energía y usuario, que permitan disponer de la información suficiente para establecer lineas de actuación gubernamental y hacer un seguimiento de su cumplimiento.

– Promover decididamente el mantenimiento y ampliación de la población rural, en detrimento de las áreas urbanas, mediante leyes y medidas específicas que faciliten el retorno al campo en todos los terrenos: económico, ambiental, de servicios, vivienda, calidad de vida, etc. Fomentar las ecoaldeas como un modelo válido para la revitalización del rural, así como priorizar los proyectos colectivos para la recuperación de las aldeas o para el retorno al campo en general.

– Promover el aislamiento térmico de las viviendas, su aprovechamiento solar pasivo y penalizar un alto consumo energético en su construcción.

– Difundir en el sector de la construcción las posibilidades de la arquitectura bioclimática y subvencionar su aplicación en la construcción y reforma de viviendas y otros edificios.

– Aprovechar fincas no utilizadas de titularidad estatal, para la creación de huertos urbanos comunitarios y ecológicos.

– Promover que los ayuntamiento también faciliten la creación de huertos urbanos en los terrenos de su propiedad.

– Promover que se creen huertos para la autoproducción de alimentos en los jardines de las urbanizaciones privadas.

– Favorecer el uso del monte autogestionado, sostenible, diverso y encaminado a fijar población en el rural.

– Subvencionar (por ejemplo eliminando o reduciendo impuestos) la compra, alquiler y reforma de viviendas rurales para personas actualmente residentes en núcleos urbanos y que pretendan cambiar de residencia habitual al rural o a personas que quieran mantener su residencia en el rural.

– Simplificar los requerimientos para las obras y reformas en el rural y potenciar que se realicen con material y mano de obra local, además de con criterios de ahorro energético.

– Promover la soberanía y autosuficiencia alimentaria. Apoyar la producción ecológica local. Prioridad absoluta del gobierno: Asegurar el suministro de agua potable y alimentos a la población.

– Potenciar el banco de tierras, también en zonas urbanas y periurbanas para poner en contacto propietarios/as de fincas potencialmente productivas con urbanitas interesados/as en la producción hortícola para autoconsumo o para vender.

– Eliminar las trabas burocráticas y fiscales a la venta en mercados locales de excedentes de alimentos autoproducidos.

– Potenciar la puesta en marcha de bosques de alimentos y otros proyectos de agroforestry.

– Revisar la normativa relativa a los requerimientos de materiales y embalajes para los productos hortícolas para facilitar el empleo de materiales locales no derivados del petróleo.

– Modificar la normativa de ayudas a la incorporación de gente nueva en la producción agroganadera a la luz de una necesaria simplificación de insumos y características técnicas de las explotaciones.

– Promover las ferias y mercados locales, sobre todo de alimentos.

– Apoyar los bancos y redes de semillas locales, facilitándoselas a cualquier persona interesada en cultivar alimentos.

– Poner en marcha centros de uso comunitario para el envasado de alimentos y fabricación de conservas mediante sistemas de máxima garantía sanitaria y mínimo consumo energético. Divulgar desde estos centros, entre la población en general, técnicas de conserva casera.

– Promover la reconversión de las explotaciones agrícolas al modelo agroecológico.

– Promover la reconversión de las explotaciones ganaderas para aumentar su ahorro energético y minimizar su dependencia de insumos del exterior.

– Promover que se compartan los vehículos privados: con carriles reservados en las calles (coches con 3 o más pasajeros), excepción de peajes y otras medidas para su promoción.

– Promover cooperativas de transporte privado (coches propiedad de sus miembros), clubes de alquiler de coches, redes de autoestopistas registrados y otros sistemas semejantes. Facilitar el alquiler de coches para ocasionales viajes largos.

– Facilitar y promover el uso de la bicicleta (carril bici, etc.). Substituir calles para coches por vías para bicicletas. Dar prioridad para las bicicletas en el rediseño de las vías.

– Poner en marcha ayudas para que ciudades y pueblos creen carriles bici, aparcamientos para bicis en las estaciones de autobuses y tren, y recorridos peatonales.

– Promover la compactación de la semana de trabajo: menos días de trabajo por semana, concentrando las horas. Incentivar la jornada continua en empresas públicas, privadas y horarios escolares.

– Fomentar la recuperación de autobuses de empresa para el desplazamiento de los trabajadores.

– Revisar todos los tributos para penalizar aquellas actividades que obstaculicen la transición energética, y rebajando o anulando los impuestos a aquellas que la favorezcan.

– Reducir la fiscalidad a los comercios de proximidad y pequeñas tiendas, sobre todo de alimentos y de productos de primera necesidad.

– Favorecer fiscalmente a las empresas que faciliten el teletrabajo para evitar desplazamientos de sus trabajadores de fuera de las ciudades y como medida complementaria favorecedora del retorno al rural.

– Favorecer fiscalmente el alquiler y compartición de todo tipo de equipamiento como alternativa a la compra­venta, y para favorecer la ampliación de la vida útil de los productos y maquinarias.

– Penalizar la obsolescencia programada en los productos industriales y favorecer la producción de bienes para toda la vida.

Agua:

– Urgir a todas las responsables de instalaciones de subministro de agua potable para que analicen las vulnerabilidades de las mismas en el caso de una súbita carencia de derivados del petróleo o de suministro eléctrico.

Educación:

– Colaborar para la realización de todo tipo de jornadas de divulgación social del peak oil y

de sus implicaciones para nuestra sociedad.

– Favorecer la formación de personas desempleadas en nuevos oficios y servicios para la resilencia.

– Apoyar y promover la recuperación de saberes, técnicas y oficios tradicionales.

– Revisar los currículos educativos para incluir en ellos la capacitación de los estudiantes en habilidades y conocimientos precisos para una vida postpetrolera.

– Revisar los libros de texto escolares, especialmente en el área de conocimiento del medio, para incluir la visión histórica de la relación entre nuestra especie y la energía, hasta llegar al momento actual del fin de una era de abundancia energética.

– Introducir la enseñanza de Permacultura y técnicas afines en todos los niveles formativos y áreas donde sea aplicable.

– Mantener y potenciar la enseñanza en el medio rural.

– Promover las escuelas populares, los ateneos y otros mecanismos de autoformación

colectiva de las personas, facilitándoles, por ejemplo, locales y la adquisición de material formativo.

– Promover una nueva cultura energética que ponga énfasis en el ahorro, en la eficiencia, y en los modelos de movilidad y ordenación del territorio que reduzca el consumo real.

– Fomentar, con la colaboración de los ayuntamientos, la agricultura/horticultura urbana ecológica mediante campañas, cursos, incentivos diversos, cesión de espacios y aperos, subvención de semillas, etc.

– Fomentar la investigación en Permacultura, técnicas de cultivo, diseño de explotaciones autosuficientes, tecnologías y especies adecuadas y otros aspectos para una nueva agricultura postpetrolera. Identificar insumos alternativos a los actuales, sistemas de prevención de plagas no químicos, etc. echando mano de la historia agrícola del país y del saber tradicional, como de las experiencias que funcionan en otros lugares.

– Realizar campañas para a formación de los conductores de vehículos privados en conducción para el ahorro de combustible.

– Fomentar un cambio cultural con respecto al consumo. Dentro de él, promover intensamente los productos locales frente a los importados.

– Realizar campañas de formación específica de personas de todas las edades para la autogestión y cuidado colectivo y personal de la salud, primeros auxilios, etc.

– Colaborar activamente para que se realicen charlas, jornadas, actividades escolares, proyecciones de documentales, creación de proyectos interactivos, libros y cómics divulgativos y prácticos vinculados con:

– El cénit del petróleo.

– Economía ecológica.

– Ahorro energético.

– Decrecimiento.

– Resiliencia comunitaria.

– Habilidades útiles en un mundo sin petróleo.

– Agricultura natural/ecológica/tradicional.

– Permacultura.

– Autoproducción y conservación de alimentos.

– Compostaje casero.

– Cocinas solares.

– Autoconstrucción de sistemas de energía renovable.

– Estilos de vida y alimentación saludable.

– Tracción animal para la agricultura y el transporte.

– Etc.

– Fomentar la cultura de que sólo es preciso poseer aquello que es verdaderamente personal, y que el resto es más eficiente compartirlo (bienes comunitarios) mediante el alquiler y otros sistemas.

– Crear un centro autonómico de referencia permanente sobre estas cuestiones, a modo de centro de experimentación y difusión, centro de demostración de técnicas sustentables, granjas escuela, etc. Debería coordinar y respaldar experiencias a nivel comarcal y municipal que replicasen estas funciones y las aplicasen sobre el terreno en cada región.

– Hacer congresos divulgativos también dirigidos a las asociaciones y entidades de la sociedad civil, del mismo modo que con las empresas.

– Promover que las ciudades y pueblos se unan a la red de Ciudades en Transición (Transition Towns).

– Potenciar la autogestión y autoorganización de la sociedad civil mediante un paquete de medidas especificas. Fomentar en todos los terrenos la autoorganización de la sociedad civil, prestando ayuda pero sin dirigismos.

