martes, 25 de octubre de 2011

Tasa de Retorno Energética y progreso tecnológico

The Old Mine Mule, por Richard Grist
Queridos lectores,

Como saben, uno de los conceptos clave para comprender la gravedad de la crisis energética es el de la Tasa de Retorno Energético (TRE; en inglés EROEI, que corresponde a Energy Return on Energy Investment). La TRE, lo hemos dicho muchas veces, es la relación entre la energía que nos proporciona una fuente y la energía que tenemos que gastar para conseguirla. Así, el petróleo convencional tiene hoy en día una TRE de 20, lo que significa que por cada unidad de energía destinada a la producción de petróleo (en la elaboración de los materiales usados en los pozos, su instalación, la perforación, la operación, el mantenimiento, etc) se consiguen otras 20 unidades de energía. Para corregir algunos errores que he visto comúnmente entre los comentaristas, quiero recalcar que la TRE es un cociente, no una diferencia: es el factor de amplificación correspondiente a la fuente de energía en estudio. El valor crítico de la TRE es 1: cuando la TRE llega a la unidad, se recupera tanta energía como la que se invierte y el sistema deja de tener sentido como fuente de energía. Sin embargo, determinados sistemas de producción que se usan tienen TREs por debajo de 1; se trata entonces de vectores especializados de energía o portadores, pero no de fuentes de energía. Éste sería el caso del hidrógeno o la electricidad, que se usan para el almacenamiento o la operación de determinados aparatos, pero que en su producción se consume más energía que la que luego retornarán (por ejemplo, en la generación eléctrica a partir de centrales térmicas o nucleares se pierde el 65% de la energía, y en la producción de hidrógeno por la electrólisis del agua alrededor del 50%). Por otra parte, la TRE, por definición, es siempre positiva (no hablen de TREs negativas, que eso no significa nada).

Charles Hall es un profesor de la Universidad de Syracuse, en Nueva York, y es una eminencia mundial en el cálculo de TREs. Es muy famoso el siguiente diagrama hecho por él, en el que se expresan TREs en la vertical y volumen de energía generado en la horizontal, para las diversas fuentes de energía operadas en los EE.UU.:


Gráfica sacada de un interesante artículo en Scitizen: http://scitizen.com/future-energies/charlie-hall-s-balloon-graph_a-14-1305.html

Como ven, en el caso del petróleo (el más estudiado) la TRE ha caído de 100 a principios del siglo XX a poco menos de 20 en la actualidad. Este proceso constatado de caída de la TRE está relacionada con la degradación de calidad de los yacimientos explotados, que a pesar de las sucesivas mejoras en las técnicas de explotación acaba pesando más y obliga a gastar más energía por unidad producida. El problema de la caída de la TRE es muy grave, porque puede abocarnos a una situación más complicada de lo que la mera observación de la curva de producción nos podría indicar (como ya analizamos en un post anterior). Se ha de destacar además que algunos estudios antropológicos indican que una sociedad funcional ha de tener una TRE mínima, cifrada entre 5 y 10, por debajo de la cual algunas necesidades (cuidado de niños y mayores, construcción y mantenimiento de infraestructuras, etc) dejan de poder atenderse porque una fracción cada vez mayor del esfuerzo se dedica a la mera producción de energía. Si la sociedad se va adaptando mal a los cambios que le comporta la disminución de la TRE y se empeña en mantener actividades que no pueden sufragarse el riesgo de colapso es elevado. Sin embargo, la cuestión de la TRE es raramente analizada por los autodenominados expertos institucionales, que suelen despreciarla cuando no la ignoran en absoluto.

Hay, sin embargo, otro grupo de expertos que sí que reconocen la importancia de la TRE pero que tienen una actitud tecnooptimista y suelen argumentar que los que alertamos sobre el rápido declive de la energía neta tenemos un punto de vista excesivamente pesimista ya que tendemos a considerar la TRE como algo estático mientras que en realidad la TRE evoluciona con el tiempo y con la introducción de mejoras tecnológicas se gana en eficiencia y por tanto la TRE sube, o puede subir en el momento en que estas mejoras se implementen a escala masiva. Durante mucho tiempo mi posición ha sido la de no negar ese posible efecto benéfico pero centrarme en lo que observábamos, y sobre todo alertar sobre los peligros potenciales. Pero con el tiempo he ido madurando mis ideas al respecto, y la conversación con Pedro Prieto y Juan Carlos Barba del otro día me ha llevado a poner en claro mis ideas, y después de reflexionar sobre ello mi conclusión es la absolutamente contraria. A exponer mis conclusiones dedicaré el post de hoy.


La posibilidad de que la tecnología lleve a una mejora de la TRE es, a mi modo de ver, una hipótesis errónea en la tesitura que nos encontramos por dos motivos, a saber: el déficit de capacidad de desarrollo tecnológico y que nuestra tecnología no ha buscado nunca optimizar la TRE.

Respecto a mi primer argumento,  tendemos a suponer que el progreso tecnológico seguirá el mismo rápido desarrollo de los tiempos recientes, que son los que nos han tocado vivir. Y aunque por supuesto que no conocemos todo el potencial de desarrollo de la tecnología futura, lo que sí que es cierto es que la explosión inventiva ha sido propiciada por el acceso a la energía abundante y barata, y a un derivado de ella, la buena financiación. Sin embargo, en este momento laboratorios de todo el mundo, desde EE.UU. hasta China pasando por Europa están reduciendo sus presupuestos debido a la necesidad, sobre todo en Occidente, de destinar capital a otras necesidades más perentorias; y no deja de ser paradójico que se nos pida a los científicos que acometamos los retos más difíciles cuando al tiempo se nos están retirando los recursos para investigar (conste que no me quejo: seguramente el tiempo de investigar alternativas energéticas a gran escala ya pasó y es tiempo de hacer inventario). Pero por ello mismo mi impresión es que los avances tecnológicos, los verdaderos (no la publicitación obsesiva que se hace en los medios de la penúltima nadería) van a ser más difíciles de conseguir en adelante, en parte porque es difícil avanzar cuando ya hemos progresado mucho y en parte por la escasez de recursos.

Respecto al segundo, y más poderoso, de mis argumentos, mi observación es que nuestras tecnologías de extracción de materias primas no renovables no han buscado nunca en realidad la optimización de la TRE, y que el tipo de tecnologías que hemos desarrollado no sólo no nos dará pistas de como mejorarla, sino que nos ha alejado de ese objetivo. Pensémoslo un segundo. ¿Qué es lo que se ha pretendido con la explotación de los materias primas energéticas? ¿Aumentar la TRE? No. Lo que se ha pretendido es aumentar la producción, es decir, la cantidad de energía neta producida por unidad de tiempo. El problema es que nuestro sistema económico, como ya hemos discutido, necesita crecimiento sin fin, y encima a un ritmo muy rápido. Con la gran potencia mecánica que nos han proporcionado los combustibles fósiles hemos tendido a hacer las cosas de manera más masiva y brutal, aún a costa de sacrificar la eficiencia relativa. Es decir, nuestros medios de extracción han tendido a desperdiciar una mayor fracción de energía, primando la rapidez con la que se extrae el recurso sobre la eficacia en su extracción; si el volumen total de energía producida crecía suficientemente rápido el perder una fracción mayor en producirla, es decir, reducir la TRE, no tiene ninguna importancia. Hasta que se llega al cenit de producción del recurso, claro está.