Salud:

– Potenciar la fitoterapia entre los profesionales de la medicina así como el reciclaje profesional también en técnicas de diagnóstico y tratamiento de mínimo uso tecnológico, por ejemplo en el terreno de la asistencia a los partos: fomentando la formación de matronas y doulas para la asistencia de partos con mínima intervención y facilitando el parto en casa.

– Estudiar las vulnerabilidades de los centros de salud, hospitales, etc. de titularidad pública en un escenario de escasez energética y de materiales derivados del petróleo. Proponer alternativas en un plan especifico.

– En colaboración con los profesionales de la medicina del país, analizar en detalle qué otras transformaciones es necesario acometer para preparar el sistema de salud público en el contexto de carencia de energía y materiales.

– Estimular al máximo la salud preventiva entre la población y potenciar hábitos de vida y alimentación saludables. 
 

miércoles, 20 de enero de 2016

Distopía VIII: El desentropizador


 
El descubrimiento más revolucionario de la raza humana fue, como suele pasar con las cosas importantes,  fruto del azar.

Eran los primeros años del siglo XXI. Eran años tormentosos y atormentados. Después de negar durante décadas que jamás pudiera haber problemas con la disponibilidad de recursos naturales, y particularmente energéticos, la Humanidad se encontró con que la cantidad de petróleo, carbón, uranio y gas disponible cada año comenzaba a disminuir, y cada vez lo hacía más rápidamente. Costó años entender que esto era un proceso natural mediado por la geología y la física de los recursos, y que no era fruto de una conspiración de malvadas corporaciones internaciones (las cuales veían esfumarse su valor bursátil a ojos vista) ni de jeques árabes ávidos de dólares. Cuando el último jeque árabe desapareció tragado por la sangrienta guerra civil de su país, Occidente empezó a asimilar que, efectivamente, había un verdadero problema con la energía y con los recursos naturales. Pero se habían malgastado muchas décadas desde que los científicos especialistas dieran los primeros avisos, y parecía ya tarde para intentar nada. El colapso de la civilización global parecía inevitable.


Y entonces apareció el desentropizador, y una vez más todos los agoreros que hablaban de un futuro de escasez y privaciones, y de la necesidad de adaptarse a las limitaciones de un planeta finito quedaron, una vez más, en ridículo.


La invención del desentropizador fue, como decimos, casual. Un equipo de investigadores que trabajaba en una muy novedosa pero aparentemente poco relacionada teoría, la de la teletransportación cuántica, descubrió que podía reducir la entropía de un sistema de dos átomos sin que hubiese un cambio aparente en el sistema global. Los investigadores estaban trabajando en transmitir un estado atómico coherente a largas distancias, la teleportación. La idea era que si destruía un estado coherente en un punto podía conseguir que se formase este mismo estado coherente en otro punto, de manera instantánea, y por tanto propagándose a mayor velocidad que la luz. Trabajando sobre su dispositivo para conseguir alcanzar cada vez mayores distancias, los investigadores habían conseguido no sólo enviar el estado coherente a distancias de varios kilómetros, sino también el proceso inverso: crear en el laboratorio un estado coherente que en realidad provenía de un lugar lejano. Cuando perfeccionaron su invento y consiguieron teletransportar un minúsculo guijarro lunar a la Tierra consiguieron sus 15 minutos de fama mundial; se estimaba que de esa manera se podría explotar vetas minerales en planetas lejanos y aliviar las crisis energética mundial (pues, a diferencia de otros presuntos y luego fallidos milagros energéticos que se habían discutido en los años previos, el teletransportador no consumía prácticamente ninguna energía). Así que los investigadores recibieron generosas aportaciones para proseguir su investigación, se lanzaron a hacer prototipos cada vez mayores y comenzaron a apuntar a las lunas de Júpiter, ricas en metano.


Una noche, uno de los investigadores estaba trabajando en las mejoras del prototipo. Era muy tarde: el trabajo iba con retraso, y se había programado para la siguiente semana una gran presentación a la prensa, en la que se exhibirían los primeros hidrocarburos de origen extra solar obtenidos con el teletransportador (había habido una fuerte oposición a que se explotase Júpiter masivamente, por razones conservacionistas: se temía que se pudiera llegar a modificar la influencia gravitatoria del planeta gigante sobre el nuestro, con efectos desconocidos). En aquellas horas de confusión y cansancio de la noche, el investigador codificó incorrectamente las coordenadas, y en vez de apuntar a Alfa Centauri apuntó al infinito.


No era la primera vez que alguien apuntaba, por error, al infinito: el sistema angular de la máquina lo hacía posible, incluso relativamente probable. Todas las otras veces que se hizo, sin embargo, no sucedió nada destacable: en el infinito no había nada para transportar y por tanto no se transportaba nada a la Tierra. Sin embargo, el error genial de aquel investigador fatigado fue que había dejado cargada la matriz material del último guijarro de roca exótica que se había teletransportado desde un planeta lejano. Y fue exactamente ese guijarro lo que se materializó allí, delante de él. Bueno, no era el mismo guijarro, pues éste estaba en un expositor a unos metros de ahí y allí seguía tranquilamente, pero sí un guijarro exactamente idéntico. Él sabía que era idéntico porque había sido el encargado de teletransportarlo. Los análisis que le hizo le mostraron que era completamente idéntico: química y estructuralmente, coincidían hasta las grietas. Pero, ¿cómo era posible?


Aquel investigador se pasó el resto de aquella noche haciendo cálculos y más cálculos, y por la mañana, cuando llegaron sus colegas, les pudo enseñar sus conclusiones. Si se apuntaba el teletransportador al infinito y se "teletransportaba" un objeto prefijado desde la Tierra, se creaba real y verdaderamente tal objeto, literalmente de la nada y sin ningún coste energético apreciable (en todo caso, mucho menor que el que predecía la Teoría de la Relatividad).


Aquel descubrimiento levantó una polvareda descomunal, al principio entre la comunidad académica y en seguida también en la sociedad. Aquel aparato violaba flagrantemente todos los principios conocidos de la Relatividad y de la Termodinámica, pues para empezar creaba materia de la nada. En seguida se descubrió que, realmente, no creaba la materia: el aparato utilizaba la materia circundante y la reconfiguraba de la manera deseada (el afortunado investigador lo había sido doblemente, dado que la escasa masa del guijarro que creó se había podido crear a partir del aire circundante y un poco de la placa de soporte de la máquina; si hubiera sido una roca de mayor tamaño se hubiera consumido mucha más materia circundante de manera explosiva y posiblemente con emisión de radiación). Así pues, un teleportador apuntado al infinito y con una matriz material cargada no creaba realmente materia, sino que reconfiguraba la existente en el punto de llegada para recrear el objeto deseado. Lo que realmente hacía la máquina era reducir la entropía de los objetos, y lo hacía a costa de enviar el exceso de entropía al infinito, es decir, a ninguna parte. El Hombre había conseguido encontrar una manera de burlar el Segundo Principio de la Termodinámica. Si a alguien aquello le pareció extraño en ese momento nunca se supo; la Humanidad estaba demasiado necesitada de buenas noticias y nadie quiso hacer de aguafiestas.




Los años que siguieron al descubrimiento de la desentropización fueron febriles; el aprovechamiento de aquel principio descubierto fortuitamente se convirtió en una prioridad nacional para todos los países del mundo. En poco tiempo se inventó el primer desentropizador, que actuaba tal y como se esperaba, restaurando objetos destruidos. Las primeras pruebas parecían desmostraciones de feria: se quemaba una hoja de papel y después se desentropizaba las cenizas para recuperar la hoja de papel inicial. Pero al poco empezó a usarse el desentropizador para cosas más serias; la más obvia fue crear hidrocarburos líquidos a partir de agua y aire, con un consumo mínimo de energía: era el "petróleo del cielo", que para aquella sociedad hambrienta de energía del cielo caía como el maná. Afortunadamente, los principios básicos de la desentropización no eran excesivamente complicados y la mayoría habían sido publicados en revistas científicas, así que en poco tiempo casi todas las naciones del mundo dispusieron de sus propios desentropizadores, y en cuestión de pocos años se pudo superar la crisis energética y se recuperó el crecimiento económico.



Durante el resto del siglo XXI el uso y aplicaciones del desentropizador se fueron extendiendo. Casi en paralelo a su uso para generar combustibles líquidos el desentropizador fue usado para reparar los efectos del cambio climático y también otros graves impactos ambientales como la contaminación por metales pesados de tierras y aguas. La ventaja de ese uso es que no sólo se reparaba el hábitat, sino que también se recuperaban materiales, particularmente metales, que también habían comenzado a escasear. Hacia finales del siglo XXI el nivel de vida de todos los seres humanos del planeta había progresado tanto que no había ya paro ni hambre ni pobreza, y las guerras formaban parte del pasado (ningún armamento era tan potente como un entropizador, el reverso del desentropizador). Los ricos más ricos del planeta se volvieron estratosféricamente ricos, pero en general predominaba la paz social, toda vez que ningún hombre en la Tierra padecía (o eso se decía). 



No fue hasta el siglo XXII que el desentropizador empezó a usarse en medicina. Fue necesario para ello un desarrollo monumental de la microelectrónica, y aunque la ley de Moore había dejado de cumplirse y por tanto no era posible miniaturizar más los ordenadores, la capacidad de cálculo en 2100 era millones de veces superior a la que había en 2000. Gracias a la potente computerización fue posible inferir matrices materiales no conocidas previamente, y así se pudo empezar a reconstruir primero miembros perdidos y después órganos dañados, aplicando directamente desentropizadores de precisión asistidos por ordenador. Con esos avances, la esperanza de vida se incrementa dramáticamente, superando los 100 años, edad que la mayoría era capaz de cumplir con buena salud. Hacia mediados del siglo XXII se comenzaron a hacer las primeras reparaciones teloméricas en las células de organismos vivos, y para el año 2200 los hombres más ricos de la Tierra consiguieron la inmortalidad biológica (no morían si no era por culpa de un accidente), mientras que lo común para la gente de a pie era vivir unos 200 años, la mayoría de ellos con una salud que muchos hombres de 40 años del siglo XX envidiarían. Tales avances médicos implicaron modificaciones sustanciales en la natalidad, y aunque la Humanidad había llegado ya a los 20.000 millones de habitantes se consideró que resultaba conveniente reducir esa cifra a la mitad. Unos adecuados incentivos fiscales y el retraso de la maternidad (ahora, prolongada hasta los 100 años para quien así lo deseara) consiguieron que la población humana se redujera y estabilizara en torno a los 10.000 millones durante el siglo XXIII. De todos modos, la cuestión poblacional continuó siendo el motivo de tensión social más fuerte en el mundo, ya que no pocos deseaban tener más hijos de los que se les permitía (en determinadas regiones el Gobierno mundial prohibía tener ningún hijo).



Con el uso masivo del desentropizador se consiguieron grandes avances tecnológicos en todos los campos, y una abundancia material como no se había visto nunca. Sin embargo, tanto la presión social como la de las megacoporaciones que regían el mundo empujaban al Hombre a expandirse, a conseguir más espacio vital, toda vez que el acceso a los recursos ya no era un problema. Fue en el siglo XXIII que se lanzó un gran programa de colonización de la Luna, pero a pesar del éxito relativo de las colonias que se establecieron en la Luna era imposible mantener una atmósfera estable, por más que se hicieron múltiples y fracasados intentos. En aquel momento se decidió que era necesario colonizar Marte, lo cual implicaba entre otras cosas reactivarlo geológicamente: tarea ingente, pero nada imposible gracias al desentropizador. Durante el siglo XXIII y el siglo XXIV todos los esfuerzos se dirigieron a la colonización, primero de la Luna y después de Marte: a finales del siglo XXIV el 40% de la población trabajaba directa o indirectamente con el fin de colonizar Marte.



Y entonces sucedió.



Aquella época era una nueva edad de oro para la Astronomía; los seres humanos se veían conquistando no ya el Sistema Solar, sino toda la galaxia y todo el Universo: era simplemente cuestión de tiempo. Así que los programas de exploración espacial estaban bien financiados y cada país contaba con al menos media docena de observatorios astronómicos de gran calidad. Por tanto, cuando en el cielo se apagó la primera estrella (de anodino nombre YK-2045 o algo parecido) se pudo corroborar que, efectivamente, la estrella en cuestión había desaparecido.


A pesar de lo llamativo del fenómeno, al principio la noticia fue tomada en broma (fue popular en aquella época relacionar YK-2045 con la eterna despedida de un presentador televisivo mundial que llevaba más de un siglo apareciendo en antena). Sin embargo, a medida que las noticias sobre los esfuerzos de reactivación geológica y terraformación de Marte se hacían más abundantes, también se hicieron más frecuentes las noticias sobre estrellas que se apagaban. La alarma empezaba a cundir entre los astrónomos: a comienzos del siglo XXV medio centenar de estrellas, algunas conocidas desde hacía siglos, habían desaparecido. Lo extraño del fenómeno es que las estrellas ocupaban posiciones muy distantes entre sí y tenían edades muy diferentes, con lo que no se podía entender qué fenómeno físico las estaba llevando a su desvanecimiento. Se especuló, incluso, con que hubiera "astros oscuros" que estuvieran tapando su vista, pero tales astros no podían estar muy cercanos o se les detectaría por otros medios, y de otro modo tendrían que moverse demasiado deprisa. Era, verdaderamente, algo muy extraño. Pero como quiera que las estrellas eran algo muy lejano, y la gente raramente levantaba la cabeza de las pantallas holográficas de sus terminales personales para mirar al cielo, el asunto quedó un tanto relegado en la información televisada, a pesar de que las estrellas se apagaban ya por cientos cada día a medidos del siglo XXV.

No fue un astrónomo ni un físico el que encontró la terrible explicación al por qué del apagamiento de las estrellas, sino un ingeniero que trabajaba en nuevos diseños del desentropizador. 



En aquellos años se trabajaba intensamente para acabar la terraformación de Marte, y uno de los aspectos clave era reactivar el núcleo del planeta para que su giro indujese un campo magnético protector. Para ello, era preciso desentropizar el centro del planeta, a una distancia considerable de la superficie. Hasta aquel momento, todo lo que se desentropizaba estaba cerca del desentropizador, pero en este caso era preciso que la desentropización tuviese lugar a unos 3.000 kilómetros de distancia, y se tenía que estar seguro de qué era lo que se estaba desentropizando, para no reparar siempre la misma porción del núcleo.



En aquellos años poca gente se dedicaba a la ingeniería, habiendo como había otros oficios menos complicados y más provechosos, y aún menos eran los ingenieros que estaban dispuestos a invertir años de su vida en estudiar a fondo el desentropizador y sus principios para mejorarlo. Podría parecer que, dado el gran interés que había puesto la Humanidad en la terraformación de Marte, se pagarían altos sueldos a los ingenieros que trabajaban en ello, pero no era así. En realidad, a las grandes corporaciones que acaparaban los contratos del Gobierno mundial lo que les interesaba era mantener una actividad constante que les garantizase un flujo continuo de capital, así que tampoco se esforzaban en hacer las cosas de manera diferente. Solamente cuando el Gobierno vio que no había progresos reales en la terraformación de Marte, y que a pesar de las décadas de promesas la superficie del planeta rojo continuaba siendo inhabitable, decidió adjudicarle un contrato importante y de larga duración a una empresa de mediano tamaño para que mejorara la ingeniería del desentropizador. Aquella empresa sólo contaba con un ingeniero experto, y así fue cómo éste se encontró empapándose en los diseños originales del aparato y estudiando conceptos que hacía literalmente siglos que nadie abordaba.



El ingeniero era un tipo hábil, y estudiando los diseños originales de los teleportadores del siglo XXI en relativamente poco tiempo creó un sistema de fijación de las coordenadas de destino de la desentropización de manera análoga a como antiguamente se fijaban las de la "fuente de baja entropía", como decían los trabajos clásicos. Le sorprendió ver que originalmente el desentropizador se usaba al revés de cómo se utilizaba en sus tiempos, justamente para teletransportar, y se le ocurrió que podía flexibilidar el diseño del desentropizador para que fuera al mismo tiempo teleportador (transportando objetos desde un punto fijado a otro dado) o como desentropizador (fijando la distancia a la fuente de baja entropía en el infinito y las coordenadas donde se desentropizada al lugar deseado). En menos de un año tenía acabado su diseño inicial, y aunque en la empresa no entendían muy bien el objeto de su trabajo, los informes de progreso eran aceptados por el Gobierno y el dinero seguía fluyendo, así que nadie preguntaba demasiado.



Aquel ingeniero decidió probar entonces su invento tanto para teletransportar como para desentropizar, aunque teniendo cuidado de no teletransportar a nadie (la teletransportación de seres vivos estaba prohibida por ley desde hacía siglos, por culpa, como descubrió en el transcurso de sus estudios, de algunas malas experiencias en el siglo XXI). Un día, por esa curiosidad juguetona y un tanto temeraria que a veces tienen los científicos, tuvo la ocurrencia de desentropizar una silla de su laboratorio tomando con fuente de "baja entropía" la propia silla. No estaba muy seguro de qué pasaría,  aunque lo que sucedió fue bastante peor que la peor de sus espectativas: la silla y medio laboratorio fueron vaporizados, y si él no murió en ese experimento fue gracias a que la alimentación del desentropizador se interrumpió al volatilizarse los cables.



Otra persona quizá hubiera desistido después de ese casi mortal percance, pero a nuestro hombre lo sucedido en el laboratorio le espoleó a intentar comprender mejor qué estaba pasando. Así, se pasó meses estudiando Termodinámica, y con un nuevo prototipo de su máquina y haciendo experimentos a escala más reducida comprendió que el desentropizador no disminuye la entropía total del Universo sino que en realidad la incrementa de una manera brutal. Eso era esperable en aplicación del Segundo Principio de la Termodinámica: para poder reducir la entropía de una pequeña parte de todo el Universo se tenía que aumentar la entropía en otra parte. Se dio cuenta, además, de que conceptual y prácticamente siempre debía existir una fuente de baja entropía, un sistema bien ordenado, que tenía que resultar "entropizado" (esto es, destruido completamente) para que un entropizador pudiera funcionar. Sin embargo, según los antiguos artículos que leyó una y otra vez, la fuente de baja entropía se fijaba en el infinito, y eso permitía conseguir el truco de reducir localmente la entropía a coste cero.