Veamos ahora algunos ejemplos de cómo se ha optado más por la fuerza bruta que por la mejora de la eficiencia en la extracción. En EE.UU. y en otros países existe una fuerte campaña en contra de la extracción mineral, particularmente de carbón, por desmontado de montañas (top removal). Como indica su nombre, esta técnica se base en el despiece de una montaña desde su cima, a base de dinamita y excavadora. El énfasis, como ya hemos dicho, se ponen en mantener un elevado nivel de producción, aunque es evidente que machacarlo todo, con gran consumo de energía, no es la manera más eficiente de extraer carbón. Aparte de la baja TRE, este tipo de explotación trae consigo una serie de externalidades bastante adversas (degradación del suelo y del hábitat, contaminación, etc). Para que se hagan una idea vean la siguiente imagen:




La extracción del gas no convencional es otro ejemplo de baja eficiencia extractiva, a pesar de ser lo más puntero en la industria hoy en día y que ha permitido dar alas a la industria creando una burbuja que está a punto de explotar con grave daño económico (léanse el post "¿Un mar de gas natural?", sobre todo los que creen en una nueva supremacía gasística en Argentina y ahora en España). Mediante la técnica conocida como fractura hidráulica (hydrofrac) se inyecta agua a presión para fracturar las láminas de pizarra en el subsuelo y así liberar las burbujitas de metano contenidas y extraer el gas. En el proceso se arruina el recurso (la pizarra una vez fracturada ya no se puede aprovechar, ni siquiera para extraer más gas), se contamina el acuífero y, en casos extremos, se produce ligera sismicidad por el deslizamiento de las placas de pizarra (como ha pasado en las recientes prospecciones en Blackpool, en el Reino Unido). De nuevo, es un método de fuerza bruta que obtiene su rendimiento de "tirar sobre todo lo que se mueve".

Pero ahora nos encontramos en una encrucijada histórica. Las fuentes no renovables de energía, a pesar de los progresos hechos en su extracción, tienen producciones declinantes o a punto de declinar (recordemos: petróleo convencional desde 2005 y todos los líquidos a punto de declinar, si no lo está haciendo ya; gas a partir de 2025, antes incluso a escala regional; carbón posiblemente a partir de este año; y uranio en algún momento entre 2015 y 2035, aunque los estudios más recientes apuntan más hacia la parte baja de esa horquilla). Y el tipo de tecnología que hemos desarrollado para la explotación de los recursos no nos permite aumentar la TRE si no es a costa de disminuir la producción total. Es decir, que hagámoslo como lo hagamos la energía neta tiende a disminuir. Necesitaríamos ser capaces de desarrollar sistemas inteligentes capaces de arrancar los filones dispersos de una mina y seleccionar prácticamente grano a grano lo que es aprovechable y lo que no. Lo malo es que no tenemos esa capacidad tecnológica; los sistemas de reconocimiento de patrones en imagen más avanzados no permiten ni de lejos hacer esas tareas tan especializadas a gran velocidad y en entornos ruidosos y sucios como son las minas. Así que no parece que podamos mejorar la cantidad de energía neta yendo hacia adelante en el progreso tecnológico. Pero, ¿qué pasa si vamos hacia atrás? Fíjese el lector en qué necesitamos: un sistema inteligente, capaz de optimizar el consumo de energía siendo selectivo, adaptable a todo tipo de entornos... De hecho, ya tenemos ese sistema. Se llama ser humano.


No se escandalice el lector, porque ese retorno a los sistemas de explotación de minas del pasado hace tiempo que se está dando, y para mayor agravamiento con un considerable deterioro de las condiciones de vida de los mineros (puesto que la toma de medidas de seguridad también cuesta energía, lo cual se traduce en dinero, que es lo que el propietario de la mina mira). Y no estoy hablando de lugares remotos donde todos hemos oído que pasan todo tipo atrocidades (por ejemplo, las minas de coltan, oro y diamantes en Zaire). Pasaba por ejemplo en mi León natal hace ya casi dos décadas, cuando la cuenca minera se llenó de caboverdianos que venían a trabajar, en condiciones no siempre óptimas, en las minas de carbón; allí, las grandes explotaciones de otrora dieron paso con los años a pequeñas explotaciones casi familiares que explotaban filones marginales, arrancando el negro carbón casi con los dientes por sueldos que desde luego no eran los de otras épocas. Y estoy seguro que si los lectores tienen familia o amigos que trabajan o han trabajado en las minas de las diversas materias primas podrá constatar que en la mayoría de las regiones de este ancho planeta -casi todas salvo las que tienen la suerte de contar aún con filones ricos- las condiciones de vida en la mina, nunca muy gratas, se han ido degradando.


Con el uso masivo de seres humanos en las minas se puede mejorar sensiblemente la TRE manteniendo un nivel relativamente elevado de producción. Sin embargo, en muchos casos a pesar de la introducción de muchos humanos no se puede conseguir mantener la producción total al mismo nivel, y entonces el recurso para mantener la producción de energía neta es aumentar la TRE a base de disminuir el consumo energético de cada unidad humana. Es decir, reducir a los mineros a condiciones de práctica esclavitud.

Este problema, el de la explotación de seres humanos para mejorar la TRE de nuestras fuentes de energía, no afecta exclusivamente a las fuentes de energía no renovable. Nuestros sistemas de producción de energía renovable más avanzados requieren de materiales raros y exóticos - neodimio en el caso de los aerogeneradores de más altas prestaciones, telurio en el caso de las células fotovoltaicas más avanzadas - cuya explotación es de naturaleza no económica, como ya discutimos en su día en el post  "La guerra de las tierras raras". Allá explicábamos que en este momento China ha llegado a controlar más del 97% de la producción y refinado de esas materias primas, elementos químicos mayoritariamente de número atómico elevado y que se encuentran en el planeta Tierra en forma dispersa y sólo pueden ser explotados como subproducto de la extracción de otro mineral principal, como el hierro o el aluminio. Aún así, estas tierras raras no resultan económicas con nuestras técnicas industriales occidentales, ya que con nuestros métodos de explotación serían excesivamente caras. ¿Por qué China ha conseguido producir ese 97% de tierras raras? Porque utiliza otros medios de explotación menos occidentales en su propio país y en las minas que explota en otros lugares, principalmente en África aunque también tiene algunas explotaciones importantes en Sudamérica y próximamente incluso en Canadá y los EE.UU. De las quejas de algunos mineros chilenos sabemos que los métodos chinos no se distinguen precisamente por su buen trato hacia sus trabajadores; pero es que la única manera de que tengan precios competitivos su aerogenerador, su placa fotovoltaica de última generación, su Toyota Prius tan poco contaminente, su iPhone, su iPad, etc es que algunas decenas de miles de personas sean esclavizadas y arriesguen su salud.

El problema de la tendencia a la esclavitud y sacrificio de seres humanos no es, por supuesto, privativo de las fuentes de energía que he mencionado, sino de todas ellas explotadas en un marco de sociedad industrial orientada al consumo masivo. Pondré un par de ejemplos más: hace años, cuando se construían los primeros pantanos que hubo en España se utilizaba una mano de obra masiva, en ocasiones forzados "prisioneros de guerra", muchos de los cuales no volvieron nunca a casa (o a la prisión) por los frecuentes accidentes. En el caso de la energía nuclear, al principio del accidente de Fukushima acaecido en Japón en Marzo de este año se llamó a trabajadores de cierta edad, ya retirados, para trabajar en las primeras y más críticas horas, en un movimiento que recordó a los infortunados "liquidadores" de Chernóbil. En suma, cuando se atascan los engranajes del gigantismo de la sociedad industrial la grasa que los lubrica para ponerlos de nuevo en marcha está hecha de seres humanos machacados.


¿Pasará algo así en Occidente? Yo estoy persuadido de que sí, sobre todo después de ver lo que pasa con las minas de carbón en mi provincia natal. Cuando el hambre o la necesidad aprietan uno se ve obligado a hacer lo que sea. La cuestión al final es que podremos ganar TRE, sí, pero a qué precio: al precio de que cada vez menos personas se puedan beneficiar del acceso a la energía abundante y de calidad. Y entonces cabría preguntarse si este "progreso" merecía la pena.