La evaluación del segundo año fue superada sin demasiados problemas, a pesar del desagradable incidente del laboratorio que la empresa supo camuflar con cierta habilidad, y como su ingeniero estrella quería seguir trabajando sobre el prototipo y el dinero seguía fluyendo nadie preguntaba demasiado. Y así fue como nuestro ingeniero pudo meterse a fondo con la cuestión clave: ¿dónde estaba la fuente de baja entropía, si se fijaba el alcance en el infinito?



Le llevó todo un año meterse a fondo con los viejos tratados de Mecánica  Cuántica para comprender que, en realidad, el infinito depende de la coherencia cuántica de la materia. Nadie jamás había hecho los cálculos cuidadosamente, teniendo en cuenta que el Universo es finito, teniendo en cuenta que la cantidad de materia que contiene es gargantuesca pero limitada, y teniendo en cuenta que sólo la coherencia de la materia permite fijar una distancia espacial. A nadie le había importado nada de eso durante siglos: si en algún recóndito lugar del Universo algo resultaba destruido cada vez que se utilizaba un desentropizador, como lo que fuera pasaba muy lejos de las preocupaciones de los hombres, se asumía que no pasaba nada. Pero cuando nuestro ingeniero rehizo los cálculos teniéndolo todo en cuenta comprendió que la fuente de baja entropía que se utilizaba al fijar el alcance en el infinito no se encontraba más allá de toda distancia, sino que el desentropizador tomaba como fuente la materia no completamente entropizada más lejana disponible. La entropía se conservaba, después de todo; el desentropizador había conseguido traspasar los límites de la Relatividad, pero no los de la Termodinámica. Lo que era más preocupante del descubrimiento de aquel ingeniero es que el desentropizador no había sido diseñado para limitar la entropía total que causaba en el otro extremo del Universo, y en realidad creaba cantidades ingentes de entropía para hacer cosas muy banales. Reparar una mano seccionada podría requerir la aniquilación de un planeta pequeño; la construcción de una nueva vía del tren costaba una estrella, la terraformación de Marte había costado ya galaxias enteras...

El ingeniero redactó un voluminoso informe, lleno de trabajosos cálculos y detalladísimas demostraciones, justo a tiempo para la evaluación anual del tercer año. Los responsables de aquella firma de ingeniería se frotaban las manos, al ver las doce carpetas llenas de folios y más folios: sin duda, conseguirían una amplicación del contrato del Gobierno. A nadie dentro de la empresa se le ocurrió leer ni una sola hoja, ni siquiera el resumen ejecutivo; a nadie le vino a la cabeza preguntarle al ingeniero por qué había escrito un informe tan extenso, al menos no hasta que el Gobierno revocó el contrato con la empresa y le exigió la devolución de las cantidades ingresadas, alegando "negligencia manifiesta". Huelga decir que el ingeniero fue despedido de aquella empresa y, lo que fue más curioso, no consiguió encontrar trabajo nunca más: todas las empresas le cerraban la puerta según osaba acercarse a ellas. El pobre ingeniero se convirtió en el único parado en su ciudad, prácticamente un fenómeno de feria.

Si el Gobierno había pretendido silenciar el trabajo del ingeniero mediante la revocación del contrato con la empresa de ingeniería e incluyendo su nombre en la (corta) lista negra de los (escasos) disidentes políticos, de manera que se aseguraba que nunca más podría trabajar, no podía haber cometido un error mayor. En la Tierra del siglo XXV todas las necesidades básicas estaban garantizadas por ley, así que nuestro ingeniero tenía techo, comida y vestido, e incluso un limitado presupuesto para viajar. Para alguien acostumbrado a los lujos tal desgracia hubiera sido peor que el suicidio (y generalmente, los disidentes de buena familia acaban efectivamente suicidándose al caer en desgracia); incluso para la gente trabajadora perder el trabajo era una deshonra y el que caía en el paro no descansaba hasta volver a trabajar, en cualquier trabajo, aunque fuera recogiendo residuos tóxicos. Pero en el caso del ingeniero, habiendo dedicado su vida al estudio y a la resolución de problemas, su situación le espoleó a resolver el desafío más complicado de su vida. Y así, sin quererlo y sin entenderlo, el Gobierno mundial creó al primer activista digno de tal nombre que había visto la faz de la Tierra en varios siglos.

Lo que pasó a continuación está recogido en los libros de Historia y no merece la pena explicarlo con más detalle aquí. Baste decir que ese ingeniero (cuyo nombre todos Vds. conocen bien) dedicó el resto de su vida a divulgar su terrible descubrimiento, yendo por todo el mundo explicando qué estaba pasando en el cielo. Durante los primeros años poca gente le hacía caso, pero el evidente oscurecimiento del cielo nocturno hizo que unos pocos astrónomos se dignasen a leer ese enciclopédico informe que el ingeniero había preparado hacía años y del cual había hecho tantas copias como pudo. A pesar de que hacía años que en las facultades de Física no se explicaban algunos conceptos básicos, el informe era muy autocontenido y algunos de esos astrónomos, quizá con mejor formación académica, fueron capaces de comprender y aceptar la terrible verdad que contenía. En unos pocos años, el ingeniero había sido capaz de crear una pequeña red semi-clandestina de científicos disidentes, la cual fue capaz de producir otros informes de gran calidad científica, y empezaron a hacer predicciones precisas sobre el ritmo de oscurecimiento del cielo. De acuerdo con los cálculos de La Luz (pues así se llamaba la red de científicos), la situación del Universo era dramática: con el uso desmesurado del desentropizador, unido a lo torpe de su diseño (que creaba muchísima más entropía de la estrictamente necesaria), la Humanidad había ya consumido la mayor parte del Universo exterior, hasta el punto de que los desentropizadores entropizaban incluso la luz que viajaba desde las estrellas desaparecidas (por eso se oscurecía repentinamente la luz proveniente de estrellas distantes miles de millones de años luz, aún cuando la luz que deberíamos estar observando hubiera partido de ellas mucho tiempo antes de la invención del desentropizador). De hecho, el radio del Universo todavía no entropizado era muy pequeño, unos pocos cientos de miles de años-luz. A esas alturas quedaba por entropizar poco más que la Vía Láctea. "A los ritmos actuales de entropización", advertía la Luz en uno de sus informes, fechado de 2472, "la Humanidad destruirá todo lo que queda del Universo conocido, incluída la Tierra, a principios del siglo XXVI".

Durante mucho tiempo se tachó los informes de la Luz de catastrofistas y de agoreros, e incluso algunos destacados economistas encontraron paralelismos entre los integrantes de la Luz y los peakoilers del siglo XXI, a los cuales la Historia había cruelmente desmentido y absolutamente ridiculizado. Un presentador de fama mundial se preguntaba casi todas las semanas en su programa de máxima audiencia: "¿Quiénes son ésos, que dicen ser La Luz pero continúan en la sombra?". En realidad el Gobierno mundial estaba cada vez más inquieto, pues tenía constancia de que el indisimulable oscurecimiento del firmamento estaba consiguiendo que la gente empezara a prestar atención a los informes de La Luz (que cada vez eran más divulgativos y contundentes); por eso, los pocos miembros de La Luz que decidieron salir del anonimato fueron rápidamente encarcelados, acusados del delito de sedición - aunque nunca encarcelaron al ingeniero, quien se había convertido en un maestro de ocultar su rastro. En la época de apogeo de La Luz, era un secreto a voces que todos (o casi todos) los astrónomos militaban en sus filas, y también estaban afiliados gran número de científicos de ramas diversas. Aunque en realidad la causa de La Luz no se hizo popular gracias al masivo apoyo de los científicos, no; cuando la Luz se hizo verdaderamente popular fue cuando desaparecieron los signos del Zodíaco y los periódicos y semanarios, siguiendo la recomendación del Gobierno mundial, retiraron discretamente la columna dedicada al horóscopo. La Luz recibió entonces el insospechado apoyo de un abigarrado gremio de tarotistas, quiromantes y futurólogos varios, que resultó ser insólitamente pujante en el hipertecnificado mundo del siglo XXV. Al final, los grupos ecologistas, prácticamente desmovilizados durante siglos gracias al éxito de la remediación ambiental de la Tierra, se unieron a las filas de los astrónomos (y de los tarotistas), y la causa de la Luz ganó una gran notoriedad pública.