Salu2,

AMT

viernes, 21 de octubre de 2011

Quememos la Tierra


Queridos lectores,

El miércoles tuve una nueva charla, esta vez en el contexto de un debate sobre la crisis energética y el cambio climático organizado por la Coordinadora para la Salvaguarda del Montseny con motivo de su vigésimo quinto aniversario. Tuve la suerte y el honor de compartir la mesa con Sergi Saladié, de la Universitat Rovira i Virgili, y con Salvador Pueyo, del Instituto Catalán de Ciencias del Clima. El acto consistió en tres presentaciones de los tres ponentes, y después una ronda larga de preguntas de los asistentes y su ulterior discusión. Yo presenté un análisis rápido del estado de las diversas fuentes de energía y su interacción con la crisis económica y financiera; rápido, pero me extendí bastante más de los 25 minutos previstos. Sergi Saladié presentó un muy interesante, y también compacto, estudio sobre todas las incoherencias del sistema eléctrico español (y fue mucho más respetuoso con los límites de tiempo). Finalmente, Salvador Pueyo hizo una original presentación sobre la importancia del cambio climático incluso en una escenario de Peak Oil. La verdad es que no me lo esperaba, sobre todo por las muchas referencias que hizo a que un escenario de agotamiento de los combustibles fósiles no mermaba en absoluto la gravedad del cambio climático. Salva y yo nos conocemos desde hace ya algún tiempo y por supuesto sabía de qué iba a hablar yo; por otro lado, Salva ha participado en diversas actividades vinculadas al peak oil y al decrecentismo y conoce perfectamente la realidad y gravedad de la amenaza que supone La Gran Escasez. Sin embargo, tengo la impresión de que la realidad cada vez más palpable de la escasez energética le hizo ver como necesario defender la importancia del trabajo que desarrollan en su instituto (y que, por cierto, también es una actividad importante en el mío).


La cuestión no es menor. Es conocido que los escenarios de referencia del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) se basan en un aumento de las emisiones de CO2 siguiendo escenarios en los que se consume tanto combustible fósil como es requerido por la demanda, pero sabemos que eso simplemente no es posible, ya que todos los combustibles fósiles están muy cerca de su máxima producción, si no la han pasado ya. Desde hace algún tiempo el presidente de ASPO Internacional Kjell Aleklett critica la falta de realismo de los escenarios de emisiones del IPCC, y no le falta razón. ¿Quiere decir eso que el cambio climático es un problema del que ya no hace falta preocuparse? Pues no; en realidad, todo lo contrario.


Es completamente cierto que para tener una idea más clara de a qué riesgos nos enfrentamos el informe del IPCC debería hacer sus previsiones contemplando el decaimiento previsible de las emisiones de CO2. Recordemos, empero, que el IPCC no hace sus propios estudios, sino que compila el conocimiento científico según los estudios más recientes, más al día (aunque el IPCC sí que da recomendaciones sobre qué escenarios son representativos); por tanto, para que el informe del IPCC puede contemplar el efecto de la caída de emisiones este escenario tiene que ser un lugar común conocido por los climatólogos que las emisiones inexorablemente decaerán. Si ya sabemos qué problemas tenemos para hacer entender el Oil Crash a los ciudadanos y más específicamente a los científicos entenderemos que no vamos a llegar a ese punto de concienciación de manera rápida. Por otro lado, los escenarios de emisión necesitan un modelo económico detrás, el cual será mucho más complejo que lo que se suele tomar habitualmente, como ya hemos comentado en otras ocasiones; y eso enfrenta a los climatólogos con una complejidad que les es completamente ajena y que se les hace más difícil de integrar. Por tanto, los escenarios del IPCC todavía durante mucho tiempo no tendrán en cuenta, o lo harán de forma muy pobre, el declive energético. A pesar de esta limitación que nos acompañará durante algún tiempo sí que podemos conocer algunas de las cosas que nos cabe esperar de la evolución del clima.

En primer lugar, se ha de tener en cuenta el riesgo que supone ciertos efectos no lineales que pueden estar desencadenándose ya. Por ejemplo, la liberación de metano (un gas de efecto invernadero más potente que el CO2) por la fusión del permafrost en la tundra siberia y la inestabilización de los caltratos o hidratos de gas (de metano) en algunos fondos marinos - efectos ambos consecuencia del calentamiento de estos entornos. La liberación de estas grandes masas de metano acentuarían el efecto invernadero de una manera más rápida y potente que las meras emisiones de CO2, y nos recuerdan la urgencia de intentar reducir las mismas. Otro efecto no lineal que inevitablemente se desencadenará cuando no nos quede más remedio que quemar menos combustibles fósiles es que la atmósfera se volverá más transparente al estar más limpia y sentiremos con mayor fuerza el efecto invernadero a nivel de la superficie; es el problema de la debilitación del dimming o apantallamiento (si quieren saber más sobre este tema, tienen aquí una excelente referencia). Y a éstos y otros efectos no lineales conocidos tendríamos que añadirles otros desconocidos, todo lo cual, en estricta aplicación del principio de precaución nos debería llevar a profundizar en las políticas de reducción de emisiones de CO2. Por tanto, no hay demasiado margen para la confianza por aquí.


Aparte está mi convencimiento personal, como ya expresé en el acto del miércoles, que en tanto no cambiemos el sistema económico y llevemos la lógica del actual hasta sus últimas consecuencias tenderemos a quemar todo lo quemable simplemente para mantener la maquinaria industrial en marcha, simplemente para producir hasta el último iPad. En particular, es bastante evidente que países como España aspiran a usar sus reservas de carbón, única fuente fósil autóctona, para compensar la caída que llega; pero el carbón produce mucho más CO2 a igualdad de energía producida en la combustión, con lo que el declive de emisiones será más lento que el de la energía. Encima, recuperaremos el carbón vegetal como se usó históricamente, lo cual, si no se gestiona correctamente, puede llevar a arrasar una parte importante de la cubierta vegetal terrestre, la cual actúa como un sumidero de CO2 y retiene una parte substancial de este gas fuera de la atmósfera... hasta que quememos los árboles que contenían esos átomos de carbono. Y, desgraciadamente, éste es previsiblemente el camino que seguiremos.  


¿Qué conclusión debemos extraer de lo que acabamos de discutir? Que la lucha contra el cambio climático no puede esperar y que no es negociable.


Y sin embargo leía hoy en el blog Oil Man de Le Monde que la Unión Europea se está empezando a plantear si merece la pena continuar con la lucha contra el cambio climático si es la única región a hacerlo (pueden acceder al documento original de la Comisión por cortesía de Oil Man siguiendo este enlace; ver página 9). Planea sobre esta decisión a tomar la certeza de que la lucha contra el cambio climático supone un encarecimiento de los costes industriales y al final una pérdida de competitividad económica. Con la nueva recesión sobre nosotros, la última cosa que puede pretender nuestros líderes es agravarla estableciendo nuevas obligaciones para nuestro tejido productivo. Encima, coincide este debate con la presidencia polaca de la UE; es importante destacar que Polonia genera el 95% de su electricidad quemando carbón, el combustible que más CO2 genera por unidad de energía producida. En suma, que lo del cambio climático, tal y como lo ven nuestros líderes, es algo muy bonito pero poco práctico y se ha de supeditar a la recuperación imposible, a la quimera del crecimiento económico. Y si en el camino tenemos que quemar todo el planeta, lo haremos. Eso es lo que vamos a hacer si no paramos esta locura: quemar hasta la última molécula quemable de este planeta, como si fuera el tren de los hermanos Marx. Coja su antorcha. Abrasemos este planeta. Quememos la Tierra.





Salu2,
AMT

P. Data: Desde InspirAction me acaban de pedir justo hoy que dé publicidad al siguiente mensaje, cosa que seguidamente hago al ser relevante al post de hoy:


Con su “Menú para Durban” InspirAction lo deja claro: es hora de hacer frente al cambio climático. Porque si sigue avanzando, el menor de nuestros problemas será alimentarnos de insectos.

Paella de hormigas, sushi de saltamontes… ¿Tendremos que acostumbrarnos? En InspirAction creemos que los primeros que deberían probar ese menú son los líderes que tomarán decisiones en Durban. Tal vez así sean más conscientes del riesgo que corremos si no hacemos frente con determinación al cambio climático. Firma ahora la petición on line de InspirAction, y hazles saber que no estamos dispuestos a acostumbrarnos a ese menú. Deben actuar ya.