Corrían los años 70 del siglo XXV cuando se iniciaron las primeras campañas globales contra el desentropizador. Por primer vez en siglos, la Humanidad se ve apremiada a responder por los efectos de sus acciones, que creía ya inocuas. Es en ese momento cuando se plantean graves dilemas morales: "dado que probablemente el Ser Humano no es la única especie inteligente del Universo, con el uso indiscriminado del desentropizador estamos acabando con otras especies inteligentes en galaxias remotas, sin ni siquiera saber de su existencia". Sin embargo, la importancia económica de la tecnología de desentropización era tan grande que los grandes lobbies económicos montaron grandes campañas de propaganda para contrarrestar el empuje de La Luz. Uno de los contra-argumentos de mayor éxito fue el del bienestar y seguridad de la Humanidad: "si existen otras especies inteligentes en el Universo es cuestión de tiempo que obtengan su propio desentropizador, y eventualmente acabarían usándolo para exterminarnos, voluntaria o inintencionalmente. Por tanto, es una cuestión de seguridad mundial que nosotros seamos los primeros en usar el desentropizador". A partir de ese momento, se militarizó la tecnología de desentropizar y se convirtió en delito criticarla públicamente; muchos astrónomos acabaron en prisión, y al final se cerraron observatorios astronómicos y se abolió oficialmente la astronomía. Para cuando se consiguió finalizar, por fin, el programa de terraformación de Marte (irónicamente, gracias al trabajo del ingeniero que fundó La Luz) sólo quedaba la Vía Láctea en el cielo. La noche era muy oscura, pero ya nadie se atrevía a mirar al cielo.

A pesar de que la doctrina oficial era que no se podía criticar la tecnología de desentropización, las instancias oficiales comprendían perfectamente que el trabajo del ingeniero que creó La Luz era correcto, y se invirtieron muchos recursos en mejorarlo, y en particular en mejorar el desentropizador. Y la eficiencia mejoró a gran velocidad: los desentropizadores de la década de los 80 eran capaces de generar mucha menos entropía remota que sus predecesores; y cada década que pasaba los desentropizadores eran, al menos, el doble de eficientes que la década anterior. Desafortunadamente, el Universo utilizable era mucho más pequeño entonces, y la colonización de Marte requería grandes cantidades de energía para trasladar los colonos y crear las nuevas ciudades. Marte resultó ser un planeta más pobre en recursos naturales de lo que se esperaba, y aunque gracias a la terraformación poseía atmósfera respirable, agua y vida vegetal, no contaba con mucho más, y ni de lejos disponía de los recursos que los planes de expansión económica preveían. En todo caso, los hombres habían olvidado lo que es una mina o un pozo de petróleo, pues hacía siglos que todos los recursos los obtienían mediante desentropización, y así lo continuaron haciendo. Los costes de la colonización resultaron ser muy onerosos, y eso hizo que la Vía Láctea se consumiera a una velocidad inusitada: a pesar de las mejoras en eficiencia de los desentropizadores, la relación entre entropía eliminada en Marte y entropía creada en otra parte era fuertemente no lineal. Para cuando Marte fue capaz de llegar a una mediocre población de 50 millones de personas  la Vía Láctea había desaparecido prácticamente, y aunque nadie osaba decirlo todo el mundo sentía una gran congoja al contemplar el cielo sin estrellas.

La llegada del siglo XXVI inauguró una época de grandes restricciones: se restringió el uso de la tecnología de desentropización de manera drástica y los seres humanos tuvieron que ponerse seriamente a trabajar, después de siglos de general molicie. La colonización de Marte resultó ser muy trabajosa, y a pesar de las restricciones al final se permitió el uso de desentropizadores para acelerar la expansión marciana. El Gobierno mundial decidió en 2505 sacrificar Plutón para intentar la colonización a escala masiva, y después de aquello las restricciones a la desentropización en la Tierra fueron aún más drásticas .


Desgraciadamente, Marte resultó ser un planeta muy inestable: de alguna manera, daba la impresión de que el planeta quería desembarazarse de su terraformación, de la misma manera que un perro intenta desembarazarse de un ridículo jerseicito de lana que le ha puesto su dueño. Las apuestas de los grandes poderes económicos sobre Marte eran muy elevadas, y no querían darse por vencidos sin luchar. Después de sacrificar Neptuno intentando mantener Marte se llegó a la conclusión de que Marte no era viable. En 2516 el Gobierno mundial apruebó el plan de evacuación de Marte, pero para poder llevar a cabo la migración masiva y el reacomodo en la Tierra y en las colonias lunares de todo la población marciana fue preciso el sacrificio de Urano.

La Historia de la Humanidad, que había vivido una aceleración sin precedentes desde comienzos del siglo XX, entró con el siglo XXVI en una fase mucho más pausada, en sintonía con la progresiva desaceleración tecnológica. Durante el siglo XXVI en la Tierra se volvió a la explotación a la antigua usanza de recursos naturales, pero aún así los costes de mantener el estándar de vida en el sistema Tierra-Luna continuaban siendo muy onerosos; y a pesar de las restricciones en el uso de la desentropización, cada vez más fuertes, cada siglo que pasaba caía un planeta: Júpiter consiguió durar dos siglos, pero después, en poco más de cien años, desaparecieron Saturno, Marte y el cinturón de asteroides. La tecnología de desentropización llegó a su cenit en pleno siglo XXVIII, a su máxima eficiencia y precisión. Es a comienzos del XXVIII que se reajustaron los desentropizadores para que no apuntasen al Sol ni a la Tierra ni a la Luna, y se imponen penas severísimas a la desentropización no autorizada, incluyendo la muerte de los infractores y de sus familias. A pesar de ello Venus y Mercurio a penas duraron un siglo.


A principios del siglo XXIX en la Tierra las renuncias eran cada vez mayores, de manera que el estándar de vida es por primera vez inferior al del siglo XX, y eso creó una grandísima inestabilidad social y revueltas frecuentes. Pero eso no fue lo peor: los costes de mantener las colonias humanas en la Luna exigirían ir consumiendo el Sol, y trasladar los 20 millones de personas que vivían allí también causaría estragos en la última estrella del Universo. Tras una caótica sesión en el Parlamento Mundial, se decidió como medida extrema superentropizar las colonias lunares. "El sacrificio de los 20 millones", en 2930, como sería conocida desde entonces, permitió conservar el satélite y la Tierra. A partir de aquel hito histórico se prohibió volver a usar el desentropizador; a partir de aquel momento todo el Universo fue el Sol, la Tierra y la Luna.

Como dijo Martin Luther King III, en ocasión de lo que él denominaba "La masacre de los 20 millones":

"¿Y ahora qué? Ya no hay ningún lugar más a dónde ir. El Hombre lo ha destruido absolutamente todo. Ya sólo le queda suicidarse, si tan sólo tuviera el valor de hacerlo. En todo caso, el fin natural de su estrella será el fin de su especie, y también del Universo."

El resto ya lo conocéis. Durante este siglo XXX la Tierra se ha desindustrializado rápidamente después de la prohibición de la desentropización, y todos los sueños de grandeza se han esfumado con ella. El Gobierno mundial colapsó, y ahora hay decenas, sino centenares de países (y no todos bien avenidos). Algunos soñadores miran al cielo y se preguntan si no hubiera sido mejor parar, antes de arrasar el Universo, antes de destruir mundos fabulosos que nunca fueron conocidos. Hay una pregunta que hoy en día se suele plantear en los últimos cursos del bachillerato: ¿en qué punto deberíamos haber parado? O, dicho de otro modo: ¿cuánta parte del Universo hubiera sido razonable sacrificar? Planteado de otra manera: ¿qué se debería haber respetado siempre?

¿Deberían los hombre haber respetado las galaxias más cercanas? ¿sólo la Vía Láctea? ¿algunas estrellas próximas? ¿Sólo el Sistema Solar? ¿Sólo el Sol y la Tierra, como así se hizo? ¿O quizá hubiera sido mejor respetar el Universo entero? ¿Teníamos derecho a destruir toda la belleza ignota de nuestro cosmos, como si fueran un bien de nuestra posesión y estuviera puesto ahí para nuestro capricho, a cambio de un bienestar que a la postre se ha demostrado efímero?


Y tú, ¿qué piensas?






Antonio Turiel
Enero de 2016

viernes, 15 de enero de 2016

El rumor del peak oil



Queridos lectores,

Este año 2016 ha estado marcado por una noticia que ha ocupado una porción apreciable del siempre disputado tiempo telenoticiado: la volatilidad de la bolsa de valores china. En el Imperio del Medio se han vivido días de grandes bajadas, hasta el punto que la sesión se tuvo que suspender en un par de jornadas, al superar las caídas el 7%. La bolsa china venía de tener una evolución bastante mediocre en 2015, y por lo que parece todos los problemas acumulados son cada vez más evidentes en 2016. Las bolsas occidentales han acusado el impacto con caídas acumuladas que son la mitad de las chinas, pero demostrando que la evolución del gigante asiático tiene mucha influencia en lo que pasa en el mundo.

Pero, ¿qué pasa en China? Simplemente, que China, la fábrica del mundo, está acusando con fuerza la caída de la demanda mundial de todo tipo de bienes. Cosa lógica, si se tiene en cuenta que el desapalancamiento de la deuda iniciado en 2008 ha ido progresivamente minando la renta disponible de las clases medias (vía disminución de prestaciones y vía degradación de la calidad del trabajo asalariado). Y esa clase media, cada vez más empobrecida, compra menos cosas y consume menos.

Durante los primeros meses de 2015 la planificación del flujo de mercancías a escala mundial siguió los patrones dictados casi al unísono por cuanta consultoría económica de este mundo: la demanda seguiría creciendo, la demanda de bienes seguiría por los cauces previstos. Sin embargo, la demanda bajó y los productos y materias primas empezaron a almacenarse, porque lo que salía era menos que lo que entraba. Es un fenómeno generalizado en todo el mundo. Eso ha llevado a una drástica disminución del comercio mundial. El Baltic Dry Index (un índice que mide la cantidad de materias primas que se desplazan por el mar) está en mínimos que no se habían visto en un par de décadas (ni siquiera en 2008), y en general el comercio por carretera, tren, avión, etc está en valores muy, muy bajos (por ejemplo, el comercio entre China y África, su principal suministrador de materias primas, cayó un 40% el año pasado). Indicio de que el comercio mundial está sufriendo un gran bajón, y que estamos entrando en una gran recesión global.


Como pasó durante la última gran recesión, en 2008, el precio del petróleo ha bajado mucho, cotizándose en la actualidad el barril de Brent por debajo de los 30 dólares, menos incluso de a lo que llegó en 2008. Tal caída precipitada traerá consecuencias muy negativas para el sector, pues al contrario de 2008, cuando el precio del petróleo cayó fuertemente de julio a diciembre para luego ascender relativamente rápido y estabilizarse en unos 100 dólares el barril a finales de 2009, en esta ocasión la bajada hace más de un año que dura y está minando la economía de los países productores de materias primas y no sólo de petróleo. Por ejemplo, en los EE.UU. acaba de quebrar la segunda mayor empresa productora de carbón de ese país, y no precisamente porque los EE.UU. se estuvieran descarbonizando sino porque sigue la tendencia contractiva general. Pero donde se huele a sangre en los EE.UU. es en el sector de la producción de petróleo, y especialmente en aquellas empresas que habían apostado fuerte al fracking. Aparte de la próxima quiebra de Chesapeake, una empresa de mediana importancia, que muchos analistas descuentan para principios de 2016 (sus acciones han caído un 80% durante el último año, en paralelo a sus ingresos), otras importantes empresas del sector podrían quebrar durante 2016. Aún no se apunta a ninguna de las grandes, pero obviamente van a sufrir durante este año y en paralelo reducen sus gastos para intentar sobrevivir el mayor tiempo posible. 

El problema no se circunscribe a los EE.UU.; por ejemplo, BP acaba de anunciar que despedirá al 15% de su personal ocupado en la división de exploración y desarrollo, unos 4.000 trabajadores. Y el problema no sólo afecta las compañías privadas; por ejemplo, hace poco que supimos que Pemex despedirá a 13.000 trabajadores. Algunas compañías, sobre todo las más grandes y diversificadas, recurren a la venta de los activos más dudosos, consiguiendo así el doble beneficio de hacer efectivo y disminuir el riesgo, y se centran a partir de ahí en sus activos más seguros; generarán menos dinero, eso es verdad, pero con mucho menor riesgo. Sin embargo, compañías como las que se dedican al fracking no tienen nada bueno que ofrecer y buscan desesperadamente más financiación con la que mantenerse a flote, en tanto que algunas contratan vergonzantes campañas de relaciones públicas para hacer creer al público general que el fracking aún es rentable (cuando, en realidad, nunca lo fue).

Es en este contexto de lucha por la supervivencia que se tiene que entender el reciente anuncio de que Arabia Saudita hará una oferta pública de acciones de su compañía nacional de petróleos, Aramco, la más grande del mundo. Mientras se dilucida el marco de esta privatización (se habla de que sólo saldría a la venta la división que se encarga de las refinerías), crece la tensión bélica en la zona. Dejando al margen lo que está pasando en Siria e Irak, ya no es sólo el creciente enfrentamiento entre Arabia Saudita e Irán: la guerra que Arabia Saudita mantiene en Yemen no tiene visos de acabar (y en ocasiones los rebeldes yemenitas tienen la osadía de golpear a Arabia Saudita en su propio territorio); al tiempo, Arabia Saudita mantiene la situación de protectorado de facto en Bahrein (país que "liberó" manu militari en 2011). Toda esta carga militar de Arabia Saudita agudiza peligrosamente los problemas económicos derivados de descenso de ingresos por la venta de petróleo, lo que le ha obligado a reducir prestaciones sociales y a aumentar el coste del carburante en el reino. El potencial desestabilizador de estas medidas es enorme; ¿se imaginan Vds. qué consecuencias tendría que estallase una revuelta en Arabia Saudita? 



Desde una perspectiva meramente económica, lo grave de la situación actual es la pertinaz contracción de la inversión en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos petrolíferos, y no sólo en los no convencionales. Justo en este momento, cuando más que nunca se tendría que aumentar la inversión en exploración y desarrollo (upstream) porque cada vez los yacimientos son más difíciles de encontrar y de explotar, encadenamos una racha de años de contracción en la inversión muy fuerte en el sector petrolero. De acuerdo con la Agencia Internacional de la energía, la inversión en upstream
se redujo un 15% en 2014 con respecto a 2013, y un 20% adicional en 2015 con respecto a 2014. Y aquí no se acaba la mala racha, sino que la propia AIE está proyectando un nuevo descenso del 15% en 2016. A nivel mundial cae el conteo de rigs (cabezas perforadoras); el problema ya no es la catastrófica caída del número de rigs activos en los EE.UU., sino que la caída comienza a ser monumental (un 50%) al nivel del mundo entero.

Imagen de http://peakoilbarrel.com/international-rig-counts-2/


Aunque la mayoría de los analistas económicos no lo perciben, es bastante obvio que nos estamos encaminando a marchas forzadas hacia una escasez de petróleo que no sólo es inminente, sino que será irreversible. La combinación entre desinversión en la hoy en día imprescindible reposición de pozos y las quiebras de las empresas que explotan los recursos de hidrocarburos líquidos más caros de producir (cuyo porcentaje sobre la producción mundial es ya del 10% y debería crecer durante los próximos años simplemente para mantener la producción total constante) garantizan no sólo que nunca recuperaremos el nivel de producción de 2015 (esto es, el peak oil se produjo el año pasado), sino que el descenso a partir de aquí será bastante rápido.


La quiebra de las empresas que explotan yacimientos de hidrocarburos diversos no hace desaparecer el recurso, naturalmente. Sin embargo, sí que nos habla de la difícil viabilidad de la explotación de ese recurso a los precios que realmente la economía se puede permitir. Pero es que demás esas quiebras sí que hace desaparecer algo fundamental: inversores dispuestos a arriesgar su dinero en un negocio que, de repente, ya no parece tan seguro como siempre había parecido. Por eso, de manera real, la quiebra de empresas petroleras implica la desaparición efectiva de toda la producción actual que se estaba produciendo antieconómicamente, simplemente porque se tenían muy buenas perspectivas para el futuro. Y ése es un porcentaje creciente de todo el petróleo que se puede producir...

Estamos delante, por tanto, de un rápido descenso de la producción de petróleo que se irá evidenciando en los próximos años. ¿Y qué es lo que se cuentan en los medios sobre la situación actual? Poca cosa. Pocas veces se atreven a advertir que de mantenerse los bajos precios actuales habrá una fuerte escasez a la vuelta de un par de años. La inmensa mayoría de los análisis económicos que podemos leer  apuestan a que el precio se mantendrá bajo en el medio plazo, es decir, durante los próximos 2, 5 o incluso 10 años. Es obvio que no entienden nada de lo que está pasando (¿serviría de algo recomendarles, una vez más, nuestra guía?). E incluso algunos se permiten de vez en cuando hacer chanzas sobre la "ridícula teoría del peak oil", a su entender desmentida por los bajos precios del petróleo.