 Tras los escasos resultados de las últimas cumbres climáticas, la esperanza de romper el estancamiento mundial descansa ahora en las iniciativas de la Unión Europea, indica la ONGD InspirAction. "Quedan menos de 50 días antes de abrir de nuevo el proceso de negociación en Durban (Sudáfrica). Seguimos sin avances significativos, así que sólo nos queda instar a la Unión Europea a utilizar su poder para impulsar un mayor apoyo internacional para conseguir un segundo período del Protocolo de Kyoto, sin el cual el mundo quedaría avocado al caos climático, sin posibilidades de estabilizar y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero”, indican desde InspirAction.

 El protocolo de Kyoto encarna el principio de justicia climática, la idea de que los países industrializados que más han contribuido a crear el problema del cambio climático tienen  una mayor responsabilidad a la hora de reducir sus emisiones y ayudar a los países más pobres a hacerle frente. No podemos esperar más: es hora de que Europa lidere un paso adelante en la negociación climática, sin esperar a que EE.UU. lo haga. "Por desgracia, no podemos esperar más. El resto del mundo tiene que moverse, con o sin EE.UU. Es necesario que Europa lidere el camino”
 No todo es negativo: cada vez existe una mayor certeza entre la opinión pública de que es hora de actuar. Los resultados de la nueva encuesta del Eurobarómetro indican  que los europeos consideran que el cambio climático es el segundo problema más serio que enfrenta el mundo hoy en día. La pobreza, el hambre y la falta de agua potable fueron elegidos como el problema más grave por un 28 por ciento de los encuestados, mientras que el cambio climático ha sido seleccionada por el 20 por ciento, seguido por la crisis económica (16 por ciento) y el terrorismo internacional (11 por ciento). La encuesta también muestra que en la UE, la mayor parte de la población considera a los gobiernos nacionales responsables de la lucha contra el cambio climático (41 por ciento de los encuestados), seguidos por la propia Unión Europea (35 por ciento) y el comercio y la industria (35 por ciento).


"Esperamos que los ministros de medio ambiente europeos tomarán nota de la preocupación de los ciudadanos por el cambio climático, y decidirán por fin hacerle frente. Mientras los países más ricos del mundo no lleguen a un acuerdo internacional sobre el clima, las personas que viven en la pobreza seguirán sufriendo el impacto de los fenómenos climáticos extremos”, afirma Isabel Ortigosa, responsable de incidencia de InspirAction.






domingo, 16 de octubre de 2011

No toques el agua


Queridos lectores,

Tenía proyectado abordar por fin alguno de los análisis en profundidad que guardo en la recámara, pero la publicación de una noticia en La Vanguardia ha cambiado mis prioridades, dada la gravedad de lo que se anuncia y la profundidad de sus implicaciones. Según el diario de cabecera de la burguesía catalana, "El dinero para limpiar los ríos también se recorta". Leyendo semejante titular uno podría pensarse que, en medio de la crisis que comenzó siendo financiera para después convertirse en económica y acabar siendo ahora fiscal (y que posiblemente no ha dejado de ser nunca una crisis por los recursos), las autoridades han decidido dejar de dedicar tanto dinero a adecentar nuestras riberas y centrarse en cosas más importantes. Hay implícita una cierta idea de que cuidar del medio ambiente está bien, pero cuando las cosas se ponen serias nos tenemos que dejar de juegos de niños y centrarnos en lo que es verdaderamente importante; y bien, ya es agradable ver aguas límpidas con patitos nadando en su superficie, pero al fin al cabo, ¿quién no tiene un poco de tamo en casa porque no puede pasar la escoba tanto como le gustaría? En fin, que podemos vivir con un poco más de suciedad si no queda más remedio; lo que sea en el intento de volver por fin a la senda del crecimiento.

Pero la realidad no puede estar más lejos de lo que un titular así de sesgado podría sugerir. De lo que va la noticia es de los problemas financieros de la Agencia Catalana del Agua (ACA) que, como bien explica el diario barceloní, es la responsable de sanear los ríos y de crear las grandes infraestructuras de suministro en toda Cataluña. La ACA recibe una cantidad mínima de financiación de la Generalitat, proviniendo el grueso de sus ingresos del llamado canon que tienen que pagar tanto los particulares como las industrias. El problema de la ACA se arrastra desde hace tiempo y es bien conocido; sus problemas empezaron cuando España dejó de recibir fondos estructurales de la Unión Europea, y nunca ha habido la voluntad política de llevarla a una situación financiera sostenible.


Lo que es terrible de la noticia de La Vanguardia es que en un momento se afirma, textualmente,

"El nivel de deuda alcanzado puede hacerse insostenible el año próximo, lo cual "probablemente comportaría la interrupción de muchos servicios esenciales que presta o financia la Agència", dice el plan de acción para el 2012 aprobado la semana pasada en su consejo de administración. Esa interrupción podría incidir "de forma especial en el saneamiento de las aguas residuales" y crear una eventual situación que comportaría graves afecciones en los ríos y abastecimientos, "poniendo en riesgo la salud de la población", admite el documento,..."

Es decir, el problema que puede plantearse con la incapacidad de la ACA de hacer frente a sus pagos es que no se saneen adecuadamente las aguas residuales. No estamos hablando, por tanto, de un problema estético o de uno meramente medioambiental (que ya sería grave), sino de uno de salud pública. Es importante destacar que una parte importante de los pueblos de Cataluña toman directamente el agua de sus ríos, lo cual implica que el agua debe ser apropiadamente potabilizada y las aguas residuales saneadas para evitar que se propaguen como la pólvora enfermedades transmitidas por el agua, típicamente fiebres diarreicas y similares. A pesar de los registros históricos, poca gente tiene presente las sucesivas y mortíferas olas de fiebres diarreicas que asolaron Europa especialmente durante el siglo XIX, y particularmente el cólera, que se estima que mató a decenas de millones de personas durante ese siglo. Con el mayor hacinamiento y cantidad de la población actual, un pequeño brote puede sufrir un rápido efecto multiplicador y causar no ya una gran morbilidad, sino también una mortalidad bastante elevada (a pesar de los antibióticos, que son muy eficaces tratando estas afecciones). ¿Es esto lo que queremos? ¿Es para esto para los que nos preparan con estas noticias? ¿Para que aceptemos que, debido a los recortes, posiblemente la gente tendrá que morirse de enfermedades fácilmente evitables, que pensábamos ya olvidadas en Occidente? ¿Estamos así de desequilibrados, de alienados, que estamos dispuestos a aceptar semejante barbaridad para intentar conseguir volver a la senda del ya imposible crecimiento económico?


En realidad la noticia no es tal. Los problemas de financiación de la ACA son conocidos desde hace años, pero no ha habido la voluntad política de subir los cánones de manera que las cuentas volvieran a cuadrar. En realidad, podríamos decir que, dado lo clamoroso de los números de la deuda (deuda acumulada de 1.450 millones de euros, con un déficit anual de unos 100 millones) ha habido una voluntad de todo lo contrario: de ir destruyendo económicamente la viabilidad de la ACA hasta ponerla de rodillas. La Agencia debería haber subido el canon para ajustarlo a sus costes reales y hacer cuadrar las cuentas, pero eso tiene un coste político y los responsables no lo han permitido; así que al final han abocada la ACA a su desaparición. Se diría que se está buscando forzar la privatización de la ACA vía la liquidación de sus activos en un proceso de bancarrota. No sé si ésta ha sido la intención, peor desde luego sí que sería el final lógico de esta situación. El problema es que este planteamiento tendría sentido si no fuera por esta crisis económica que hace poco atractiva esta inversión; como además, la crisis no acabará nunca la posibilidad de meterse en el negocio del saneamiento de agua se va haciendo cada vez menos atractiva. Y si no surge un caballero blanco al rescate, ¿qué pasará al final con el saneamiento y tratamiento del agua?


La última parte de este psicodrama la forman los proveedores de la ACA, los que se encargan del saneamiento, que en muchos casos son los propios ayuntamientos. Es bien conocido que muchos Ayuntamientos españoles, y particularmente los catalanes, están a punto de quebrar (se estima que más de un 15% podrían presentar suspensión de pagos estas Navidades), por razones diferentes de las que se exponen en este post y que tienen más que ver con la financiación a través de las plusvalías del suelo, ahora esfumadas. Así que este estrangulamiento adicional de la ACA favorece que los Ayuntamientos, atosigados por sus deudas, descuiden sus obligaciones, y particularmente aquellas en las que para variar ellos son los acreedores y no los morosos. Aquí tendremos que ver si los alcaldes tienen el suficiente sentido común para saber lo que hay en juego.


Suelo comentar, en las charlas sobre el Oil Crash, que el agua es uno de los aspectos críticos en medio del posible colapso de la sociedad para evitar la propagación de enfermedades evitables. En la actual situación de degradación económica es más que probable que el servicio de aguas, al igual que el de las basuras -también bastante crítico para garantizar la salubridad de las ciudades- acaben privatizados de facto y que sólo quienes se lo puedan permitir tengan acceso a un servicio con las suficientes garantías. De nosotros depende no permitir esto. En algún momento debemos plantarnos y decir "basta".

Salu2,
AMT

lunes, 10 de octubre de 2011

La barrera de Hubbert: revisitando la paradoja de Fermi

Queridos lectores,

Esta semana contamos con un post invitado: la traducción autorizada de un interesante artículo recientemente publicado por Ugo Bardi en un su blog Cassandra's Legacy. Les dejo con el profesor Bardi.



La nave espacial "Orion" se propulsa con la detonación de bombas nucleares. Fue un concepto propuesto en los años 50 como una manera de alcanzar los planetas del sistema solar en cuestión de días y otras estrellas en unos pocos años. Estas naves son posibles teóricamente pero, con la cantidad de energía que podemos manejar hoy en día es difícil creer que pudiéramos reunir suficientes recursos para construir una flota de naves interestelares. Por el contrario, podríamos perfectamente estar deslizándonos ya por el otro lado de la curva de Hubbert y quizá tendríamos que renunciar a todos los sueños de exploración espacial. ¿Podría una civilización extraterrestre hacerlo mejor con nosotros? Quizás no. Es posible que cualquier civilización industrial basada en recursos no renovables tuviera que enfrentarse con el mismo problemas al que nos estamos enfrentando nosotros: el colapso generado por el agotamiento de recursos. Podríamos denominarlo la "barrera de Hubbert".


Cuando empecé a leer libros de astronomía, en los años 70, nadie sabía si existían planetas alrededor de otras estrellas, y la opinión más común es que eran muy raros. Por supuesto, esto contrastaba con la temática habitual de la ciencia ficción de aquella época, de la cual también era un ávido lector. La idea de que los sistemas planetarios eran comunes en la galaxia era mucho más fascinante que la idea "oficial" pero, en aquel tiempo, parecía pura fantasía. Pero resulta que la ciencia ficción tenía completamente la razón, al menos en este punto. Estamos descubriendo cientos de planetas orbitando alrededor de las estrellas y las últimas noticias son que
una de cada tres estrellas de tipo sol podría tener un planeta como la Tierra en la zona habitable. ¡Fantástico!
Las medidas que nos indican la existencia de planetas extra-solares no pueden decirnos nada sobre civilizaciones extra-solares, otro tema típico de la ciencia ficción. Pero, si los planetas del tipo Tierra son frecuentes en la galaxia, entonces la vida orgánica basada en el carbono debería ser también frecuente. Y si la vida es habitual, la vida inteligente no debería ser tan rara. Y si la vida inteligente no es inhabitual, entonces deberían existir civilizaciones alienígenas ahí fuera. Con 100.000 millones de estrellas en nuestra galaxia, podríamos pensar que en este punto la ciencia ficción podría tener razón también. ¿Podría ser que la galaxia estuviera poblada con civilizaciones alienígenas?
Aquí, sin embargo, tenemos un problema bien conocido llamado la "Paradoja de Fermi". Si todas esas civilizaciones existen, ¿no podrían desarrollar el viaje interestelar? Y, en ese caso, si hay tantas, ¿por qué no están aquí? Por supuesto, como todos sabemos la velocidad de la luz es una barrera infranqueable. Pero, incluso a velocidades menores que las de la luz, nada físico impide que una nave espacial pueda cruzar la galaxia de una punta a la otra en un millón de años o quizá en menos tiempo. Ya que nuestra galaxia tiene más de 10.000 millones de años de antigüedad, alienígenas inteligentes habrían tenido mucho tiempo para explorar y colonizar cada estrella de la galaxia, saltando de una en otra. Pero no vemos alienígenas por aquí y ésta es la paradoja. La consecuencia parece ser que somos los únicos seres conscientes de la galaxia, quizá de todo el universo. Así, volvemos a los viejos modelos del sistema solar que nos decían que somos excepcionales. Entonces era  porque nos decían que los planetas son raros, y ahora porque quizá las civilizaciones son raras. Pero, ¿por qué?
En este punto deberíamos echar un nuevo vistazo a algunas de las hipótesis implícitas en la paradoja de Fermi. La más básica es que existen civilizaciones inteligentes, por supuesto, pero hay otra que dice que las civilizaciones se mueven sobre una línea de expasión progresiva que las lleva hacia el control de cantidades cada vez mayores de energía. Si uno se para a pensar sobre eso, esta hipótesis es el típico resultado de la manera de pensar en los años 50, cuando la "era atómica" acababa de empezar y la gente veía como una cosa obvia que saltaríamos de una fuente de energía a otra. Abandonaríamos los combustibles fósiles para ir a la fisión nuclear. De aquí, nos iríamos a la energía de fusión nuclear, y de ahí a vete a saber qué. Esta progresión es fundamental para que la paradoja de Fermi tenga sentido: por supuesto que se necesita un montón de energía para embarcarse en una tarea tan titánica como la exploración y colonización interestelar. Una estimación de la mínima potencia requerida es de alrededor de 1000 teravatios (TW). Esa cifra es sólo una especulación, pero tiene cierta lógica. La potencia total consumida hoy en día en nuestro planeta es del orden de 15 TW, y lo máximo que podemos hacer es explorar los planetas de nuestro sistema, y eso sólo de manera bastante esporádica.
Así pues, la paradoja de Fermi requiere que cualquier civilización alienígena siga más o menos la misma ruta que se veía delante de nosotros en los años 50. Los extraterrestres empezarían con combustibles fósiles, y después de moverían a diversas formas de energía nuclear. Hasta cierto punto, no es un mal modelo. Es probable que los planetas extrasolares de tipo Tierra o super-Tierra tengan una tectónica de placas activa y, si desarrollan la vida, esto llevaría a la formación de combustibles fósiles como resultado de la sedimentación y enterramiento de materia orgánica. Por tanto, podríamos suponer que los alienígenas inteligentes procederían de acuerdo con principios económicos semejantes a los que gobiernan nuestro propio comportamiento, esto es, tenderían a usar los recursos con mayor contenido energético y por tanto usarían los combustibles fósiles como iniciadores de sus civilizaciones industriales.
Los combustibles fósiles, sin embargo, son una fuente de energía demasiado débil y demasiado contaminante para usarlos en el viaje interestelar. Un planeta extrasolar podría estar mejor provisto que el nuestro, pero eso no ayudaría gran cosa. Los límites de nuestros alienígenas serían los mismos que los nuestros: o el agotamiento de los recursos o la saturación de su atmósfera con gases de efecto invernadero (o quizá ambas cosas). Pero el límite  de los combustibles fósiles es más sutil que eso y está relacionado con el modelo de Hubbert que nos dice que el patrón de producción de energía de un recurso no renovable es altamente no lineal y sigue una curva con forma de campana.