Desde una perspectiva economicista, el peak oil debería traducirse en precios permanentemente altos. Ésta es una visión simplista, propia del pensamiento económico liberal, que no entiende el papel de la energía en la economía. Lo más curioso es que no pocos de los estudiosos del peak oil llevan años afirmando que la llegada al máximo de producción del petróleo lo que genera es volatilidad en el precio (yo mismo lo decía en el quinto post que escribí en este blog, el 3 de febrero de 2010). En mi caso concreto y para más inri, cuando la fase de precios altos se prolongó un poco más de lo esperado me criticaron porque no acababa de llegar la bajada de precios que pronosticaba (ver post del 28 de marzo de 2014, seis meses antes de que empezase del actual episodio de precios bajos).  Lo volveré a repetir, una vez más: el problema de la escasez de petróleo no es que el precio suba mucho de manera permanente. Para que el precio se mantenga permanentemente alto el petróleo tiene que convertirse en un artículo de lujo y dejar de ser lo que es ahora, es decir, el motor de la economía, y aunque algún día llegaremos a esa situación, aún estamos lejos de ese momento. En los próximos años lo que caracterizará al precio del petróleo es una volatilidad brutal, a medida que profundicemos en la espiral de destrucción de demanda - destrucción de oferta. No es simplemente decir que el precio del petróleo a veces sube y a veces baja, no. La cuestión es que durante ciertos períodos se mantendrá demasiado alto, de manera que dañará la economía en general, y después se mantendrá demasiado bajo, dañando a las compañías productoras. Esta oscilación salvaje, sin término medio (la mayor parte del tiempo el precio o será muy alto o será muy bajo, situándose en valores intermedios sólo en su rápido camino hacia arriba o hacia abajo), es lo que caracterizará la evolución del precio durante los proximos años, con un período de repetición típico que en el post de 2010 estimábamos en unos 3 o 4 años, aunque a medida que se acelere el descenso de producción los ciclos de subidas y bajadas serán cada vez más rápidos. Fíjense en la gráfica (completamente cualitativa) que Dave Cohen dibujaba ahora hace 8 años:


Y fíjense qué ha hecho el precio del petróleo en los últimos 10 años:



Como ven, hasta el 2011 la forma cualitativa de ambas gráficas era muy similar. En 2011 se introduce masivamente el fracking en los EE.UU., y a pesar de ser un negocio ruinoso se consigue mantener los precios un poco por encima de los 100$/barril pero sin romper el techo de 149$/barril de 2008. Sin embargo, 100$/barril es un precio demasiado alto para no acabar perjudicando a la economía en general en el medio plazo. Con la forzada estabilización del fracking hemos postergado la caída de precios unos 3 años, pero ahora nos encontramos con una economía dañada (como muestran los datos que doy al comienzo del post) y unas compañías petrolíferas sobre-endeudadas y quebrando (como ya alertábamos en septiembre de 2014). Así pues, nos hemos ahorrado uno de los ciclos de 3 años, pero lo hemos hecho a costa de poner en una situación precaria a nuestras empresas petroleras y por tanto en este momento estamos teniendo a la vez una fase de destrucción de demanda y de oferta. 

Es importante resaltar que desde el punto de vista de la evolución del peak oil no hemos ganado absolutamente nada: produciendo a pérdidas hidrocarburos subprime como el LTO de fracking o el de las arenas bituminosas hemos mantenido el nivel total de hidrocarburos durante estos años, pero ahora la caída será más abrupta y nos iremos directamente al punto de la curva donde deberíamos estar si se hubiera explotado solamente lo que era económicamente rentable; o quizá más abajo, porque en el proceso hemos dañado el balance de empresas y explotaciones que podían ser viables. Y lo que es peor: lo abrupto de los cambios hace más probables los conflictos geopolíticos y las guerras por los recursos, porque los economistas que asesoran a los gobiernos de todo el mundo no comprenden la situación y ven fantasmas de "guerras de precios" e "intentos de desestabilización" donde lo que hay es fundamentalmente el imperio de la pura y dura termodinámica y una mala comprensión de la realidad económica por quienes se dicen sus especialistas. 

Por ese motivo, todos los que predicen escenarios de precios bajos del petróleo a 5 años vista se equivocan sin duda: los precios se mantendrán bajos este año hasta que estalle una nueva guerra o quiebren suficientes empresas del sector, y al bajar la oferta el precio se disparará, agravando la crisis económica global en ciernes (recuerden que el año pasado el PIB global se contrajo un 5%). Se iniciará así el siguiente ciclo de la oscilación del precio, que será más duro que el anterior porque los inversionistas, escaldados, no volverán tan rápido a invertir en las petroleras. 

Lo más triste de este proceso es que nadie mirará a la producción de petróleo, al hecho de que ya está decayendo para nunca más recuperar los niveles actuales y para seguir una tendencia general a la baja con pequeñas repuntadas transitorias. La obsesión economicista por el precio hará que se ignore la variable que es en realidad fundamental, pues la energía es el verdadero motor de la economía, en tanto que el dinero (entre otras cosas) es sólo representación del valor y no el valor en sí mismo. Las raras veces que se comente que la producción ha bajado los economistas saldrán diciendo que se debe a la recesión y que cuando salgamos de ésta la producción volverá a subir, poniendo así el carro delante de los bueyes, ignorando que el problema es que está disminuyendo la cantidad de energía asequible para propulsar este sistema, incapaces de comprender que hay que cambiar el paradigma económico completo para adaptarlo a una realidad en la que ya hemos chocado contra los límites del planeta.

Pues sí, señores, las consecuencias del peak oil eran éstas, lo que hace tiempo que yo denomino el oil crash:  la imposibilidad de nuestra sociedad de mantener el sistema actual, una vez que hemos llegado al cenit de producción de petróleo. Es a esto a lo que se parece, es a esto a lo que huele y a lo que sabe. Y esto sólo es el comienzo: si no lo entendemos y no comenzamos a tomar desde ya medidas para adaptarnos vendrán guerras, escasez, desabastecimiento... Yo personalmente hace tiempo que apuesto por que España se meterá en aventuras militares en varios países y particularmente en Argelia, cuando allí estalle la guerra civil actualmente en ciernes; guerras que agotarán más rápidamente a España y que nos hundirán con mayor celeridad en el fango. 

Pero, repitámoslo una vez más: nada de eso es necesario, no necesitamos hundirnos en la miseria, no está escrito en piedra que nuestro destino inevitable sea el colapso. No es verdad. Aún podemos cambiar el rumbo de las cosas. Debemos decir y decirnos la verdad a la cara, pasar de la idea a la acción, hacer propuestas de futuro. Es posible. Hagámoslo.

¿No lo oyen? Es el rumor del peak oil. Apresurémonos, antes de que sea un fragor, antes de que la previsible avalancha nos arrastre.


Salu2,
AMT

martes, 12 de enero de 2016

Puerto Rico como metáfora

Queridos lectores,

Demián Morassi me ha hecho llegar este ensayo, en el cual establece una interesante analogía entre lo que ha sucedido en Puerto Rico y lo que está sucediendo en el mundo. Estoy seguro de que será de su interés.

Salu2,
AMT


Puerto Rico como metáfora






Globalización. Si tuviera que imaginarme un nombre para un lugar en el auge de la globalización le llamaría "Puerto Rico".
Ese lugar me lo imagino como un puerto de pescadores cuyos ancestros fueron esclavos de alguna colonia europea y durante siglos se tuvo que dedicar a  la producción agrícola de alguna materia prima que no alimenta (azúcar, café o tabaco). Me lo imagino luego tomada por la fuerza de un país como Estados Unidos a tal punto que la sumó como un Estado más. Pero con la globalización este puerto, como todos los puertos del mundo, empezaron a ser lugares donde circulaban contenedores llenos de mercancías, donde se radican empresas multinacionales que aprovechan el puerto y la mano de obra barata y se recibían contingentes de turistas y el puerto se enriquece y derrama en una mejora económica de toda la población y con mayúsculas se lo nombra "Puerto Rico".
Imaginémonos ahora que nuestro Puerto Rico es una isla y para desarrollarse necesita adaptarse a la vida moderna y no tiene grandes ríos, ni muchos recursos fósiles para generar energía. No importa, nuestro puerto es Rico y comprará la energía. Como toda isla, la electricidad no la puede traer por cable así que montará generadores y para activarla usará el recurso energético más versátil: el petróleo. El mismo petróleo le servirá para aumentar su producción industrial, para llevar los turistas a dar vueltas por entre los corales o para usar automóviles y hacer muchas cosas en muy poco tiempo.
La isla no tiene recursos pero, en comparación, el petróleo es sumamente barato y los beneficios cada vez son mayores.
La orgía de la globalización hace que los nuevos jóvenes no puedan comprender los ideales independentistas o los rencores míticos de la esclavitud y disfruten todo lo que la vida moderna les ofrece, a tal punto que en el climax de esa amnesia sobre las raíces aparece un cantante que se hace llamar "Daddy Yankee" (papito yanqui) y no sólo no es desterrado por la comunidad, ni mucho menos lapidado sino que se lo aplaude y se lo imita y las madres quieren que sus hijas se casen con uno como él. Sí, dirán que exagero pero bueno, es para que la metáfora sea más eficiente.
Bueno, ahora imagínense que ese cantante difunde un corte de su disco llamado "gasolina", con el estribillo que dice "a ella le gusta la gasolina" ¿qué les parece? Por supuesto se convierte en el hit de la isla. La gasolina convirtió al puerto en "Rico". La gasolina ha sido el verdadero Dios.
Y este cantante cooptado por las multinacionales que quieren conquistar el mercado de la segunda lengua más hablada del mundo empiezan a difundir este hit y el estilo de música al que podemos llamar "reggaetón" pero que no tiene nada que ver con el Reggae, esa música que recordaba las raíces africanas y luchar por los derechos, porque la idea es justamente vaciar de sentido todo lo viejo, añejo, hay que resignificar la cultura, incluso la idea que se tiene del ser "latino".
La cuestión es que este cantante y sus seguidores empiezan a promocionar los carros de alta gama, las motocicletas veloces, los yates y cualquier cosa que tenga motor. Pero, para hacerlo bien esquemático, ese mismo año del hit "Gasolina" (2004) la isla empieza a tener problemas para mantener el consumo de petróleo, la materia prima básica para desarrollar la economía y mantener ese grado de consumo que promueven los nuevos ídolos. Imagínese que justo ese año por el aumento del precio del petróleo deben bajar un poco la importación y el año siguiente un poco más y entra en recesión  y unos años después por un crash en el país que más turistas le aporta (y que además es el dueño de la isla) les cuesta un poquito más aún acceder al maná del petróleo y hacer resurgir la economía.
Usted se imaginará que se olvidan de esos músicos y se ponen a trabajar de nuevo y vuelven a valorar el esfuerzo y condenar el derroche.
Pues no.
Aprovechan que pueden pedir préstamos; bueno, de algo sirve ser parte de la primera potencia mundial. Y piden préstamo tras préstamo para cumplir el mandato global de mantenerse en el sistema consumista. Obviamente el precio del petróleo en algún momento bajará y todo volverá a la normalidad, volverán los cruceros abarrotados de turistas, pagarán la deuda y no problem.
Pero no.
El petróleo se mantiene durante tres años a un precio inalcanzable para las finanzas de la isla y para cuando cae (10 años después del hit) ya no hay forma de pagar las deudas que alcanzan el 75% de su PIB, de todos la más endeudada es la compañía eléctrica y para colmo de males los ingresos por las ventas de los discos de sus cantantes se quedan en las arcas de las multinacionales y los dólares que podrían sobrar los cantantes siguen derrochándolos sin enterarse que su país está en bancarrota. Cientos de miles de personas abandonan la isla en esos años.
Imaginémonos ahora que este Puerto Rico entra en cesación de pago. "Listo" dirá usted, "ya está, hace como Argentina, no paga y listo".
Imposible, este Estado no tiene independencia. Las decisiones se toman en el congreso de la Nación (o sea de EE.UU.). Y en ese congreso nuestro país tiene voz pero no voto.
Pinta mal ¿no?
Ahora imagínese que en el mundo hay muchas islas que dependen del petróleo (como Chipre) o países que tienen más de cien islas como Grecia o Indonesia ¿cómo les ha ido con tres años de petróleo impagable? Ahora imagínese que vive en la isla llamada Planeta Tierra que cada año empiece a tener menos petróleo ¿a qué planeta le vamos a pedir prestado para pagar nuestro derroche? ¿A qué planeta emigrarán nuestros habitantes?
Hay dos formas de resolver este entuerto: o bien cambiar las canciones para promover, en las nuevas generaciones, el ahorro y la simplicidad voluntaria, o bien hacer como en la época de los romanos donde mientras todo se caía se les ofrecía al pueblo las carreras de cuadrigas y se les cantaba "A ella le gusta mi yegua arisca" mientras las elites se quedaban con los recursos año a año decrecientes.
Pero para poner un final feliz digamos que viven en un lugar donde hay buen clima todo el año, así que no se mueren de frío, las distancias no son muy largas así que con una buena bicicleta o un caballo se puede llegar a todos lados y hay frutos tropicales para comer que no necesitan cocción.
Sí, ya sé que ahí la metáfora del planeta Tierra la estoy echando por tierra, pero bueno, no hay que desmotivar al lector en este periodo de transición.