El modelo se basa en el concepto de que la producción de energía depende de la cantidad de energía neta del recurso (medida por la Tasa de Retorno Energética, TRE). Cuanto más alta es la TRE más rápido se explota el recurso. Como los mejores recursos (aquéllos con más alta TRE) se explotan primero, la TRE decae con el tiempo y eventualmente afecta a nuestra capacidad para extraer más recursos. La producción alcanza un máximo, un pico, y luego decae. El resultado es la típica curva en forma de campana de Hubbert. Si, adicionalmente, el recurso explotado produce una contaminación significativa, el declive será habitualmente más rápido que el crecimiento, por lo que la curva será asimétrica y más abrupta por la derecha (esto es lo que yo he denominado el "efecto Séneca"). La curva es de aplicación general para todos los recursos no renovables, aunque se aplica habitualmente para los combustibles fósiles.


Tim O'Reilly
fue probablemente el primero en hacer notar, en 2008, que la curva de Hubbert podría tener importancia para explicar la paradoja de Fermi. Debido a la no linealidad de la curva, independientemente de los recursos empleados, una civilización literalmente explotaría y después se hundiría, siendo capaz de mantener el más alto nivel de producción energética sólo durante un corto período de tiempo. Este fenómeno, al que podríamos llamar "la barrera de Hubbert", podría ser muy general y hacer que las civilizaciones industriales de la galaxia sean de vida muy corta. El declive asociado con el agotamiento de los recursos y con la contaminación podrían llevar rápidamente una civilización a la edad de piedra, desde la cual no sería capaz nunca más de una tecnología sofisticada. Eso es una barrera especialmente difícil de remontar si se produce un comportamiento tipo Séneca (que quizá podríamos denominar "la barrera de Séneca"). En cualquier caso, este efecto limita fuertemente el tiempo de vida de una civilización.

Fíjense cómo de diferente es este modelo de la visión que se tenían en los años 50. En los años 50 creíamos en la expansión continua de la producción de energía, y saltar de una fuente a otra se veía como un proceso suave. Pero el modelo de Hubbert nos dice que pasar a una nueva fuente de energía es, al contrario, sobrepasar una barrera dramática, lance en el que el éxito no está ni mucho menos garantizado. Puede perfectamente que nosotros ya hayamos fracasado en nuestro intento de saltar al "siguiente nivel", visto como la fisión nuclear. Con el declive de la energía fósil, puede ser ya demasiado tarde para reunir suficientes recursos para invertirlos en energía nuclear. Algunos alienígenas inteligente podrían hacerlo mejor que nosotros a la hora de reunir esos recursos, pero la barrera de Hubbert continuaría siendo un grave problema. Uno de los problemas con la energía nuclear es que crea un tipo particularmente desastroso de contaminación: la guerra nuclear. La posibilidad de que las civilizaciones alienígenas se destruyan habitualmente a sí mismas cuando entran en la era atómica es algo que Isaac Asimov propuso en su cuento de 1957 "The Gentle Vultures." Pero, supongamos que no pasa. ¿Puede la energía de fisión nuclear producir suficiente energía como para viajar a la estrellas? Lo más probable es que no.

El uranio y el torio, elementos físiles, son bastante raros en el Universo. Por lo que sabemos, se acumulan en niveles que pueden proporcionar una buena TRE sólo en planetas de tipo Tierra con una tectónica de placas activa. En cuerpos como la Luna o los asteroides, el uranio 
se encuentra en cantidades extremadamente minúsculas, del orden de partes por mil millones, y eso hace la extracción del mismo una tarea imposible. Es bastante poco probable que un planeta alienígena rocoso pudiera tener mucho más uranio del que tenemos en el nuestro. Así pues, hagamos un cálculo rápido. Hoy en día la fisión nuclear genera una potencia de 0,3 TW en nuestro planeta. Dijimos que para expandirnos por nuestra galaxia necesitábamos una potencia del orden de 1.000 TW. Eso es un objetivo bastante distante para nosotros, teniendo en cuenta que, con los limitados recursos de uranio disponibles, no estamos ni siquiera seguros de poder mantener en marcha la flota actual de reactores nucleares durante los próximos años. Podríamos expandir esos recursos a los isótopos no fisionables del uranio y del torio si fuéramos capaces de desarrollar reactores regeneradores. En ese caso, una estimación optimista dice que los recursos de uranio mineral podrían durar durante "30.000 años al ritmo de consumo actual". Puede ser, pero si tuviéramos que alcanzar los 1,000 TW nos quedaríamos sin uranio en 10 años. Este número nos da una estimación grosera del período de tiempo en el que una civilización podría mantener una potencia lo suficientemente grande como para permitirse viajes interestelares: décadas o quizá siglos, pero no mucho más. Una tal civilización podría en principio generar un gran pico de energía pero luego tendría que declinar rápidamente a cero por falta de recursos de combustible. Es, de nuevo, la barrera de Hubbert en acción.

Y así llegamos a la fusión nuclear, la gran esperanza blanca de la Era Atómica. La fusión puede usar isótopos de hidrógeno y el hidrógeno es el material más abundante del Universo. La idea que era común en los años 50 es que con la fusión tendríamos que tener una cantidad de energía tan grande que sería "demasiado barata como para cobrarla", tan abundante que podríamos tener fines de semana en la luna para toda la familia. Bueno, parece que las cosas eran mucho más difíciles de lo que parecían. Tras algo más de 50 años de experimentación, nunca hemos sido capaces de lograr más energía de un proceso de fusión de la que habíamos usado para generarlo. Incluso las "bombas de fusión" (bombas H) son en realidad bombas de fisión mejoradas con fusión. Puede que haya algún truco que no somos capaces de identificar ahora mismo que nos permita conseguir que la energía de fusión funcione; o puede que simplemente seamos más tontos que la civilización galáctica promedio. Podríamos también defender el punto de vista, sin embargo, de que simplemente no hay manera de obtener energía de fusión con ganancia de energía fuera de las propias estrellas. Por supuesto, no podemos estar seguros, pero la paradoja de Fermi podría estar diciéndonos en realidad: "Mirad, la fusión nuclear controlada NO es posible".


Por supuesto que hay otras posibilidades que una civilización puede usar para desarrollar fuentes de energía muy poderosas. Por ejemplo, fíjense en los agujeros negros. Si puedes controlar un pequeño agujero negro, arrojar cualquier cosa dentro de él generará 
un montón de energía que podría ser usada para el viaje interestelar. Los agujeros negros son muy difíciles de controlar y una civilización que use esta tecnología tendría el problema de contaminación definitivo: la creación de un agujero negro tan grande que engulliría todo lo que hubiera a su alrededor, incluyendo la civilización que lo creó. En cualquier caso, incluso los agujeros negros están sometidos a la barrera de Hubbert, puesto que a medida que vas tirando materia en ellos te vas quedando gradualmente sin ella. Una civilización basada en agujeros negros explotaría muy rápidamente y luego desaparecería, dejando detás de sí nada más que agujeros negros.

Estamos claramente entrando en el terreno de la especulación, pero la cuestión que quería resaltar con este post es que el mecanismo de Hubbert genera una esperanza de vida corta para cualquier civilización basada en recursos no renovables. También genera problemas dramáticos cuando se ha de pasar de un recurso a otro. Si éste es un comportamiento general para las civilizaciones, entonces podría explicar la paradoja de Fermi. Los seres conscientes pueden ser frecuentes en nuestra galaxia, pero su existencia como sociedades industriales puede ser extremadamente breve. Por lo tanto, no deberíamos sorprendernos de que no nos encontremos naves especiales alienígenas por aquí. Quizá tendremos la suerte de recibir una señal de radio de una de esas civilizaciones, pero eso será como divisar otro barco cruzando el océano. Hay multitud de barcos cruzando el océano, pero si tomamos un momento y lugar concreto es poco probable que se vea ninguno por ahí.


Al final, la fuente de energía disponible para una civilización planetaria se limita a la que puede obtener de su sol. Lo que puede ser mucho: en la Tierra la cantidad total de energía que llega del Sol es de unos 100,000 TW; lo que puede aún aumentarse usando instalaciones en el espacio. Con eso, podría perfectamente ser posible llegar a los 1,000 TW que dijimos que eran necesarios para el viaje interestelar. Pero hemos llegado a un concepto complemente diferente del que es la base de la paradoja de Fermi: la idea, típica en los años 50, de que una civilización siempre se expande. Una civilización basada en una fuente inamovible de energía, una estrella, puede pensar y comportarse de un modo completamente diferente. Puede concentrarse en la explotación de la estrella (éste es el concepto de la "esfera de Dyson") más que en la exploración interestelar.


A medida que nos alejamos de las cosas que nos son familiares, nos encontramos en terreno desconocido. ¿Cómo se manifestaría una tal civilización de alta energía? ¿Qué es lo que hay en el Universo que podemos definir como "natural" como contrario a lo "artificial"? La única cosa que podemos decir es que las estrellas son unos dispositivos maravillosos: estables, potentes, fiables y de larga duración. Si no fueran naturales alguien debería haberlas inventado... Pero, por supuesto, son naturales... sí... creo que lo son....



Nota añadida después de la publicación: he descubierto que John Greer había tratado este tema de manera similar en 2007, (h/t Leanan)

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Impresionante post del profesor Bardi. Ya lo saben: quizá nuestro destino está efectivamente en las estrellas, pero no de la manera que la gente ha pensado habitualmente. En cuanto al viaje espacial...


Salu2,
AMT

martes, 4 de octubre de 2011

Fabricando la duda



Queridos lectores,

Las dos últimas semanas ha habido una actividad inusual en la blogsfera y en los dominios dedicados al Peak Oil en todo internet. La razón: la reciente publicación de un artículo de Daniel Yergin en The Wall Street Journal desmontando las tesis principales del Peak Oil: "There Will Be Oil"; así, sonando a mandamiento de la Ley de Dios. Algunos diarios económicos españoles se han hecho eco del artículo, por fin una autoridad reconocida (el presidente del IHS CERA, sí, ese IHS CERA que enlazo en la columna derecha bajo el epígrafe "La visión contraria") poniendo en duda el creciente pesimismo sobre el futuro de los recursos petrolíferos; tienen aquí un ejemplo, traduciendo el original hasta el título: "Habrá petróleo". Así de recio y de castizo;  sólo les falta añadir: "si no es por razones es por cojones", con perdón.

Delante del artículo han surgido como setas decenas, posiblemente centenares, de réplicas. Las hay de especialistas como la del geólogo Jean Laherrère (quien se toma la molestia de desmontar una a una todas las proposiciones de la supuesta abundancia petrolera), la del físico Kjel Aleklett, presidente de ASPO Internacional (quien discute las falacias lógicas del artículo de Yergin) o la de la analista Gail Tverberg (quien pone en evidencia algunas contradicciones del discurso del patrón de IHS CERA, como su evocación de la eficiencia en contra de la evidencia histórica). Según los intereses y conocimientos de los comentaristas, la discusión se centra en cómo Yergin hace un uso interesado de la historia para calificar indirectamente a los peakoilers de alarmistas, en aspectos técnicos de la interpretación económica del fenómeno del peak oil, la influencia del ritmo de descubrimiento de nuevo petróleo o la recurrente falacia de sacar a colación lo grandes que son las reservas cuando lo que está en cuestión es la producción. Unos pocos, dándose cuenta del absurdo de dar tanto pábulo a un mero artículo que, en realidad, es poco más que publicidad de su último libro, se hacen la reflexión: ¿quién teme a Daniel Yergin? Para mi gusto, quien da en el clavo es Kurt Cobb, quien con el título de su post lo dice todo: "Ignorando a Daniel Yergin". Lástima que al escribir su post falla automáticamente el objetivo de su título.

Ver toda esta polvareda me hizo recordar el incidente de hace unos meses, en Noviembre pasado, cuando unos hackers robaron cientos de miles de correos electrónicos de los servidores de la Universidad de East Anglia, y después se filtraron convenientemente dos mensajes en los que, cogiendo el rábano por las hojas, se podría llegar a intuir una mala praxis científica, y de ahí se pretendía hacer ver que toda la ciencia del cambio climático desarrollada en todos los centros de investigación de todo el mundo en realidad estaba mal o, peor aún, respondía a los espurios intereses de un malvado grupo de científicos con ansias de imponer una agenda de represión y desesperación - ya saben, el famoso Climagate, tal y como lo bautizó la prensa (qué habría sido de los redactores de periódico sin Nixon). El caso es que cientos de científicos se aprestaron a rechazar las acusaciones, razonando científicamente por qué sus cálculos estaban bien hechos; pero dado lo complejo de sus argumentos, en vez de disipar las dudas las acrecentaron en el público lego, que básicamente les veía a la defensiva. Esta estrategia es esencialmente errónea; como bien explicó un comentarista, la reacción de los científicos fue la equivalente a la de si delante de alguien que te dice que eres un bastardo vas y le enseñas tu partida de nacimiento. Evidentemente quedas como un pringado; peor aún, como resultado de tu actitud pedante la opinión pública puede aumentar su simpatía hacia el ofensor. Y es que esa batalla no era científica, sino de relaciones públicas dirigida a manipular la opinión pública, algo que los fabricantes de dudas conocen al dedillo y donde los especialistas siempre pierden pie. Y éste también es el caso respecto al artículo (y el libro) de Yergin.


Veamos el caso. ¿Cuáles son los hechos nuevos? Pues ninguno. Yergin desgrana sus argumentos usuales, los mismos de siempre. Como siempre, hace un discurso muy bien trabado en el que cada palabra está medida al milímetro, intentando dar a entender cosas sin decir mentiras. Comienza hablando de la producción de petróleo, aceptando a regañadientes que Hubbert tuvo la suerte de acertar la fecha del Peak Oil de los EE.UU. pero sin embargo cometió, en opinión de Yergin, un inmenso error, ya que este año la producción de petróleo es un 350% mayor que el valor que en 1972 estimaba para ahora. Como si lo importante fuese acertar exactamente y en todo momento la cifra de una producción cada vez menor; como si el modelo idealizado de Hubbert fuera la última palabra en descripción de la producción y  las consecuencias cualitativas (descenso irreversible de la producción) quedasen anuladas por el yerro cuantitativo (cuánto exactamente se está produciendo); y por supuesto saltándose a la torera el hecho Hubbert hablaba de petróleo crudo mientras que en la producción actual de los EE.UU. hay una gran cantidad de biocombustibles y otra pacotilla. De aquí salta a decir que Hubbert subestimó la cantidad de petróleo que se podría recuperar (es verdad; también subestimó el aumento del consumo y ambos efectos se compensan prácticamente), que la cantidad de recursos recuperables es una variable económica, depende del precio (lo cual es cierto, aunque el Sr. Yergin pasa por alto que la economía no se puede permitir cualquier precio; que el precio máximo es en realidad más bajo de lo que la gente se piensa porque si no la economía se gripa), que la recuperación mejorada (EOR) y la tecnología nos pueden permitir rebañar más aún los yacimientos (sin tener en cuenta que que la EOR ya se usa extensivamente y sólo contribuye marginalmente a aumentar la producción), etc, etc. Entre medias, hace una glosa de la figura histórica de Hubbert, al cual asocia con el movimiento de tendencia totalitaria conocido como Tecnocracia, lo cual es una forma sutil de intentar desautorizar a Hubbert como si él tuviese una agenda oculta para decir lo que dice; peor aún, al no hablar de nadie más que de Hubbert (poco le importan los Kenneth Deffeyes, Colin Campbell, Jean Laherrère, Kjell Aleklett y demás que han venido detrás) propaga implícitamente la acusación de tener una agenda oculta a cualquier seguidor del Peak Oil, rebajado por tanto a la categoría de teoría, por no decir secta. Poco importa que de los más de 30 países productores de petróleo que hay en el mundo sólo dos no han llegado aún (que se sepa) a su Peak Oil particular (Arabia Saudita y Kuwait): según Yergin, el Peak Oil es una teoría, si el precio es lo suficientemente alto sacaremos el petróleo de donde sea, y ya está.