Para darse una idea visual de esta relación entre el reggaetón y el consumo de petróleo los invito a ver este vídeo intitulado “Reggasolina”



viernes, 8 de enero de 2016

La falsa contabilidad energética de los países productores

Queridos lectores,

Estrenamos este 2016 con un nuevo análisis de JotaEle, continuación de su post sobre las pérdidas energéticas en el sistema mundial. Estoy seguro que lo encontrarán de mucho interés, y esclarecedor en medio de estas turbulencias económicas y políticas con las que ha comenzado el año.

Salu2,
AMT

¿Falseando datos energéticos?
Una vez terminado el post “Pérdidas crecientes en el sistema de abastecimiento energético mundial”, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) añadió un nuevo año a su balance energético. El caso es que me dio por actualizar alguna que otra gráfica y me encontré con un caso en el que el nuevo dato variaba totalmente la tendencia de la gráfica. Como no es normal que un dato cambie tanto una tendencia, me fijé en años anteriores y advertí que también habían cambiado, esto hizo que tuviera que actualizar varios años anteriores. Pese a que el balance de la AIE tiene un desfase de tres años con respecto al año actual, esto no garantiza que sus datos sean los definitivos, algunos datos continúan ajustándose incluso cuatro años antes.
Por otra parte me encontré también alguna gráfica que variaban más de cuatro años, incluso alguna que había cambiado todo el periodo del tiempo del balance. Buscando cual era la causa de semejantes cambios encontré que algunos países sorprendentemente habían cambiado cantidades significativas de energía de unos sectores a otros:

Gráfica 1    Desviación de energía desde el sector industrial hasta el sector consumo en usos propios    Datos de AIE

La gráfica 1 está formada con datos de consumo energético de Canadá, contiene el consumo de gas perteneciente al sector industrial y también contiene el consumo total en usos propios. Se puede notar a partir del 2004 el bajón energético del gas en el sector industrial, compensado en la gráfica roja de consumo en usos propios. Con este cambio energético cambia totalmente la tendencia de la gráfica de consumo en usos propios y varia totalmente su interpretación. Con la anterior gráfica los consumos en uso propio de Canadá estaban bajando a pesar del gran crecimiento de la producción de petróleo y arenas asfálticas en dicho país; daba la sensación de que Canadá estaba consiguiendo aumentar fuertemente la eficiencia en la extracción de combustibles fósiles. La nueva gráfica en este caso no hace más que poner las cosas en su sitio.
Al igual que Canadá, EE.UU. también ha pasado gas natural desde el sector de la industria hasta el consumo en usos propios. Precisamente los dos países que están incrementando su producción de petróleo con arenas asfálticas y con fracking. ¿Qué objetivo tenía el estar reportando mal los datos?, ¿esconder pérdidas energéticas en la energía final quizás?. En todo caso, ¿si antes estaban ocultando datos de pérdidas, qué sentido tiene reconocerlo ahora? Supongo que casos como el de Canadá son demasiado evidentes como para ocultarlos.
Una vez visto lo fácil que es encubrir pérdidas energéticas, me centré en Arabia Saudita; ya haciendo el post anterior me sorprendió que tuviera muy pocas pérdidas, Arabia Saudita tiene prácticamente las mismas pérdidas en uso propio que España a pesar de ser el cuarto país que produce más energía en el mundo.
La tabla siguiente muestra la relación entre la producción y el consumo de usos propios de varios países. También muestra la relación entre la energía final y el consumo de usos propios de esos países. La relación es simplemente la división de la producción y la energía final entre el consumo en usos propios.


España
Arabia Saudí
EEUU
Rusia
Kuwait
China
Producción/Usos propios
3,92
65,82
13,66
24,91
22,66
13,91
Energía final/Usos propios
9,27
14,25
10,85
8,07
2,06
10,54

Entre los seis países están los cuatro mayores productores de energía en el mundo, está España cuyo producción es muy baja, prácticamente la que corresponde a las renovables, y Kuwait cuya comparación es interesante por estar en la misma zona petrolífera que Arabia Saudita, por lo tanto sus consumos deberían de ser parecidos. Todos estos países tienen un Índice de Desarrollo Humano (IDH) muy alto, excepto Rusia y China que lo tienen alto, por lo tanto se asume que todos tienen un consumo de energía final considerable.
Se ve como Arabia Saudita está muy por encima del valor de los demás países en los dos conceptos lo cual sugiere un consumo en usos propios muy por debajo de los demás y por lo tanto, muy por debajo de lo normal. En el caso de la energía final, o bien sugiere un consumo en usos propios bajo o bien sugiere una energía final muy alta (encubriendo parte de las pérdidas).
Aparte de esto, Arabia Saudita también ha pasado datos de un sector hacia otro, de nuevo el gas natural, aunque en este caso los dos sectores están dentro de la energía final:

Gráfica 2         Desviación de energía desde el sector uso no energético al sector industrial        Datos de AIE

La gráfica nos muestra un trasvase brutal de energía desde usos no energéticos hasta la industria, la desviación de energía de Arabia Saudita equivale casi al consumo del transporte en España del año 2013. Aunque en este caso no se reconocen más pérdidas en consumo de uso propio, ¿qué sentido tenía mantener tanta energía en usos no energéticos?, ¿ocultar emisiones quizás?.
A continuación la gráfica del consumo energético por sectores de Arabia Saudita:
Gráfica 3         Consumo energético por sectores de Arabia Saudita                            Datos de AIE

Incluso después del traspaso energético al sector de la industria, el resultante en el sector uso no energético sigue siendo muy alto además de mantener un crecimiento continuado, está 10 puntos por encima de la media de los países OCDE y no OCDE. En cuanto a los demás sectores, el transporte se encuentra en niveles de consumo de países OCDE, mientras que el sector residencial se encuentra muy por debajo de la media OCDE y no OCDE. El sector de la industria, ahora si se encuentra en niveles de consumo de países no OCDE. Parece estar acomodando datos para que no se noten muchas diferencias con otros países.
Todos estos datos y acciones parecen indicar que Arabia Saudita esconde mucha energía dentro de la energía final. Muy probablemente pérdidas.