El título en sí mismo ya es una coartada. Habrá petróleo, dice. Por supuesto que lo habrá: otra cosa será recuperarlo, y al ritmo que se necesita. Cuando se vea que la producción baja, siempre podrán decir: "Claro, es que no se ha invertido bastante"; o bien: "Es que la sociedad se ha vuelto más eficiente y ya no necesita tanto"; o incluso: "Es que con la crisis económica en la que nos hemos instalado el consumo ha caído", como si la crisis económica fuera un hecho desconectado. Y lo mejor es que el título ni siquiera es original (cosa que nadie parece haber notado).

Como digo, nada es nuevo en los argumentos: fíjense en este artículo de 2005 en The Washington Post. Las ideas centrales son las mismas; simplemente, hay más elaboración a medida que pasa el tiempo. ¿Qué ha cambiado, entonces, para que haya salido ahora este artículo? A mi modo de ver, esencialmente la profundización de la crisis, que hace que se dé más pábulo al Peak Oil. La gente empieza a ver que hay algo que no funciona, se siente estafada por los poderes tradicionales, y comienza a considerar el Peak Oil como una posibilidad bien real. Y por tanto hay que contraatacar. Porque conviene no olvidar quién es Daniel Yergin. Daniel Yergin es simplemente un relaciones públicas de la industria petrolera, un fabricante de dudas con la misión de minar la credibilidad de aquellos que puedan poner en riesgo el negocio de sus amos. Grábense ese acrónimo: FUD. Significa "Fear, Uncertainty, Doubt", o sea, "Miedo, Incertidumbre, Duda". Porque no estamos delante de un debate científico, basado en un contraste cabal y honesto de hechos contrastados, en el que las dos partes buscan simplemente entender mejor, no imponer su punto de vista. No. El Sr. Yergin, y esto conviene resaltarlo, no es un científico: su formación es en leyes y como periodista. Preside el IHS Cambrige Energy Research Associates (CERA), que es un think-tank financiado por la industria del petróleo, la función del cual es difundir las tesis y previsiones que más benefician a sus amos. Y no hay más. Los informes del IHS CERA son conocidos por su falta de rigor científico, nula explicación de los modelos de previsión usados, opacidad respecto a las fuentes de los datos, etc. A pesar de no tener méritos académicos suficientes para ser tomados como referencia, debido a sus vínculos con la industria IHS CERA, y por extensión Daniel Yergin, han salido frecuentemente propagando sus teorías en diarios generalistas de prestigio; y cuando ya lo han hecho suficientes veces ya no necesita justificarse, ya se le llama porque es una reconocida eminencia, simplemente porque ya es conocido y al haber salido en medios eminentes se le considera eminencia, independientemente de sus méritos académicos. Y así a este señor, que lo que sí que hace es escribir bien, planificando sus escritos como una delicada obra de ingeniería para no decir mentiras pero induciendo al error, se le pone no en pie de igualdad sino por encima de los verdaderos expertos: geólogos, físicos, economistas... Todo muy típico de los tiempos corruptos en los que vivimos. Y funciona bien: la semana pasada, en una discusión en Facebook, un conocido broker del sector energético blandió las tesis de Yergin, moteadas por él como "las de el mayor experto a nivel mundial" y un lector reciente de este blog, en vista de los argumentos, reconoció literalmente que había empezado a creer que el Peak Oil era un asunto serio, pero después de esos argumentos ya no sabía que pensar. La D de FUD: sembrar la duda. Además, Hubbert abrazó durante un tiempo una corriente filosófica que proponía la dictadura de los técnicos. La F de FUD: miedo. Por demás, las reservas siempre crecen, es cuestión de precio; y la tecnología nos permitirá salvar el foso hasta que lleguen -cuando sea necesario, dentro de un par de siglos- las tecnologías de reemplazamiento. La U de FUD: incertidumbre. Todo ello combinando letalmente para llamar a la inacción. "Tranquilos, pequeños, el problema es complejo, pero la gente que sabe ya se ocupa, volved a vuestros pequeños quehaceres y sobre todo consumid, consumid, malditos".

El Sr. Yergin es un creador de FUD; ése es su cargo y su misión. La industria petrolera se asustó al ver como después de las crisis de los 70 los Gobiernos occidentales (en Europa sobre todo) apostaron por racionalizar e intentar ser más eficiente, y tenía que contraatacar. El objetivo del IHS CERA es por tanto combatir los enemigos de sus amos, los cuales eran generalmente asociados con los ambientalistas y los ecologistas, a los cuales desde los 70 se les descalifica rápidamente al identificarlos con enemigos del progreso y se consigue que la sociedad los ignore. Sin embargo, lo que no estaba previsto es que geólogos de la propia industria, físicos, químicos, matemáticos e incluso algunos economistas empezaran a cuestionar, desde la propia ciencia, la validez de estos planteamientos. Por eso se ha hecho necesario crear una entidad diferente, con un carácter pseudo-científico, pero que obviamente no puede discutir de igual a igual porque no tiene argumentos. Eso no importa: FUD. No se trata de ganar la batalla, sólo de no perderla, de causar duda para generar inacción y que las cosas se queden como están.

¿Qué se puede hacer con Yergin (y con los que son como él a escala menor, que hay unos cuantos cerca)? Evidentemente, no caer en la trampa de ir a foros con tiempo taxado donde lo que se busca el efectismo y donde un razonamiento complejo no es entendido por la audiencia, y donde un simple dato contundente es rápidamente contrarrestado por otro de signo contrario, aunque sea falso. En caso de ser necesario, se puede sacar a colación que IHS CERA no es una referencia fiable en nada, que sus previsiones son desastrosas y no a 40 años vista como las de Hubbert, sino de un año para otro. Hay una web que hace una buena glosa de todos los resbalones de Yergin (hasta 2008): "El triste registro de Daniel Yergin y Cambridge Energy Research Associates", del cual he sacado la siguiente muy significativa gráfica:




Yo, sin embargo, creo que lo mejor es no hacerle mucho caso ya. Porque en realidad Daniel Yergin es un muerto viviente. En esta época las petroleras están empezando a  reconocer que hay un problema con el petróleo y que puede haber caída del suministro; la última, Shell, que por boca de su Consejero Delegado ha reconocido que se necesita poner el producción el equivalente a 4 Arabias Sauditas - unos 40 Mb/d, poco menos de la mitad de la producción mundial actual- de aquí a 2020 solamente para compensar la caída de los campos actualmente en producción (lo cual, por cierto, es imposible de cubrir completamente, con lo que Shell está reconociendo implícitamente que habrá una caída significativa del suministro de petróleo en los próximos años). Por tanto, ya no tiene sentido tener a matones como Yergin para que siembren duda y confusión, intentando convencer a la opinión pública de que siempre tendrán tanto petróleo como quieran y que los alarmistas vienen dando la vara desde 1880 en Pensilvania, pero siempre se equivocan. Justamente, lo que les interesa ahora a las petroleras es no ser percibidas como otros estafadores más, como se ven actualmente a los bancos o las agencias de rating; por eso están empezando a reconocer la verdad, para que cuando mañana falte petróleo no se les acuse de acapararlo para aumentar sus beneficios. Y aunque la inercia es grande y los cambios no se operan de la noche a la mañana, es evidente que en algún momento los patrones del lobby petrolero entenderán que Yergin les molesta más que les ayuda. Así pues, ¿qué sentido tiene combatir a Yergin? Está de pie, pero ya está muerto. Yo personalmente no pienso volver a hablar de él; los lectores me han insistido mucho sobre su artículo y su traducción en Expansión, y por eso, y por esta única vez, he querido dejar clara mi posición. Total, los argumentos de Yergin no van a cambiar, porque no hay hechos nuevos, sólo la continua siembra de la duda y la cizaña. Otra distracción más que nos aparta del camino a recorrer hacia la transición necesaria.

Salu2,
AMT